Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Os doy un mandamiento nuevo —dice el Señor—:
que os améis unos a otros, como yo os he amado.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mt 5, 43-48.

Amad a vuestros enemigos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«¿Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

Palabra del Señor

Iglesia y Deporte

Iglesia y deporte

Hace unos días, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida presentó el primer documento de la Santa Sede sobre el deporte: “Dar lo mejor de uno mismo”. En él, subraya el gran aprecio que la Iglesia tiene hacia este aspecto de la cultura y previene frente a su mercantilización, una amenaza que planea sobre los macroeventos deportivos. El deporte, explica el Papa Francisco en el mensaje que acompaña al texto, “puede ser un instrumento de encuentro, de formación, de misión y santificación”.

El objetivo del documento, de casi 50 páginas, es “ofrecer una visión del deporte basada en una comprensión cristiana de la persona y de una sociedad justa”. Al mismo tiempo, alaba el valor de la actividad deportiva para educar el carácter. De ahí que la vea también como un ámbito para la nueva evangelización. “La Iglesia no solo incentiva la práctica del deporte, sino que quiere estar en el deporte, considerado como un moderno ‘Atrio de los Gentiles’ y el areópago donde es anunciada la Buena Noticia”.

Los títulos de dos epígrafes sintetizan bien la intención pastoral del documento: “En el deporte, la Iglesia está en su casa” y “En la Iglesia, el deporte está en su casa”. A forjar esta visión positiva ha contribuido el Magisterio de los pontífices del siglo XX, sobre todo los más de cien discursos de san Juan Pablo II a los deportistas.

Un deporte para la persona
En la raíz del aprecio de la Iglesia por el deporte está su comprensión de la persona como “una unidad de cuerpo, alma y espíritu”. Lo que lleva a la Iglesia a rechazar las concepciones teológicas o filosóficas que ven como males el mundo material y el cuerpo. A la vez, le sirve de base para subrayar “la dimensión espiritual en el deporte”.

El capítulo tercero del documento interesará especialmente a los educadores. En él, hay numerosos ejemplos de cómo el deporte sirve para explicar verdades antropológicas, virtudes humanas o aspectos de la vida cristiana, como hacía san Pablo con los gentiles.

Por ejemplo, el epígrafe “Creatividad, libertad y reglas” explica de forma pedagógica por qué la libertad no equivale a la independencia absoluta. Otros apartados destacan el espíritu de equipo, el valor antropológico del esfuerzo y de la constancia –“sin sacrificio no se obtienen resultados importantes, y tampoco auténticas satisfacciones”, en palabras de Juan Pablo II–; la necesidad de un desarrollo armónico de la persona, que la lleve a madurar en todas sus dimensiones; la experiencia de “la tensión entre la fuerza y la debilidad” en cada persona, etc.

Un deporte justo
La explotación laboral expuesta con motivo del Mundial de Qatar 2022, las protestas contra el despilfarro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, el endeudamiento de años que dejan los grandes eventos deportivos, a satisfacer con más impuestos o menos servicios públicos, o la formación de una burbuja futbolística, que penaliza a los clubes con menos recursos, son algunos ejemplos de lo que ocurre cuando el afán lucrativo manda en el deporte. Aunque el documento no baja tanto al detalle, sí denuncia otros problemas que responden igualmente a “una búsqueda desenfrenada de éxito y de la ingente cantidad de intereses económicos que se mueven en las competiciones deportivas”.

Así, por ejemplo, denuncia la presión que sufren algunos atletas infantiles, y recuerda a sus padres su “responsabilidad de mostrar a los niños que son amados por lo que son, no por sus éxitos”. Otras veces las presiones provienen de la mentalidad de “ganar a toda costa” o de un “anhelo de un mayor espectáculo”, que empuja a los deportistas al dopaje. La corrupción es otro lastre para el deporte, lo mismo que la violencia y el desprecio de los hinchas radicales hacia los contrincantes o los árbitros.

