Bautismo y pecado

En el bautizado permanecen ciertas consecuencias temporales del pecado, como los sufrimientos, la enfermedad, la muerte o las fragilidades inherentes a la vida como las debilidades de carácter, etc., así como una inclinación al pecado que la Tradición llama concupiscencia, o metafóricamente fomes peccati: «La concupiscencia, dejada para el combate, no puede dañar a los que no la consienten y la resisten con coraje por la gracia de Jesucristo. Antes bien «el que legítimamente luchare, será coronado» (2 Tm 2,5)» (Concilio de Trento: DS 1515).

Pecado y bautizo

Oración

Ponemos nuestra gloria y confianza en Dios gracias a nuestro Señor Jesucristo. Por cuyo medio hemos obtenido ahora la reconciliación. Aleluya

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra —dice el Señor—,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Jn 15, 9-17.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Lectura del santo evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».

Palabra del Señor

Aumentar la fe, que no se tiene

Desde luego que este título…, parece que implica un contra sentido, porque muchos de los que lo lean, pensarán con todo el sentido común del mundo, que: ¿Cómo se puede aumentar aquello de lo que uno no dispone? Pues sí, en principio lleva razón el que así piense, pero es el caso de que a esta pregunta se puede responder con otra pregunta: ¿Dónde están, esos que no tienen fe y que nunca la han tenido? Para comprender bien la argumentación del contenido de esta glosa, hemos de partir de un correcto conocimiento del valor y el sentido de los términos a utilizar y el correcto conocimiento de la persona humana y de su correspondiente alma.

Equivocadamente la mente humana, totalmente materializada en sus conclusiones, entiende que no existe nada más que aquello que los sentidos materiales de su cuerpo le dan fe de su existencia, en otras palabras solo existe os que se ve, se huele, se escucha o se palpa. Y es el caso de que Dios no pertenece al orden material que el mismo creó, sino al superior orden de lo espiritual, orden este, al que también ha querido Él que pertenezca nuestra alma. Expuesto lo anterior se entiende claramente que a Dios no se le puede ver con los ojos materiales de nuestra cara, de aquí que se diga de San Juan en su evangelio: “A Dios nadie le vio jamás; Dios unigénito que está en el seno del Padre, ese le ha dado a conocer”. (Jn 1,18).

La expresión ver el Rostro de Dios, tiene un carácter simbólico porque si Dios es espíritu puro, como todos sabemos, los ojos de nuestra alma no los de nuestro cuerpo, serán los que puedan ver a Dios, porque en sentido material Dios carece de rostro. El espíritu capta lo espiritual, con la iluminación de la luz divina; la materia, en este caso los ojos materiales de nuestra cara captan la materia, pero nunca lo espiritual, con la iluminación de la luz natural material.

La fe, que no nos olvidemos que es un don divino, en la medida en la que esta aumenta en un alma, ella va desarrollando los ojos espirituales y el resto de los sentidos sensoriales de nuestra su alma, Y en la medida que un alma se va fortaleciendo en su fe, a ella le va aumentando la intensidad luz divina, que es imprescindible para poder llegar a tener una visión de Dios, pues los ojos de nuestra alma sin luz divina, no sirven para nada, de la misma forma que los ojos de nuestra cara sin la luz material de que disponemos en esta vida, ellos los ojos de nuestra cara, no nos sirven tampoco para nada.

La fe humana es la constatación de la existencia de algo, que deja de ser objeto de fe para alcanzar la categoría de evidencia. Nosotros tenemos fe de la existencia de una ciudad que no hemos visto nunca, pero el día que viajamos a ella, la visión material por nuestros ojos, de esta ciudad, iluminada por la luz material del sol, transforman la fe que teníamos, antes de la existencia de esta ciudad, en pura evidencia de la existencia de la misma.

En la fe sobrenatural, sucede prácticamente lo mismo, nosotros tenemos fe en la existencia de Dios, pero sabemos que solo podremos verlo con los ojos de nuestra alma, porque a diferencia del ejemplo anterior estamos en el mundo de lo espiritual, y solo son los ojos de nuestra alma, los que pueden ver a Dios directamente si somos capaces de salvarnos y alcanzar el cielo. Pero aunque en esta vida no podemos llegar a tener plena evidencia de la existencia de Dios, si podemos llegar a tener una cuasi evidencia, si somos capaces de reunir dos condiciones: La primera que es la de tener una vida espiritual de una intensidad y desarrollo, de tal forma que al unísono hayamos sido capaces de desarrollar los sentidos de nuestra alma y especialmente los ojos. Segundo que nuestro amor y entrega a Dios sea de tal fuerza y naturaleza que Él estime conveniente, donarnos la luz divina necesaria a nuestro ojos espirituales, para que estos puedan llegar a tener la visión o visiones espirituales que Él estime pertinentes.

