Memorial de su muerte

Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura (SC 47).

LA VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO

La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo y sacar provecho de él. Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. Esto es, en resumen, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este misterio tan grande, mejor os adoctrinará aquel que habla en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos, aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido hechos templo. Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado. Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 293,1-3: PL 38,1327-1328)

Oración

Venid, adoremos al Cordero de Dios, a quien Juan mostró lleno de alegría

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Éste venía para dar testimonio de la luz, preparando para Dios un pueblo bien dispuesto.
Aleluya.

EVANGELIO
Lc 1, 5-17.

Te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan.

Lectura del santo evangelio según san Lucas.

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: -«No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.»

Palabra del Señor

Santa misa

La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor

San Antonio María Claret nos explica la Santa Misa no de forma “enciclopédica”, describiendo objetos, paramentos y ritos, sino de forma espiritual y esencial, comentando su profundo contenido: la Santa Misa es la Pasión de Cristo.
En las actuales celebraciones, hay diferencias en términos de rito y usos en comparación con la celebración descrita por el santo tal como se hacía en su tempo, pero la esencia de la Santa Misa es inmutable. Nos dice:

Breve explicación de los misterios que se representan en la Misa

El sacerdote, revestido con los sagrados paramentos, representa a Cristo, nuestro Redentor, en su sagrada Pasión.

El Amicto, con lo se cubre la cabeza cuando empieza a revestirse, simboliza la corona de espinas y el sudario que, cubriendo su Divino Rostro, escarnecieron los soldados que decían: “Adivina quién te ha pegado”.

El Alba simboliza el vestido blanco con que le trataron como un loco en la casa de Herodes, despreciándolo.

El Cíngulo o Cordón simboliza las cuerdas con que fue atado en el Huerto.

La Estola representa la cuerda que llevaba en el cuello, cuando le llevaron preso.

El Manípulo es el símbolo de la cuerda con que le sujetaron a la columna para azotarlo.

La Casulla simboliza el vestido de púrpura que le pusieron en la casa de Pilatos, estando ya coronado de espinas.

El Cáliz representa el sepulcro, y los Corporales el lienzo en que fue amortajado Su Cuerpo Santísimo.

El Introito, o entrada de la Misa, significa el gran deseo con que en el limbo esperaban los Santos Padres la venida de Cristo al mundo, para redimirles a ellos y a nosotros. Y, para significar sus clamores, dicen inmediatamente los Kyries, que, en nuestro idioma, significan: “Señor, ten misericordia de nosotros”.

El Glória in excelsis nos recuerda el regocijo de los ángeles y de los pastores en el Nacimiento de Cristo.

Las Oraciones que dice el sacerdote después del Dominus vobiscum son símbolo de las muchas veces que Cristo oró por nosotros durante su vida.

La Epístola significa la predicación de los Profetas, especialmente la del Bautista.

El Gradual, que es lo que se lee después de la Epístola, significa la solitud de Cristo en el desierto; y el Aleluya representa los servicios que le prestaron los ángeles después de las tentaciones del demonio, del que salió victorioso.

El Evangelio significa la predicación de Cristo. Para decir el Evangelio el misal pasa al otro lado del altar, para significar que Cristo pasaba de unos lugares a otros predicando el Evangelio. Cuando se lee el Evangelio estamos de pie, para significar la prontitud con que debemos obedecer la ley de Cristo, que se nos promulga en el Evangelio; al final del Evangelio se dice: Laus tibi, Christe, inclinando la cabeza en señal de sumisión.

El Credo es un compendio de lo que el cristiano debe creer; se arrodilla el sacerdote cuando dice “Et homo factus est”, para dar a entender la gran humildad del Señor en tomar nuestra naturaleza, y cuanto, por consiguiente, nos debemos humillar ante Dios, que es nuestro Señor.

El ofertorio que el sacerdote hace de la hostia y del cáliz nos recuerda la prontísima y entera voluntad con que Cristo se ofreció para padecer y morir por nosotros.

Al volverse el sacerdote al pueblo y decir Orate, frates, nos recuerda ese paso en que Cristo, después de haber orado en el huerto con sudor de sangre, se llegó a sus discípulos y les dijo: vigilad y orad, para no caer en tentación.

El Prefacio y el Sanctus simbolizan la entrada solemne y pública de Cristo en Jerusalén el día de Ramos, y el júbilo con que el pueblo le recibió.

En el Canon el sacerdote dice las oraciones en voz baja, recordándonos que Cristo se retiró de los judíos y fue, en secreto, con sus discípulos a Efrén; y también para inspirarnos gran respeto, porque es sabido que lo que se hace con demasiada publicidad se vulgariza, y con facilidad se desprecia.

Se eleva la hostia y el cáliz para recordarnos que Cristo fue levantado en la cruz.

El Pater Noster simboliza aquellas palabras que Cristo dirigió al Eterno Padre inmediatamente antes de expirar; así como ese poco tiempo que el sacerdote está en silencio después del Pater Noster significa el tempo que estuvo Cristo en el sepulcro, en que su alma descendió al seno de Abraham para dar libertad a las almas de los Santos Padres, que esperaban su venida.

El Pax Domini simboliza la aparición de Cristo a sus discípulos y a las Marías, después de la resurrección.

El Agnus Dei nos recuerda que Cristo, después de su Resurrección, subió a los cielos para ser allí nuestro abogado.

Las Oraciones finales que el sacerdote reza son símbolos de las que Cristo dirige en el cielo, en nuestro favor, al Eterno Padre.

El Ite Missa est significa que el sacerdote hace el oficio de embajador y de ministro enviado por Dios, para ofrecerle ese sacrificio por toda la Iglesia católica, por las almas del purgatorio y para alcanzar para todos la divina gracia.

La Bendición que el sacerdote da al final de la misa significa la que Cristo dará a los justos en el día del Juicio Final.

– San Antonio María Claret en “Caminho Reto e Seguro para Chegar ao Céu” (7ª Edición, Editora Ave Maria)

Oración

Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre,
para enriqueceros con su pobreza.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mt 6, 24-34.

No os agobiéis por el mañana.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia».

Palabra del Señor

Un solo bautismo

La Confirmación, como el Bautismo, imprime en el alma del cristiano un signo espiritual o carácter indeleble; por eso este sacramento sólo se puede recibir una vez en la vida

Oración

Dios nos conceda tener un mismo sentir entre nosotros; así con un mismo corazón y una misma boca para darle gloria.

Oración

Dios nos conceda tener un mismo sentir entre nosotros; así con un mismo corazón y una misma boca para darle gloria.