Viva Cristo Rey
María
Oración
Estamos en tus manos Señor. Déjame solamente ser digno de tu presencia
Evangelio
Aleluya, aleluya.
Brille tu faz, Señor, sobre tu siervo, y enséñame tus leyes.
Aleluya.
EVANGELIO
Lucas 14, 25-33
Lectura del Santo Evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar”. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío».
Palabra del Señor
Santos
Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores (cf LG 40; 48-51) «Los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias más difíciles de la historia de la Iglesia» (CL 16, 3). En efecto, «la santidad de la Iglesia es el secreto manantial y la medida infalible de su laboriosidad apostólica y de su ímpetu misionero» (CL 17, 3).

Oración
Dios ha sido siempre nuestro orgullo, y siempre damos gracias a Su Nombre
Evangelio
Aleluya, aleluya.
Seguidme, dice el Señor, y yo os haré pescadores de hombres.
Aleluya.
EVANGELIO
Lc 5, 1-11.
Dejándolo todo, lo siguieron.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: –Rema mar adentro y echad las redes para pescar. Simón contestó: –Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: –Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: –No temas: desde ahora serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor
Enfermos
Su ofrenda, la del enfermo, es valiosa para ‘la salvación del mundo
Son palabras hoy totalmente a contracorriente. Para muchos seguramente resultan escandalosas, como si se tratara de una especie de exaltación masoquista del dolor. Pero nada hay más lejos que eso del Evangelio, que muestra cómo Jesús pasó por el mundo curando a enfermos.
Ahora bien, el cristianismo enseña que la vida tiene un sentido profundo, que no se limita a obtener una serie de gratificaciones. Eso incluye los momentos duros, que nos pueden ayudar a crecer como personas.
No es posible vivir la vida con sentido sin afrontar la muerte y la enfermedad. Con una mirada de fe, el cristiano puede descubrir además, en ese trance, una ocasión para acercarse a la cruz que redimió a la humanidad
Enric Barrull

Santidad de la iglesia
Iglesia «es, pues, santa aunque abarque en su seno pecadores; porque ella no goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente, si se alimentan de esta vida, se santifican; si se apartan de ella, contraen pecados y manchas del alma, que impiden que la santidad de ella se difunda radiante. Por lo que se aflige y hace penitencia por aquellos pecados, teniendo poder de librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo» (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 19)


