Las cuatro vías para demostrar la veracidad del Cristianismo

Las cuatro vías para demostrar la veracidad del Cristianismo
Primera vía: El argumento de la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento
Premisa 4

El argumento de la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento Enunciación La primera vía para mostrar la veracidad de la religión cristiana se basa en la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento y se estructura como sigue:

1. Dada la naturaleza de las cosas que narra, si el Nuevo Testamento es históricamente fiable, entonces el Cristianismo es la religión verdadera.
2. Un documento se considera históricamente fiable si es que pasa la prueba bibliográfica, la prueba de la evidencia interna y la prueba de la evidencia externa.
3. Pero el Nuevo Testamento pasa la prueba bibliográfica.
4. Y la prueba de la evidencia interna.
5. Y también la prueba de la evidencia externa.
6. Por consiguiente, el Nuevo Testamento es históricamente fiable.
7. Luego, el Cristianismo es la religión verdadera.


Premisa 4: “El Nuevo Testamento pasa la prueba de la evidencia interna”. La prueba de la evidencia interna tiene que ver con la confiabilidad intrínseca del documento histórico, en otras palabras, “con la capacidad para decir la verdad” de los escritores. Ello, a su vez, implica dos cuestiones:

1) la de la cercanía espacio- temporal del autor con respecto a los hechos que narra, y
2) la de la sinceridad (o falta de sinceridad) que exhibe en su narración.

Así, si el autor de un documento histórico vivió muchos siglos después de que sucedieran los hechos que narra, en un lugar muy lejano, y, además, da muestras de haber tergiversando los mismos en función de sus intereses, podemos decir que su documento no pasará la prueba de la evidencia interna.

Pues bien, ¿qué sucede con el Nuevo Testamento? Con respecto a la primera cuestión sale muy bien librado. De hecho, los autores del Nuevo Testamento o bien habían sido ellos mismos testigos oculares de los acontecimientos, o bien habían registrado los relatos de testigos oculares. Citemos sus propias palabras: “Las enseñanzas que les hemos dado sobre el poder y venida de nuestro Señor Jesucristo no se basan en fábulas ingeniosamente inventadas, sino en cosas que hemos visto con nuestros propios ojos sobre Su grandeza” (2 Pedro 1: 16); “El que cuenta esto es uno que lo vio, y dice la verdad; él sabe que dice la verdad para que ustedes también crean” (Juan 19: 35); “Les escribimos a ustedes acerca (…) de lo que hemos oído y de lo que hemos visto (…) lo que hemos tocado con nuestras propias manos. Se trata de la Palabra de vida (Jesucristo)” (1 Juan 1: 1); “Puesto que muchos han tomado a su cargo el compilar un relato ordenado de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos las transmitieron los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, me ha parecido bien también a mí, después de haber investigado todo con esmero desde su origen, escribirte ordenadamente, excelentísimo Teófilo, para que te percates bien de la solidez de las enseñanzas en las que fuiste instruido” (Lucas 1: 1- 3).

Ahora, con respecto a la segunda cuestión nos encontramos con que los relatos del Nuevo Testamento tienen un sello de verdad, de sencillez y de candor tales que sería imposible encontrar algo similar en el libro de un impostor. Qué mejor muestra de ello que el hecho de que no buscaron ocultar aquello que muchas personas calificarían de “situaciones embarazosas”. ¿Ejemplos? Hay de sobra:

la discusión de los apóstoles sobre quién era “el más importante” (cfr. Lucas 22: 22),
la ocasión en que fueron reprendidos por Jesús por pedir “que baje fuego del cielo” para que acabe con los incrédulos (cfr. Lucas 10: 52- 55),
el hecho de que se quedaron dormidos ¡dos veces seguidas! cuando Jesús les pidió muy encarecidamente que oraran con Él (cfr. Mateo 26: 36- 46),
la cobarde huida de todos ellos cuando arrestaron a Jesús (cfr. Mateo 26: 56, Marcos 14: 50- 52),
la negación de Pedro (cfr. Mateo 26: 69- 75, Marcos 14: 66- 72, Lucas 22: 56- 62, Juan 18: 15- 18),
el hecho de que los apóstoles creyeran inicialmente “locas” a las mujeres que atestiguaron la resurrección de Jesús (cfr. Lucas 24: 11),
la incredulidad de Tomás (cfr. Juan 20: 24- 29),
el hecho de que los primeros cristianos eran considerados como “gente despreciable y sin importancia” (1 Corintios 1: 28),
la atestiguación de casos de inmoralidad grave en algunas comunidades cristianas (cfr. 1 Corintios 5: 1- 2),
los “abusos en la Cena del Señor” (1 Corintios 11: 17- 22),
la disputa entre Pedro y Pablo (cfr. Gálatas 2: 11- 14),
el surgimiento de las primeras herejías (cfr. 1 Juan 2: 18- 19), entre otros.


Si los apóstoles hubieran realmente sido inventores o embusteros, ¿no sería más razonable pensar que habrían ocultado y/ o encubierto estos hechos en lugar de exponerlos tan abiertamente? Eran, pues, hombres sinceros.

Es más, incluso en los relatos sobre los milagros de Jesús (conversión del agua en vino, sanaciones, multiplicación de panes y peces, etc.), en lugar de encontrar exaltaciones rimbombantes de los mismos, que es lo que se esperaría si es que se tratase de fabricaciones interesadas, lo que encontramos es que, aun tratándose de hechos extraordinarios, se narran con suma sencillez y sobriedad, casi de modo demasiado escueto (véase, por ejemplo: Juan 2: 1- 10, Lucas 5: 12- 14 y Marcos 6: 34- 44). Por tanto, podemos decir que el Nuevo Testamento pasa sin problemas la prueba de la evidencia interna.

Dante A. Urbina
¿CUÁL ES LA RELIGIÓN VERDADERA?: Demostración racional de en cuál Dios se ha revelado

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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