Categoría: Nombre del cristiano

Felipenses

2:5  Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo:
2:6  El cual, siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios
2:7  sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre,
2:8  se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz.
2:9  Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre

Santo Sacrificio de la Misa y el Reino de Dios


Con las invocaciones a la alianza, Jesús califica la Última Cena como una comida de renovación de la alianza, al igual que la Pascua era la comida en la que se renovaba la alianza de Dios con Moisés. Cuando los cristianos toman el cáliz eucarístico, reafirman su lugar dentro de la alianza; en la renovada y transformada alianza davídica.


En el Reino renovado, Jesús desea compartir su autoridad. Pero antes corrige la equivocada idea de reinado y de poder que tenían sus discípulos (Lucas 22, 28-30), Les dice: “Yo os preparo un reino, como mi Padre me lo preparo a mi (v. 29). La traducción castellana “preparar” no capta suficientemente el término griego. La palabra original, diatithemai, quiere decir literalmente “concertar una alianza”. Una traducción más precisa del versículo sería: “Yo concierto con vosotros un reino, como mi Padre concertó uno conmigo, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino, y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (Lucas 22, 29-30)

Cuando venga el Reino

A lo largo de los siglos, los judíos han aludido al “fracaso” de Cristo y, en consecuencia, han propuesto seguir a la espera del Reino anunciado que, según ellos, es distinto del que defienden los cristianos. Los paganos que se oponían al cristianismo (Celso en el siglo II; Juliano en el IV) utilizaron la misma línea argumentativa. En los siglos XIX y XX algunos pocos cristianos unieron sus voces a este coro. Alfred Loisy estaba entre ellos; y también Germán F. C. Baur. Para este último, Pablo fué el auténtico inventor del cristianismo tal y como lo conocemos hoy, al adaptar la doctrina cristiana al hecho de que no llegara el Reino anunciado.

En el lado opuesto del espectro teológico que representan Baur y Loisy está C. I. Scofield. Su famosa obra Scofield Referent Bible ha inspirado a generaciones de americanos fundamentalistas. Scofield trata de dar respuesta a los críticos liberales, pero aceptando el punto de partida de aquellos; es decir que hay una ruptura entre la expectación del Reino y su venida. El razonamiento de Scofield discurre así: Jesús ofreció el Reino a los Judíos, pero ellos lo rechazaron, de manera que, en lugar del reino, estableció la Iglesia, com un “gran paréntesis” entre el ministerio de Jesús y la venida del verdadero Reino, que no llegará hasta después del “éxtasis”

En los días inmediatamente posteriores a la resurrección, uno de los discípulos preguntó: “Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel? (Hechos 1,6). Ésta angustiada pregunta resuena todavía después de dos milenios. Y es evidente que, después de todo este tiempo, algunos todavía encuentran dificultades en identificar lo que Dios prometió con lo que hoy tienen los cristianos

Debemos preguntarnos, sin embargo, si el problema proviene de lo dispuesto por Dios o de las expectativas humanas. Para resolver la cuestión, conviene volver al lugar de las Escrituras donde Jesús proclama su Reino en los términos más nítidos e íntimos, en la Última Cena. Al ser el Evangelio de Lucas el que nos proporciona mayor abundancia de detalles sobre el Reino

La fe es razonable (Scott Hahn)

La libre interpretación



El Espíritu Santo no puede revelar a una secta una verdad y a otra decirle algo diferente; no puede decir a unos que María fue siempre virgen y a otros que no lo fue; no puede decir a unos que se deben bautizar de pequeños y a otros que el bautismo solo es para los adultos, y etc. El espíritu Santo no se puede contradecir, el enseña la verdad que es una sola. Por ello no pueden existir diversas interpretaciones y enseñanzas sobre la Palabra de Dios; existe una sola y ésta es custodiada por la única Iglesia que Cristo fundó.

“La Iglesia es pilar y fundamento de la Verdad” (1 Tim 3, 15), por tanto, es a ella a quien le corresponde interpretar adecuadamente la Palabra de Dios. Además, Jesús pide unidad en Jn 17,21; con la libre interpretación no se cumple con la Voluntad Divina, pues cada interpretación da pie a una nueva doctrina, y ésta, a una nueva «iglesia». La razón humana individual, al ser limitada, variable y contradictoria, tomando carácter de juez, termina por despojar la Palabra de Dios de su carácter sobrenatural. Por estas razones la Sagrada Escritura no puede ser interpretada por cuenta propia, y esto ya nos lo advertía el apóstol Pedro:

2 Pe 1, 20: “Pero tengan presente, ante todo, que nadie puede interpretar por cuenta propia una profecía de la Escritura”.

2 Pe 3,16: “En ellas hay pasajes difíciles de entender, que algunas personas ignorantes e inestables interpretan torcidamente -como, por otra parte, lo hacen con el resto de la Escritura- para su propia perdición”.

Fue la Iglesia quien, bajo la luz del Espíritu Santo, definió el Canon bíblico en el Concilio de Cartago en el año 397, por tanto, con la autoridad con la que definió los libros sagrados, con esa misma autoridad los interpreta. ¿Cómo pueden los hermanos separados creer firmemente en la Sagrada Escritura y dudar de la autoridad que la definió? ¡Absurdo! Dudar de la autoridad de la Iglesia es dudar de la Sagrada Escritura.

