Damaso I

Al papa san Dámaso, conocido por sus poesías y epitafios a los mártires de las persecuciones a los cristianos durante el Imperio Romano, el Liber Pontificalis lo considera de origen español y dice también que su padre era un notario de la Iglesia en Roma. Vivió de niño la euforia provocada por la libertad al cristianismo otorgada por el emperador Constantino en torno al 313. De joven, entró al servicio de la Iglesia, llegando a ser uno de los siete diáconos de Roma. Era culto, de gran virtud y de reconocidas dotes literarias.
Cuando el emperador Constancio desterró el año 355 al papa Liberio por negarse a condenar a Atanasio de Alejandría (2 may.), se puso de acuerdo con el clero romano en no elegir sucesor. No obstante, fue designado Félix, pero él mantuvo la fidelidad a Liberio hasta que murió, el año 366. El clero y el pueblo romano eligieron a Dámaso para sucederle, siendo consagrado por el obispo de Ostia en la basílica de San Juan de Letrán.
Lo que se conoce de su vida es, sobre todo, a partir de su elección al pontificado, que ejerció durante algo más de 18 años. Fue un firme y decidido defensor del primado de Pedro y le tocó defenderse, primero, de su rival Ursino, que le disputó la sede de Roma. Tuvo que afrontar también movimientos heréticos, y fue muy cauto en relación con las personas que los sostenían, convocando concilios para ratificar la sana doctrina en los años 371, 374 y, sobre todo, el del año 382 para solucionar los problemas con la Iglesia oriental, solicitado por san Ambrosio de Milán (7 dic.). A él acudió san Jerónimo (30 sep.), que así tuvo ocasión de tratar con el anciano papa Dámaso, el cual quedó impresionado por la cultura bíblica de Jerónimo. Por eso le encargó preparar un texto fidedigno de la Biblia en latín, la conocida Vulgata. El papa Dámaso era muy culto; tenía una buena biblioteca. De niño había oído referir los heroicos martirios de los cristianos, le habían impresionado vivamente, y no quiso que se perdiera su recuerdo. Fue testigo de la construcción de las grandes basílicas por el emperador Constantino, y sabía que en el subsuelo de Roma se escondían las reliquias de muchos mártires, por lo que promovió obras que facilitaran el acceso a las catacumbas y emprendió la tarea de localizar fidedignamente sus sepulcros. Por su parte, escribió los famosos Epigramas sobre muchos de ellos.
Hizo de su casa un templo, dedicado a san Lorenzo (10 ago.), el conocido San Lorenzo in Damaso. Sus restos mortales fueron colocados debajo del altar mayor.

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