EL JUICIO



Podemos imaginar que delante de nosotros funciona día y noche, desde el instante en que empezó nuestra vida consciente y racional, una máquina cinematográfica invisible que está filmando nuestra vida interior y exterior. Es inútil cerrar la puerta con llave para quedarnos completamente solos, de nada sirve apagar la luz, pues el “cine de Dios” funciona perfectamente a oscuras.

A la hora de la muerte, en el momento mismo de exhalar el último suspiro, contemplaremos como únicos espectadores, pero bajo la mirada de Dios, la película de toda nuestra existencia terrena: he ahí el juicio particular. Y esa misma película se proyectará públicamente algún día ante la humanidad entera: ha ahí el juicio final

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