San Lucas 14:1-11 Sucedió que un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le estaban observando Había allí, delante de él, un hombre hidrópico. Entonces preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: «¿Es lícito curar en sábado, o no?» Pero ellos se callaron. Entonces le tomó, le curó y le despidió. Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado y no lo saca al momento?» Y no pudieron replicar a esto. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú y, viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: `Deja el sitio a éste’, y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto. Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te invitó, te diga: `Amigo, sube más arriba.’ Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
Evangelio según san Mateo, 7: 24- 27 «Pues todo aquél que oye estas mis palabras y las cumple, comparado será a un varón sabio que edificó su.casa sobre la peña. Descendió la lluvia, vinieron los ríos, soplaron los vientos, dieron impetuosamente en aquella casa, y no cayó porque estaba cimentada sobre piedra. Y todo el que oye estas mis palabras y no las cumple, semejante será a un hombre loco que edificó su casa sobre arena. Descendió lluvia, vinieron los ríos, soplaron los vientos, dieron impetuosamente sobre aquella casa, cayó y fue su ruina grande». (vv. 24-27)
También significa con las luvias las seducciones de los blandos placeres, que se desprenden poco a poco por todas las rendijas (cuando éstas están abiertas) para humedecer la fe, después de las cuales llega el oleaje de los ríos (o torrentes), esto es, el empuje de los placeres más criminales, y de todas partes soplan los vientos con todo su furor, esto es, todo espíritu del poder diabólico entra en la lid
La historia del Dr. Anthony Levatino, un médico avortysta que da testimonio por la vida Ni la madre y menos aun su hijo eran para él personas con dignidad y derechos. Deshumanizar a la victima. Por ahí se empieza. Autor: Life site news | Fuente: Life site news
La Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos aprobó el 18 de junio de 2013 la ley que se denomina «Ley de Protección a los No Nacidos Capaces de Sufrir Dolor» (Pain-Capable Unborn Child Protection Act) y sobre la que hemos informado recientemente.
En este sentido, uno de los elementos de convicción arrimados al Congreso en la etapa de discusión de la ley ha sido la exposición del médico Anthony Levatino, quien fue un avortysta que luego de realizar 1200 abortos se arrepintió y dio un contundente testimonio en favor de la vida.
Al respecto, muchos recordarán el famoso caso del medico avortysta Bernard Nathanson que en los años 70 conmovió a los Estados Unidos con su desgarrador testimonio en el cual confesaba – arrepentido – haber realizado mas de 60.000 abortos y que en el año 84 dirigió un documental llamado «el grito silencioso» en el cual mostraba – en crudo – cómo era el procedimiento que se utilizaba para realizar un ab0rtø. Un día, mientras se peinaba frente al espejo, se asusto de la imagen que este le devolvió. Se vio asimismo como un animal. Nunca mas hizo un ab0rt0
Un caso similar al anterior se produjo cuando Anthony Levatino contó su testimonio ante los miembros del Subcomité de Justicia civil y constitucional del Congreso. Levatino se recibió de médico en Albany Medical College, Nueva York en 1976 y terminó la residencia en 1980. Mientras hacía su práctica residencial y durante sus primeros cinco años de practica privada realizó abôrt∅s tanto en el primer como en el segundo cuatrimestre de embarazo. Desde 1981 hasta febrero de 1985 llevó a cabo alrededor de 1200 abôrt∅s. Aproximadamente, 100 de ellos fueron en el segundo semestre y algunos luego de la semana 24 – sexto mes -de embarazo.
«No me detenía a pensar que mi paciente había sentido las patadas del bebe por los últimos dos meses. La tenia ahí, dormida, en la sala de operaciones y debía actuar», dijo. Así de simple, como si fuera una maquina. La rutina y la mecánica nublaron su capacidad de reflexionar y de humanizar la situación. Ni la madre y menos aun su hijo eran para él personas con dignidad y derechos. Deshumanizar a la victima. Por ahí se empieza. Así se explican los 1200.
Comentó también en que consistía cada etapa del procedimiento según el desarrollo del bebe. Cada herramienta tenia una función especifica. La que no arrancaba o despedazaba, trituraba o succionaba. Si el embarazo estaba muy avanzado se sacaba al bebe – con vida – a través de una cesárea y una vez fuera del vientre se lo mataba. «De ningún modo debe vivir», parecía ser el lema.
Pero lo que lo llevó al arrepentimiento no fue la evidencia empírica de semejante carnicería sino la muerte de su hija en un accidente de tránsito. La tragedia personal hizo que tuviera que replantearse todo, incluso, su propia existencia. Buscar un sentido, un motivo para poder seguir adelante. Su arrepentimiento podía ser como el de Nathanson que terminó defendiendo la vida en todos los foros internacionales y murió a los 84 años rodeado de afecto, o bien, terminar como Kevin Carter, aquel brillante fotógrafo que en 1994 ganó el premio Pulitzer por fotografiar a un niño sudanés famélico con un buitre detrás esperando su final, y que al recibir el premio le preguntaron: «¿que hiciste después de sacar la foto?» a lo que respondió: «espante el ave, ¿y el chico? Lo deje ahí. El objetivo de la operación era simplemente hacer la mejor foto posible, la que tuviera mayor impacto», respondió profesionalmente. Miles de veces tuvo que responder a la misma pregunta. Atormentado y hundido en una profunda depresión, el joven de 33 años se svycidó. Levatino se arrepintió bien.
