Oración

Yo soy la luz del mundo. Dice el Señor. El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Aleluya

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.

Permaneced en mí, y yo en vosotros – dice el Señor–; el que permanece en mí da fruto abundante.

Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO

Jn 15, 1-8.
El que permanece en mi y yo en él, ése da fruto abundante.
Lectura del santo Evangelio según san Juan. 
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».
Palabra del Señor.

Dónde está tu corazón…

No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. 20 Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. 21 Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón Mateo, 21,19

Jesucristo

No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos, Hch 4, 12


Oración

Señor, fortifica la fe de tu pueblo y afianza su esperanza, a fin de que nunca dudemos que llegará a realizarse lo que nos tienes prometido. Amén

Evangelio

 Aleluya, aleluya, aleluya.

Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos, para entrar en su gloria.

 Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO

Jn 14, 27-31a.
Mi paz os doy.
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
 
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mi, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

 
Palabra del Señor

Dios salva

Jesús quiere decir en hebreo: «Dios salva». En el momento de la anunciación, el ángel Gabriel le dio como nombre propio el nombre de Jesús que expresa a la vez su identidad y su misión (cf. Lc 1, 31). Ya que «¿quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?»(Mc 2, 7), es Él quien, en Jesús, su Hijo eterno hecho hombre «salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1, 21). En Jesús, Dios recapitula así toda la historia de la salvación en favor de los hombres.

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu Santo será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO

Jn 14, 21-26.
El Paráclito, que enviará el Padre, será quien os lo enseñará todo.
Lectura del santo Evangelio según san Juan. 
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Le dijo Judas, no el Iscariote:

    «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»

Respondió Jesús y le dijo:

    «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».
Palabra del Señor

La Humildad de María, la Madre de Jesucristo

María fue elegida entre diversas muchachas para ser la madre del Salvador. Tal vez eso pudiera haber llevado a su corazón cierto orgullo, cierta altivez. Ella, sin embargo, dijo algo que todos necesitamos decir diariamente a Dios: “Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada…” (Lc 1, 46-48). La humildad de María, al ponerse en las manos de Dios y cooperar con el Señor en su gran misión, es algo realmente fascinante, que todo creyente debería imitar

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Tu doctrina Señor

En la catequesis lo que se enseña es a Cristo, el Verbo encarnado e Hijo de Dios y todo lo demás en referencia a Él; el único que enseña es Cristo, y cualquier otro lo hace en la medida en que es portavoz suyo, permitiendo que Cristo enseñe por su boca. Todo catequista debería poder aplicarse a sí mismo estas misteriosas palabras de Jesús: «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado» Juan 7,16