Pecados capitales

Etim: latín, Capitalis, principal.

Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana caída está principalmente inclinada. Es por eso muy importante para todo el que desee avanzar en la santidad aprender a detectar estas tendencias en su propio corazón y examinarse sobre estos pecados.

Catecismo #1866: Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a san Juan Casiano y a san Gregorio Magno (mor. 31, 45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza.

Los pecados capitales son enumerados por Santo Tomás (I-II:84:4) como siete: vanagloria (orgullo), avaricia, glotonería, lujuria, pereza, envidia, ira. San Buenaventura (Brevil., III,ix) enumera los mismos. El número siete fue dado por San Gregorio el Grande (Lib. mor. in Job. XXXI, xvii), y se mantuvo por la mayoría de los teólogos de la Edad Media. Escritores anteriores enumeraban 8 pecados capitales: San Cipriano (De mort., iv); Cassian (De instit. cænob., v, coll. 5, de octo principalibus vitiis); Columbanus («Instr. de octo vitiis princip.» in «Bibl. max. vet. patr.», XII, 23); Alcuin (De virtut. et vitiis, xxvii y sgtes.)

El término «capital» no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados. De acuerdo a Santo Tomás (II-II:153:4) “un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”.

Lo que se desea o se rechaza en los pecados capitales puede ser material o espiritual, real o imaginario.

Todos tenemos una tendencia hacia los pecados capitales

The Good Shepherd

– 3rd century

“The Good Shepherd” image is found in the St. Callisto catacomb in Rome and is believed to have been painted around the 3rd century.

¿Somos dignos de llegar hoy a los pies del monte calvario?

La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, es decir, de la obra de la salvación realizada por la vida, la muerte y la resurrección de Cristo, obra que se hace presente por la acción litúrgico

Jerusalén – Eucaristía en el Monte Calvario 2011

¿Somos dignos de llegar hoy a los pies del monte calvario?

La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, es decir, de la obra de la salvación realizada por la vida, la muerte y la resurrección de Cristo, obra que se hace presente por la acción litúrgico

Jerusalén – Eucaristía en el Monte Calvario 2011

Vanidad

¡Vanidad de vanidades!, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad! Eclesiástico 1,2

Vanidad

¡Vanidad de vanidades!, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad! Eclesiástico 1,2

Oración

La palabra de Cristo habite con toda riqueza en vosotros. Seamos pues dignos de ello

Vanidad

¡Vanidad de vanidades!, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad! Eclesiástico 1,2

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Dios nos llamó por medio del Evangelio,
para que sea nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mc 9, 30-37.

El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía:
«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».
Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó:
«¿De qué discutíais por el camino?».
Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».
Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

Palabra del Señor

Vanidad

¡Vanidad de vanidades!, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad! Eclesiástico 1,2