San Mateo 16:13-19 Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»
Evangelio según san Mateo, 7: 24- 27 «Pues todo aquél que oye estas mis palabras y las cumple, comparado será a un varón sabio que edificó su casa sobre la peña. Descendió la lluvia, vinieron los ríos, soplaron los vientos, dieron impetuosamente en aquella casa, y no cayó porque estaba cimentada sobre piedra. Y todo el que oye estas mis palabras y no las cumple, semejante será a un hombre loco que edificó su casa sobre arena. Descendió lluvia, vinieron los ríos, soplaron los vientos, dieron impetuosamente sobre aquella casa, cayó y fue su ruina grande». (vv. 24-27)
Toda predicación de los herejes se funda en arena movediza, que no puede hacerse compacta, y así se desmorona
Encíclica de Nuestro Santísimo P. Pío IX, a todos nuestros Venerables Hermanos Patriarcas, Primados, Arzobispos y Obispos que están en gracia y comunión con la Sede Apostólica.
Pío Papa IX Venerables Hermanos, Salud y apostólica Bendición.
Y porque luego en el punto que es desterrada de la sociedad civil la Religión, y repudiada la doctrina y autoridad de la divina revelación, queda oscurecida y aun perdida hasta la misma legítima noción de justicia y del humano derecho, y en lugar de la verdadera justicia y derecho legítimo se sustituye la fuerza material, vese por aquí claramente que movidos de tamaño error, algunos despreciando y dejando totalmente a un lado los certísimos principios de la sana razón, se atreven a proclamar «que la voluntad del pueblo manifestada por la opinión pública, que dicen, o por de otro modo, constituye la suprema ley independiente de todo derecho divino y humano; y que en el orden público los hechos consumados, por la sola consideración de haber sido consumados, tienen fuerza de derecho.» Mas, ¿quién no ve y siente claramente que la sociedad humana, libre de los vínculos de la religión y de la verdadera justicia, no puede proponerse otro objeto que adquirir y acumular riquezas, ni seguir en sus acciones otra ley que el indómito apetito de servir a sus propios placeres y comodidades? Por estos motivos, semejantes hombres persiguen con encarnizado odio a los instintos religiosos, aunque sumamente beneméritos de la república cristiana, civil y literaria, y neciamente vociferan que tales institutos no tienen razón alguna legítima de existir, y con esto aprueban con aplauso las calumnias y ficciones de los herejes, pues como enseñaba sapientísimamente nuestro predecesor Pío VI, de gloriosa memoria: «La abolición de los Regulares daña al estado de la pública profesión de los consejos evangélicos, injuria un modo de vivir recomendado en la Iglesia como conforme a la doctrina Apostólica, y ofende injuriosamente a los mismos insignes fundadores, a quienes veneramos sobre los altares, los cuales, nos inspirados sino de Dios, establecieron estas sociedades» (Epístola al Cardenal De la Rochefoucault 10 marzo 1791). Y también dicen impiamente que debe quitarse a los ciudadanos y a la Iglesia la facultad de dar «públicamente limosna, movidos de la caridad cristiana, y que debe abolirse la ley que prohíbe en ciertos días las obras serviles para dar culto a Dios,» dando falacísimamente por pretexto que la mencionada facultad y ley se oponen a los principios de la mejor economía pública. Y no contentos con apartar la Religión de la pública sociedad, quieren quitarla aun a las mismas familias particulares; pues enseñando y profesando el funestísimo error del comunismo y socialismo, afirman «que la sociedad doméstica toma solamente del derecho civil toda la razón de su existencia, y por tanto que solamente de la ley civil dimanan y dependen todos los derechos de los padres sobre los hijos, y principalmente el de cuidar de su instrucción y educación.» Con cuyas opiniones y maquinaciones impías intentan principalmente estos hombres falacísimos que sea eliminada totalmente de la instrucción y educación de la juventud la saludable doctrina e influjo de la Iglesia católica, para que así queden miserablemente aficionados y depravados con toda clase de errores y vicios los tiernos y flexibles corazones de los jóvenes. Pues todos los que han intentado perturbar la República sagrada o civil, derribar el orden de la sociedad rectamente establecido, y destruir todos los derechos divinos y humanos, han dirigido siempre, como lo indicamos antes, todos sus nefandos proyectos, conatos y esfuerzos a engañar y corromper principalmente a la incauta juventud, y toda su esperanza la han colocado en la perversión y depravación de la misma juventud. Por lo cual jamás cesan de perseguir y calumniar por todos los medios más abominables a uno y otro clero, del cual, como prueban los testimonios más brillantes de la historia, han redundado tan grandes provechos a la república cristiana, civil y literaria; y propalan «que debe ser separado de todo cuidado y oficio de instruir y educar la juventud el mismo clero, como enemigo del verdadero progreso de la ciencia y de la civilización.»
Dado en Roma en San Pedro el día 8 de Diciembre del año de 1864, décimo después de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios la Virgen María, y decimonono de nuestro Pontificado.