La idea más extendida es que Dios se aparece a muchas gentes si ellas se lo merecen. El tema es que lo que son visiones espirituales, la gente en seguida las transforman en apariciones. Santa Teresa de Jesús, en el libro sobre su vida, confiesa que ella no tuvo nunca una aparición del Señor, lo suyo, fueron siempre visiones. Dios nos ha creado a todos, para que gocemos con Él de su gloria, y como criaturas suyas que somos, nos ama ilimitadamente, en una forma tal, que es inexplicable para nosotros. El desea la absoluta salvación de todos nosotros y prueba de ello, es que nos envió a su Hijo para redimirnos de la situación de esclavitud de satanás y miseria en que nos encontrábamos: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. (Jn 3,16).

Cuando Dios nos crea, pone en nuestras almas, unas improntas o sellos indelebles en todo ser humano, que le crea a este, la necesidad de buscarlo. Son las llamadas preguntas transcendentales, que toda persona más de una vez se ha hecho, a lo largo de su vida. El 14 de septiembre de 1998, Juan Pablo II en su encíclica “Fides et ratio”, escribía: “… una simple mirada a la historia antigua, esta nos muestra con claridad como en distintas partes de la tierra, marcadas por culturas diferentes, brotan al mismo tiempo las preguntas de fondo que caracterizan el recorrido de la existencia humana: ¿quién soy? ¿De dónde vengo y a dónde voy?¿por qué existe el mal?¿qué hay después de esta vida?”

Por otro lado cuando el hombre llega al mundo, contempla las maravillas naturales que le rodean que le rodean, los animales, las plantas, los pájaros, los mares, los peces, el cielo, las estrellas, el firmamento, el sol, su nacimiento y su ocaso y no puede menos que preguntase también: ¿Quién ha hecho todo esto? Todo esto son pequeñas evidencia des fe, que si el hombre desde su nacimiento si las atiende, llegará tener fe. La fe no nace de golpe como un árbol centenario de 30 metros de altura La fe es una pequeña planta que si crece puede tener un tamaño ilimitado, porque todo lo que se refiere al orden espiritual, es siempre ilimitado y eterno.

Todos nacemos con una pequeña planta de fe bajo el brazo, porque Dios quiere que le busquemos para que le amemos y podernos hacer felices, participando de su felicidad. Por ello todos nacemos con una pequeña planta de fe, algunos la cuidan con más o menos esmero, otros se olvidan de ella y no la cuidan porque su fe acaba agostada y sin cuidados. Pero todos tenemos la posibilidad de aumentar la fe que se tuvo al nacer y ya no se tiene.

A los que tenemos fe, Dios quiere que nos ocupemos de los que no la tiene y les hagamos ver el tesoro que se pierden, muchas veces por satisfacer las apetencias corporales, condenan a su alma que es como condenarse ellos mismos a no llegar a tener nuca la posibilidad de ver el Rostro de Dios
Juan del Carmelo QDEP

Bautismo

Por el Bautismo, todos los pecados son perdonados, el pecado original y todos los pecados personales así como todas las penas del pecado (cf DS 1316). En efecto, en los que han sido regenerados no permanece nada que les impida entrar en el Reino de Dios, ni el pecado de Adán, ni el pecado personal, ni las consecuencias del pecado, la más grave de las cuales es la separación de Dios.

Oración

El primer día de la semana, nos reunimos para la fracción del pan. Tomaban juntos el alimento con alegría y sencillez de corazón, y alababan a Dios. Aleluya.

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Si habéis resucitado con Cristo,
buscad los bienes de allá arriba,
donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 15, 18-21.

No sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.
Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.
Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».

Palabra del Señor

Iglesia

Situada en la comuna de La Brigue, en el corazón del valle del Roya (Alpes Marítimos), la iglesia de Notre-Dame-des-Fontaines posee excepcionales frescos del siglo XV en perfecto estado de conservación

Santo Rosario

Jesús, mi Salvador, verdadero Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, por tu infinita misericordia, te suplico que perdones mis iniquidades, y por tu Sagrada Pasión, guárdame este día de todo pecado y de todo mal. Para tu honor y gloria, llevo conmigo este bendito rosario como una protección contra mi propia debilidad y como incentivo para practicar las virtudes que nos has inculcado, la mansedumbre, la humildad e inocencia. En recuerdo de ese sacrificio de amor por el cual Tú te ofreciste por mí en la cruz y en satisfacción por mis pecados, Te ofrezco todo mi ser como ofrenda. Acepta este sacrificio, Te lo ruego, oh mi Dios, y que sea aceptable para Ti en el aroma de la dulzura. Amén.