La diferencia con el Estado violento




El sistema de dominio feudal supone, en lenguaje weberiano, una forma de dominación «tradicional». En efecto, el sistema de reglas que hace probable el dominio ha sido recibido conforme a la tradición y es reproducido conforme a la costumbre. La organización política de este peculiar orden estamental de guerreros está basada en relaciones personales entre el señor y sus vasallos, sean estos nobles también o campesinos de un manor. Ningún aparato impersonal tiene ni puede tener aquí lugar; y cuando, en vez de lazos de lealtad mutua, existen estructuras administrativas, en nada se parecen a las modernas burocracias estatales: no hay en aquellas separación respecto de los medios de administración, sino que estos son aportados por el propio señor y a él pertenecen (patrimonialismo); no existen funcionarios de carrera sino apenas «servidores» personales del señor (miembros del mismo linaje, esclavos o serfs heredados de la Antigüedad, los mal llamados «siervos de la gleba» que propiamente eran vasallos de la tierra o «sujetos de la gleba», así como nobles guerreros que eran señores y también «hombres de otros señores» en la cadena vasallática, antiguos siervos domésticos, clientes, colonos, «libertos» o liberados por manumisión y luego contratados, etc.) la obediencia no se debe a reglamentaciones formalmente racionalizadas, sino a la persona del señor y a las disposiciones que la tradición ha fijado; la jurisdicción, tan fundamental en el Estado moderno, se halla privatizada al punto de no existir de corriente ni siquiera una noción diferenciadora entre el derecho privado y el derecho público.

La política, una vez más, está incrustada en lo cultural, y así lo expone Max Weber: «De hecho el ejercicio de la dominación se orienta por lo que, de acuerdo con la costumbre, está permitido al señor (y a su cuadro administrativo) frente a la obediencia tradicional de sus súbditos, de modo que no provoque su resistencia». Y el cambio social por medios políticos es tan poco probable que, si llegara a formarse una resistencia, ella se dirigiría necesariamente «contra la persona del señor (o del servidor) que desatendió los límites tradicionales del poder, pero no contra el sistema como tal». La política, diluida en lo cultural, difícilmente puede tomar las riendas de la sociedad a los fines de reordenarla ex nihilo.


*«De esta suerte, por ejemplo, tenía la plena propiedad de los medios administrativos el caballero feudal que se equipaba a sí mismo, el conde enfeudado que cobraba para sí arbitrios judiciales y de otras clases y cargas y que costeaba sus deberes para con el soberano feudal con sus propios medios (entre ellos los apropiados) y el jagirdar de la India, que mantenía el contingente de su ejército de sus prebendas tributarias» (Weber, Economía y sociedad, p. 356).

Marc Bloch, Reyes y siervos y otros escritos sobre la servidumbre (Valencia: Universidad de Granada y Universitat de València, 2006), pp. 37-38, 63-64 y 339-366.

Pernoud da cuenta de que, durante la mayor parte de la Edad Media en Francia, el rey por ejemplo dispone de menores recursos económicos y militares que sus grandes vasallos, no obstante lo cual, precisamente en virtud de la tradición, no se cuestiona su poder.

Régine Pernoud, Los orígenes de la burguesía (Buenos Aires: Miraflor, 1962), pp. 16-17. 148. Weber, Economía y sociedad, p. 350.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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