El Breviario y San Pio X



El oficio divino fue siempre una labor predilecta de Pío X. Se cuenta que, cuando niño, veía a veces al cardenal Mónico con su Breviario en las manos y que preguntaba con indefinible admiración cómo serían las bellísimas historias que debía de encerrar aquel gran libro que tanto absorbía la atención del prelado. Más tarde, cuando pudo alzar su cubierta y hojear sus páginas, halló que sus sueños infantiles se realizaban plenamente, porque el breviario es la historia de la Iglesia y de sus santos y el salterio entero lo envuelve como en una aureola de gloria. Para sus meditaciones matinales, acudió toda su vida a los tesoros de este libro maravilloso, hasta que llegó a conocerlo como se llega a conocer el corazón de un amigo y así, amándolo con amor de amigo verdadero y apreciando sus defectos en medio de su belleza, fue como llegó a hacerlo partícipe de su gran proyecto: la “restauración de todas las cosas en Cristo”.

“Nadie”, escribía el Papa, “puede evitar conmoverse ante la grandeza de numerosos pasajes de los salmos, en los que se proclama tan sonoramente la augusta majestad de Dios, su omnipotencia, su inefable justicia, su bondad y su misericordia. […] ¿Quién puede dejar de sentirse embargado por el agradecimiento hacia Dios a cambio de los muchos beneficios que de Él recibimos, por las humildes y fervorosas oraciones con que le pedimos los bienes deseados, por aquellos llantos del alma penitente que deplora sus culpas? ¿Quién no se inflama de afecto ante la figura de Cristo Redentor, tan amorosamente bosquejada y cuya voz escuchaba Agustín en todos los salmos, ya alabando, ya gimiendo, regocijándose en la esperanza o suspirando por la consumación? Con razón ordenaban, en siglos pasados, los decretos de los romanos pontífices, los cánones de los concilios y las leyes monásticas que ambos tipos de clero cantasen o recitasen el salterio íntegro cada semana”.

Después de enumerar las razones que lo impedían, hablaba el Papa de las muchas súplicas que había recibido para que procurara la restauración de la antigua costumbre y de que la labor que se había efectuado a este fin no era otra cosa que el preludio de una enmienda posterior del breviario y del misal.


San Pío X: El Papa Sarto, un papa santo. F.A. Forbes

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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