La Iglesia es apostólica

“Mi amigo Ian me contó un sucedido de cuando era predicador baptista en una pequeña comunidad de Texas. Con celo apostólico, Ian trató de evangelizar no sólo a las familias pudientes, sino también a las menos afortunadas, muchas de ellas bastante pobres. Obtuvo una magnífica respuesta de la gente, de manera que la asistencia a los servicios aumentó considerablemente. La fisonomía de la comunidad experimentó también un notable cambio, por la afluencia de personas de distinta extracción étnica y social.Pero no todos estaban contentos con el cambio. De hecho, algunos comenzaron a organizarse. Incluso llegaron a obligar a un conocido de Ian para que le entregara una carta en la cual amenazaban al pastor con pegarle un tiro.Ian acudió entonces a la oficina regional de la iglesia baptista. Sin embargo, sus compañeros le informaron de que, en realidad, no existía corte de apelación por encima de la comunidad. Ian comentó que aquello iba en contra del testimonio del Nuevo Testamento, pues los apóstoles no se sometían a la disciplina de sus comunidades, ni tampoco recibían órdenes de ellas. Antes al contrario, eran ellos quienes presidían, en el amor, las asambleas cristianas.Es cierto, Ian, le dijo un colega, pero las cosas ya no las hacemos así.¿y hay alguien que siga haciendo lo que dice el Nuevo Testamento sobre esta cuestión?, preguntó Ian: ¿Quién sigue haciendo hoy las cosas según el Nuevo Testamento?Su interlocutor se echó a reír al ver lo que se le venía a la cabeza. Me asusta pensar que los únicos que actúan ya de esa manera son los católicos, contestó finalmente.Ian se convirtió al catolicismoLa apostolicidad, como también las otras tres notas características, es más nítidamente evidente en la iglesia católica que en cualquier otro grupo¿Qué quiere decir esto en términos prácticos? Quiere decir justamente lo que Jesús indicó a los apóstoles que supondría: Pues no sois vosotros los que vais a hablar, sino que será el Espíritu de vuestro Padre quien hable en vosotros (Mateo 10,20). Nótese que Jesús no dijo que los apóstoles serían siempre personas admirables. Les dijo que el Espíritu hablaría por medio de ellos (Juan 20, 21-22), a pesar de la debilidad y de las limitaciones de su condición humana. Luego, Jesús diría: Quien a vosotros oye, a mi me oye; quien a vosotros desprecia, a mi me desprecia; y quien a mi desprecia, desprecia al que me ha enviado (Lucas 10,16)

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