Mes: marzo 2018

Oración

Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

Jesús el Nazareno, el crucificado, ha resucitado.

Lectura del santo evangelio según san Marcos.

PASADO el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:
«¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?»
Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande.
Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas.
Él les dijo:
«No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro: “Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”».

Palabra del Señor

María

¿Que pasaría por su corazón transparente, en esos momentos espantosos?
Su Hijo amado, ejecutado como un criminal abyecto. Su Hijo, que era también su Maestro, quebrado por las torturas previas y por los tormentos propios de la crucifixión.
El mismo bebé santo de Belén. El mismo que hubieron de proteger camino al exilio. El que se crecía ante sus ojos en santidad y humildad en la pequeña Nazareth.
El que dejaba boquiabiertos a los letrados del Templo.
El que un día se largó a los caminos a anunciar la Buena Noticia, rompiendo con todas las expectativas usuales, al punto que muchos parientes lo consideraban un loco, un enajenado.
Ese mismo que pasó haciendo el bien, se moría ante sus ojos inmensos.
El Hijo agoniza, y aún así la Madre permanece firme.
Como testamento final -sin guardarse absolutamente nada para sí- Él entrega a su Madre.
El Discípulo Amado tiene cada uno de nuestros nombres. Todos lo somos.
María de Nazareth, Madre del Señor, es una mujer sin casa.
De niña dependía de sus padres.
Ya mujer, habitaba el hogar de José de Nazareth.
Ahora, tampoco tiene casa propia.
Su hogar está allí en donde los discípulos y amigos del Señor la reciban con cordial afecto.
La casa de María es tu corazón, y el mío, y el de todos nosotros, herencia final de un Dios que todo nos ofrece aún cuando las tinieblas parecen campear y cubrirlo todo.
Ella sigue firme y en pié al pié de las cruces de todos los hijos

Bautizo

El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu (“vitae spiritualis ianua”) y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión (cf Concilio de Florencia: DS 1314; CIC, can 204,1; 849; CCEO 675,1): Baptismus est sacramentum regenerationis per aquam in verbo” (“El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra”: Catecismo Romano 2,2,5).

Bautizo

El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu (“vitae spiritualis ianua”) y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión (cf Concilio de Florencia: DS 1314; CIC, can 204,1; 849; CCEO 675,1): Baptismus est sacramentum regenerationis per aquam in verbo” (“El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra”: Catecismo Romano 2,2,5).

Bautizo

El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu (“vitae spiritualis ianua”) y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión (cf Concilio de Florencia: DS 1314; CIC, can 204,1; 849; CCEO 675,1): Baptismus est sacramentum regenerationis per aquam in verbo” (“El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra”: Catecismo Romano 2,2,5).

Bautizo

El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu (“vitae spiritualis ianua”) y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión (cf Concilio de Florencia: DS 1314; CIC, can 204,1; 849; CCEO 675,1): Baptismus est sacramentum regenerationis per aquam in verbo” (“El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra”: Catecismo Romano 2,2,5).