Símbolos cristianos

El ancla es el símbolo de la salvación, símbolo del alma que ha alcanzado felizmente el puerto de la eternidad

Los Símbolos


Los primeros cristianos vivían en medio de una sociedad mayoritariamente pagana y hostil. Desde la persecución de Nerón (64 después de Cristo) se consideraba que su religión era “una superstición extraña e ilegal”. Los paganos desconfiaban de los cristianos y se mantenían a distancia, sospechaban de ellos y los acusaban de los peores delitos. Los perseguían, los encarcelaban y los condenaban al destierro o a la muerte. Como no podían profesar abiertamente su fe, los cristianos se valían de símbolos que pintaban en los muros de las catacumbas y, con mayor frecuencia, grababan en las lápidas de mármol que cerraban las tumbas.
Como a todos los antiguos, a los cristianos les agradaba mucho el simbolismo. Los símbolos expresaban visiblemente su fe.

El término “símbolo” se aplica a un signo concreto o a una figura que, de acuerdo con la intención del autor, evoca una idea o una realidad espiritual. Los símbolos más importantes son el Buen Pastor, la “orante”, el monograma de Cristo y el pez.

Crismón es la denominación de la más usual de las representaciones del cristograma

Consiste en las letras griegas Χ (ji) y Ρ (rho), las dos primeras del nombre de Cristo en griego: Χριστός (Khristós -“el ungido”-). En otras versiones, la Ρ se sustituye por la Τ (tau) haciendo así una pequeña cruz latina. El crismón aparece a veces acompañado de otros elementos, como las letras α (alfa) y ω (omega), la primera y la última del alfabeto griego, que representan a Cristo como principio y fin de todas las cosas.

Presencia real de Cristo en el Altar


También el admirable misterio de la presencia real del Señor bajo las especies eucarísticas, confirmado por el Concilio Vaticano II[6] y por otros documentos del Magisterio de la Iglesia[7], en el mismo sentido y con la misma autoridad con los cuales el Concilio de Trento lo había declarado materia de fe,[8] es manifestado en la celebración de la Misa, no sólo por las palabras de la consagración, por las cuales, Cristo, por la transubstanciación, se hace presente, sino también por la disposición de ánimo y la manifestación de suma reverencia y adoración que tienen lugar en la Liturgia Eucarística. Por esta misma razón se exhorta al pueblo cristiano a que el Jueves Santo en la Cena del Señor y en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y de la Santísima Sangre de Cristo, honre con peculiar culto de adoración este admirable Sacramento

INSTRUCCIÓN GENERALDEL MISAL ROMANO

Rodilla derecha para Dios, Rodilla izquierda para mí esposa


Estas cosas, venerables hermanos, hemos creído deberos escribir para procurar la salud de todo creyente. Los adversarios de la Iglesia abusarán ciertamente de ellas para refrescar la antigua calumnia que nos designa como enemigos de la sabiduría y del progreso de la humanidad. Más para oponer algo nuevo a estas acusaciones, que refuta con perpetuos argumentos la historia de la religión cristiana, tenemos designio de promover con todas nuestras fuerzas una Institución particular, en la cual, con ayuda de todos los católicos insignes por la fama de su sabiduría, se fomenten todas las ciencias y todo género de erudición, teniendo por guía y maestra la verdad católica. Plegue a Dios que podamos realizar felizmente este propósito con el auxilio de todos los que aman sinceramente a la Iglesia de Cristo. Pero de esto os hablaremos en otra ocasión.
Entre tanto, venerables hermanos, para vosotros, en cuyo celo y diligencia tenemos puesta la mayor confianza, con toda nuestra alma pedimos la abundancia de luz muy soberana que, en medio de los peligros tan grandes para las almas a causa de los errores que de doquier nos invaden, os ilumine en cuanto os incumbe hacer y para que os entreguéis con enérgica fortaleza a cumplir lo que entendiereis. Asístaos con su virtud Jesucristo, autor y consumador de nuestra fe; y con su auxilio e intercesión asístaos la Virgen Inmaculada, destructora de todas las herejías, mientras Nos, en prenda de nuestra caridad y del divino consuelo en la adversidad, de todo corazón os damos, a vosotros y a vuestro clero y fieles, nuestra bendición apostólica.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 8 de septiembre de 1907, año quinto de nuestro pontificado.
CARTA ENCÍCLICAPASCENDIDEL SUMO PONTÍFICEPÍO XSOBRE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS

Santo Sacrificio

Los primeros cristianos vivieron en una sociedad donde el sacrificio era algo comun a toda religion. Aquellos que provenían del judaismo estaban familiarizados con los sacrificios del templo de Jesuralem. Si procedían del paganismo, conocían tambien los sacrificios a las deidades paganas. Pero todos aquellos sacrificios cedieron ante el rito que denominaban normalmente “el sacrificio”.
Hebreos cita el Salmo 50, 23, que anima a la Iglesia a un continuo “sacrificio de alabanza” (Hebreos 13, 15)
Pablo utiliza con frecuencia el lenguaje del culto sacrificial; palabras tales como leitourgia (Filipenses 2,17)
Eucaristia (Acción de gracias) 2 Corintios 9,11
Thusia (Sacrificio) Filipenses 4,18
Hierourgein (servicio Sacerdotal) Romanos 15,16
Prosphoron (ofrenda) Romanos 15,16

Pedro habla de la Iglesia en su conjunto como un sacerdocio destinado a “ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo (1 Pedro 2,5)

Cruz

Ezequiel 9

4 y Yahvé le dijo: «Recorre la ciudad, Jerusalén, y marca una cruz en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen en ella.»