Deportistas santos
El documento se cierra con una invitación a ver en el deporte uno de los atrios de los gentiles de los que hablaba Benedicto XVI, donde los creyentes puedan abrir –en palabras del Papa emérito– “un diálogo con aquellos para quienes la religión es algo extraño, para quienes Dios es desconocido y que, a pesar de eso, no quisieran estar simplemente sin Dios, sino acercarse a él al menos como Desconocido”.

Aquí el texto hace especial hincapié en la educación: “Desde el origen de la Cristiandad, el deporte apareció como metáfora efectiva de la vida cristiana: el apóstol san Pablo no dudó en incluir el deporte entre los valores humanos, lo que le sirvió como punto de apoyo y referencia en el diálogo con la gente de su época. Hoy en día podemos introducir en el deporte, los juegos y otras actividades lúdicas para llevar a los jóvenes a un entendimiento más profundo de las Escrituras, las enseñanzas de la Iglesia o los sacramentos”.

En resumen, la Iglesia no pretende crear un deporte distinto del que se practica en los barrios o en los grandes estadios, sino “ayudar a dar plenitud a la experiencia deportiva”. Como dijo en su mensaje el Papa Francisco a propósito del título del documento, “dar lo mejor de uno mismo en el deporte es también una llamada a aspirar a la santidad. (…) Es necesario profundizar en la estrecha relación que existe entre el deporte y la vida, para que puedan iluminarse recíprocamente, para que el afán de superación en una disciplina atlética sirva también de inspiración para mejorar siempre como persona en todos los aspectos de la vida. Tal búsqueda, con la ayuda de la gracia de Dios, nos encamina a aquella plenitud de vida que nosotros llamamos santidad”.

Confesión y confirmación

Para recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado de gracia. Conviene recurrir al sacramento de la Penitencia para ser purificado en atención al don del Espíritu Santo. Hay que prepararse con una oración más intensa para recibir con docilidad y disponibilidad la fuerza y las gracias del Espíritu Santo (cf Hch 1,14).

Oración

Te daré gracias ante los pueblos, Señor; tocaré para ti ante las naciones. En medio de la asamblea te alabaré.

Fe y opinión

La preparación para la Confirmación debe tener como meta conducir al cristiano a una unión más íntima con Cristo, a una familiaridad más viva con el Espíritu Santo, su acción, sus dones y sus llamadas, a fin de poder asumir mejor las responsabilidades apostólicas de la vida cristiana. Por ello, la catequesis de la Confirmación se esforzará por suscitar el sentido de la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, tanto a la Iglesia universal como a la comunidad parroquial. Esta última tiene una responsabilidad particular en la preparación de los confirmandos (cf Ritual de la Confirmación, Praenotandos 3).

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mt 5, 38-42.

Yo os digo que no hagáis frente al que os agravia.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia.
Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».

Palabra del Señor

Fe y opinión

La preparación para la Confirmación debe tener como meta conducir al cristiano a una unión más íntima con Cristo, a una familiaridad más viva con el Espíritu Santo, su acción, sus dones y sus llamadas, a fin de poder asumir mejor las responsabilidades apostólicas de la vida cristiana. Por ello, la catequesis de la Confirmación se esforzará por suscitar el sentido de la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, tanto a la Iglesia universal como a la comunidad parroquial. Esta última tiene una responsabilidad particular en la preparación de los confirmandos (cf Ritual de la Confirmación, Praenotandos 3).

Oración

Pensemos cómo debemos conducirnos en la presencia de Dios y de sus ángeles. Y, que al entonar nuestros salmos de alabanza, nuestra mente concuerde con nuestra voz

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo;
todo el que lo encuentra vive para siempre.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mc 4, 26-34.

Es la semilla más pequeña, y se hace más alta que las demás hortalizas.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
Dijo también:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Palabra del Señor

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo;
todo el que lo encuentra vive para siempre.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mc 4, 26-34.

Es la semilla más pequeña, y se hace más alta que las demás hortalizas.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
Dijo también:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Palabra del Señor