San Lucas 17:11-19 De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaría y Galilea. Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»
Evangelio según san Mateo, 5: 38- 42 «Habéis oído que fue dicho: Ojo por ojo y diente por diente. Mas yo os digo que no resistáis al mal: antes, si alguno te hiriere en la mejilla derecha, preséntale también la otra; y a aquel que quiera ponerte pleito y tomarte la túnica, déjale también la capa; y al que te precisare a ir cargado mil pasos, ve con él dos mil más: da al que te pidiere; y al que quiera pedirte prestado, no le vuelvas la espalda». (vv. 38- 42)
Según algunos intérpretes místicos, una vez herida nuestra mejilla derecha, no se nos manda presentar la izquierda, sino la otra: esto es, la otra derecha, el justo no tiene mejilla izquierda. Si un hereje nos hiere en alguna disputa, y quisiere herir nuestra fe, que representa la derecha, ofrézcasele otro testimonio de las Sagradas Escrituras
En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea (cristiandad) de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval
Gentile da Fabriano (Gentile di Niccolò di Giovanni Massi; Fabriano, h. 1370 – Roma, 1427) fue un pintor italiano, uno de los principales exponentes del estilo gótico internacional en Italia. Encarnó en su siglo la típica figura del artista itinerante, que prefería moverse para encontrar las más variadas ocasiones de trabajo ofrecidas por las cortes antes que quedarse establecido en un taller. Su pintura poética y fabulosa, el gusto por la línea y un uso incomparable de los elementos decorativos lo llevaron a la cúspide de la escuela italiana de la época, recibiendo encargos de grandísimo prestigio. Al visitar Florencia, entró en contacto con el naciente Humanismo en el arte y, aunque sin renunciar al estilo propio, inició una consciente transición entre el decorativismo tardogótico y la esencia renacentista.
No es necesario un concienzudo estudio demoscópico para darse cuenta de un tipo de publicaciones frecuentes en Facebook: las de aquellas personas que invariablemente comparten el propio estado de ánimo en esa red social. Las oscilaciones van desde aquellos que estallan en el furor de la alegría hasta aquellos otros hundidos en la tristeza de la desolación: rupturas amorosas, victorias deportivas, quiebras económicas, éxitos laborales, deserciones escolares y un largo etcétera tipológico son los catalizadores que impulsan a reflejar públicamente los propios sentires.
Es humanamente comprensible que tanto las penas como las glorias tiendan a ser compartidas con otros. Después de todo tanto la alegría como la tristeza suelen acentuarse o atenuarse si alguien acompaña durante el paso por esos estados anímicos. Las redes sociales han facilitado el poder transmitir lo que se lleva dentro y que otros lo conozcan. La facilidad técnica para hacerlo se corresponde con la impulsividad emotiva para dar el paso.
El que muchos de esos sentires compartidos se conviertan en material público abierto hace pensar precisamente en dos vicios más o menos extendidos como lo son la precipitación y la falta de precaución. ¿Quién en su sano juicio se detendría en una plaza pública para expresar el personal estado de ánimo a los transeúntes así nada más porque sí? Algo análogo debería suceder en esas otras plazas actuales como los social network. La diferencia es tal vez que, en las redes sociales, las personas pueden gritar sin ser vistas «realmente» y así sentirse seguras en su no ser vistos por otros: «gritar» escribiendo frente a una pantalla a la espera de que alguien corresponda a sus clamores con un «me gusta».
De un sencillo repaso por perfiles se llega a quedar tremendamente impresionado por lo que las personas son capaces de hacer por una reacción ante lo compartido: los usuarios de Facebook esperan realmente que esos gritos en las plazas digitales sean correspondidos ya no con la caricia, el abrazo o guiño de ojo del amigo verdadero, sino con el «me gusta» frío y robotizado que tan fácilmente se otorga tanto a una foto banal de fans page igual de banales que al trascendente momento de dolor o gozo por la que una persona atraviesa y hace público desde su propio perfil personal.
