El alma inteligente del hombre.



– El más noble de los seres vivientes de este mundo sensible es el hombre.

Él posee la vida vegetativa: como las plantas, se nutre, crece y se sobrevive en sus hijos.
Posee la vida sensitiva: como los animales, siente, se mueve de un lugar a otro y elige lo que le conviene.

Pero, además, posee la vida intelectiva, que establece una distancia casi infinita entre el hombre y los seres inferiores. En el hombre no hay más que un solo y único principio de vida: el alma inteligente; es el mismo ser que vive, que siente, que piensa, que obra libremente. La unidad del hombre es un hecho más íntimo y más profundo que la conciencia. Aquí, como siempre, la razón y la fe marchan de perfecto acuerdo.

El alma humana contiene de una manera superior las fuerzas del principio vital y del alma sensitiva, al modo que una moneda de gran valor contiene en sí muchas otras de menor valor. Ella produce, con relación al cuerpo y de una manera mucho más perfecta, todo lo que los principios inferiores producen en las plantas y el los animales; y por añadidura ejerce en sí misma y por sí misma los actos de la vida intelectiva. Esta vida intelectiva se manifiesta también por tres actos, los que son eminentemente superiores a los otros:

1º El acto de pensar, de formar ideas;
2º El acto de raciocinar, de inventar, de progresar;
3º El acto de querer libremente.

Una ligera explicación sobre cada uno de estos actos nos va a mostrar la diferencia esencial que existe entre el hombre y el bruto

1º El hombre piensa, abstrae, saca de las imágenes materiales suministradas por los sentidos, el universal, es decir, ideas universales, generales, absolutas; concibe las verdades intelectuales, eternas. Conoce cosas que no perciben los sentidos, objetos puramente espirituales, como lo verdadero, lo bueno, lo bello, lo justo, lo injusto. Sabe distinguir las causas y sus efectos, las substancias y los accidentes, etc. No pasa lo mismo con el animal. Indudablemente el animal ve, oye y sabe hallar su camino, reconocer a su amo, recordar que una cosa le hizo daño, etc. Pero el conocimiento del animal está limitado a las cosas sensibles, a los objetos particulares. No tiene ideas generales, no conoce sino aquello que cae bajo sus sentidos, lo concreto, lo particular, lo material: ve, por ejemplo, tal árbol, tal flor, pero no puede elevarse a la idea general de un árbol, de una flor; así, el perro se calienta con el placer al amor de la lumbre, pero no tendrá jamás la idea de encender el fuego ni aun la de aproximarle combustible para que no se extinga

El Concilio de Viena, de 1311, definió que el alma era la forma substancial del cuerpo. En cuanto forma substancial, el alma humana se hace su cuerpo transformado en carne humana los elementos materiales y comunicándoles la vida vegetativa, la vida sensitiva y la vida del hombre.

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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