Yendo más al fondo, no es aventurado pensar en el natural y comprensible deseo de relevancia: saber y sentir que «eso» que se comparte resulta también de importancia para alguien más no parece algo tan ridículo ni tan intranscendental. Pero ese anhelo interior encuentra no pocas veces una precipitada salida en la facilidad técnica por medio de la cual es posible vocearla. Precipitación que, dicho sea de paso, olvida que las cosas se convierten en públicas y así queda uno expuesto más allá del círculo de las propias amistades.
En todo este contexto conviene recordar que la valía de las personas, y de sus sentires privados, no se miden por la cantidad de «me gusta», comentarios o «compartidos». Es propio de una persona madura tenerlo muy presente porque quien dice madurez dice también reflexión, interiorización, escucha, calma e incluso meditación: los momentos anímicos pueden llevar a escribir cosas que en un tiempo de serenidad no se dirían o al menos se ponderarían mejor.
En el Evangelio hay un mandamiento de Jesucristo que hoy en día parecería hecho a la medida para las redes sociales y quienes las habitan: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Es cierto que hay un anhelo humano de ser tomado en cuenta pero esa sana inquietud pasa por primero tenerse en cuenta uno mismo: valorarse y «amarse» por quien uno es (una criatura amada por Dios quien en el hecho de nuestra existencia nos dice «te amo»), así sin «me gusta» y comentarios digitales; y de esa forma también nosotros podremos aprender a amar a los demás no por su popularidad o desatinos anímicos compartidos en Facebook sino porque realmente son relevantes en cuanto criaturas con igual dignidad que nosotros mismos. En lugar de dar o recibir «me gusta» (que tampoco está mal hacerlo) se tratará de salir al encuentro del otro con algo más importante y humano como la palabra y la cercanía física.
Tal vez pocos se han dado cuenta del punto de partida que Facebook pone como pregunta antes de compartir contenidos. En el recuadro que aparece antes de colocar cualquier cosa en el muro personal está la pregunta «¿Qué estás pensando?». Tal vez la próxima vez que se entre a la famosa red social uno pueda realmente pensar las cosas antes de compartirlas. Un ejercicio que, a la larga, redunda en la madurez personal que lleva a nunca olvidar aquello que decía Tomás de Kempis en la «Imitación de Cristo»: «No eres más porque te alaben ni menos porque te vituperen, eres lo que a los ojos de Dios eres»
Oh santo Señor, Padre todopoderoso, Dios eterno, que derramando la gracia de tu bendición sobre los cuerpos de los enfermos, harás tu guardia con tu multiforme piedad
San Lucas 14:26-33 «Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: `Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.’ O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío
Evangelio según san Mateo, 5: 38- 42 «Habéis oído que fue dicho: Ojo por ojo y diente por diente. Mas yo os digo que no resistáis al mal: antes, si alguno te hiriere en la mejilla derecha, preséntale también la otra; y a aquel que quiera ponerte pleito y tomarte la túnica, déjale también la capa; y al que te precisare a ir cargado mil pasos, ve con él dos mil más: da al que te pidiere; y al que quiera pedirte prestado, no le vuelvas la espalda». (vv. 38- 42)
Comprendan los cristianos que en esta clase de injurias que buscan repararse con el castigo, los cristianos observarán tal moderación que una vez recibida la injuria, no nazca el odio, y el alma esté preparada para sufrir mayores cosas. Ni desprecien la corrección, de la cual pueden servirse, o bien por medio del consejo, o por medio de la autoridad
Te suplicamos, oh Señor, mira a tu siervo (nombre) que agoniza en la debilidad de su cuerpo, y restaura el alma que has creado, para que, corregido por tus castigos, se sienta a sí mismo salvado por tu medicina. Por Cristo nuestro Señor. Amén