Categoría: Esposos

Aborto

Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral «No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido» (Didajé, 2, 2; cf. Epistula Pseudo Barnabae, 19, 5; Epistula ad Diognetum 5, 5; Tertuliano, Apologeticum, 9, 8)

«Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables» (GS 51, 3).

Aborto por dilatación

El aborto

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 1, 1)

«Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado» (Jr 1, 5) «Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra» (Sal 139, 15).

La homofobia no existe

En la actualidad los defensores de la vida y la familia que se oponen a la ideología de género suelen ser tildados de “homofóbicos”. Sin embargo, ¿existe verdaderamente esta “fobia” a quienes se autodenominan LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales)?

El lobby LGTBI y militantes del feminismo radical suelen utilizar el término “homofobia” contra toda persona que se oponga a la ideología de género, la cual afirma que la diferencia entre hombre y mujer es una construcción social y no una realidad biológica.

Así lo explicó a ACI Prensa, Nicolás Márquez, coautor junto a Agustín Laje del bestseller de Amazon “El Libro Negro de la Nueva Izquierda”, que afirma que la ideología de género es una nueva careta del movimiento político de izquierda.

“El problema es que a todos aquellos que nos oponemos a esta ideología autoritaria (ideología de género) se nos acusa de ser homofóbicos. Es el insulto impuesto más exitoso porque ha sido instalado en la opinión pública y en el lenguaje”, indicó Márquez.

El abogado y analista político argentino sostiene que oponerse a la ideología de género “no implica, en lo absoluto, que en el marco de la libertad e intimidad, estas personas puedan hacer lo que deseen”.

“Se nos acusa de tener una fobia, y la fobia es una enfermedad. No obstante, no existe la homofobia dentro del terreno médico o psiquiátrico. Las fobias están clasificadas en los manuales DSM de psiquiatría y en ninguno existe el concepto de homofobia”, afirmó Márquez.

Como sostiene el autor, en el manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales (DiagnosticandStatistical Manual of Mental Disorders, DSM) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría no se encuentra clasificada la “homofobia” como un trastorno o enfermedad.  

Origen de la palabra “homofobia”

Según la Real Academia Española la homofobia significa “aversión a la homosexualidad o las personas homosexuales”.

Sin embargo, Márquez recuerda que la homofobia es únicamente “un invento ideológico, político, de carácter peyorativo que tiene una función insultante para atacar a todos aquellos que se oponen a la ideología de género”.

El término “homofobia” fue introducido por George Weinberg, un psicólogo estadounidense que acuñó el término en 1965 y luego lo inmortalizó en su libro de 1972 “SocietyandtheHealthy Homosexual” (La sociedad y el homosexual saludable).

El cofundador de Gay Activists Alliance (Alianza de Activistas Homosexuales), Arthur Evans, admitió en un artículo titulado TheLogicofHomophobia (La Lógica de la Homofobia) que la palabra fue inventada por Weinberg porque era un “amigo” de la comunidad que “asistía regularmente”.

“La invención de la palabra ‘homofobia’ es un ejemplo de cómo una teoría puede echar raíces en la práctica. La palabra no provenía de un académico que observara el movimiento a distancia, como un biólogo entrecerrando los ojos al microscopio en un tobogán”, dijo Evans en su artículo.

Márquez sostiene que la utilización de la palabra homofobia tiene una particularidad: “No solamente se acusa de padecer una enfermedad, sino que tiene la función de patologizar el pensamiento disidente. Es decir, que todo aquel que piensa distinto a la ideología de género padece una enfermedad”.

“La homofobia no tiene ningún tipo de rigor científico, sino una simple función estigmatizante y política”, concluyó el analista político.

Intentos de silenciar a la Iglesia

La etiqueta de “homofobia” también ha sido usada frecuentemente para silenciar la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad y amenazar con juicios a obispos.

En 2016, el Consejo para la Diversidad Sexual del Estado de México (CODISEM) acusó de homofobia a la Iglesia Católica y al Obispo de Toluca, Mons. Francisco Javier Chavolla Ramos, luego de que el Prelado denunciara ataques contra “el núcleo de la familia”, a manos de “ideologías que van en contra de la familia, generando una confusión tremenda”.

Similares acusaciones enfrentó el Obispo de Aguascalientes, Mons. José María de la Torre, en 2014, por expresar su oposición al mal llamado “matrimonio” homosexual.

En España, prelados como el Cardenal Antonio Cañizares, Arzobispo de Valencia; y Mons. Xavier Novell, Obispo de Solsona, han sufrido los ataques del lobby gay por defender la familia.

En junio de 2017, un grupo de izquierda retrató a ambos obispos en un dibujo pornográfico gay, acusándolos de dar “discursos LGBTI-fóbicos y misóginos”.

A pesar de los ataques, el Obispo de Toluca alentó a los fieles a “no tener miedo de ninguna forma”. “El mundo quiere aplastarnos, pero tenemos nosotros la victoria en Cristo, Él nos ha defendido”, aseguró

El respeto filial

favorece la armonía de toda la vida familiar; atañe también a las relaciones entre hermanos y hermanas. El respeto a los padres irradia en todo el ambiente familiar “Corona de los ancianos son los hijos de los hijos” (Pr 17, 6) “[Soportaos] unos a otros en la caridad, en toda humildad, dulzura y paciencia” (Ef 4, 2)

Los cristianos están obligados a una especial gratitud para con aquellos de quienes recibieron el don de la fe, la gracia del bautismo y la vida en la Iglesia. Puede tratarse de los padres, de otros miembros de la familia, de los abuelos, de los pastores, de los catequistas, de otros maestros o amigos “Evoco el recuerdo de la fe sincera que tú tienes, fe que arraigó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y sé que también ha arraigado en ti” (2 Tm 1, 5).

El cuarto mandamiento

recuerda a los hijos mayores de edad sus responsabilidades para con los padres. En la medida en que ellos pueden, deben prestarles ayuda material y moral en los años de vejez y durante sus enfermedades, y en momentos de soledad o de abatimiento.

Jesús recuerda este deber de gratitud (cf Mc 7, 10-12) «El Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole.

Quien honra a su padre expía sus pecados; como el que atesora es quien da gloria a su madre. Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado. Quien da gloria al padre vivirá largos días, obedece al Señor quien da sosiego a su madre» (Si 3, 2-6) «Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor [] Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre» (Si 3, 12-1316).

El respeto a los padres

(piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en estatura, en sabiduría y en gracia “Con todo tu corazón honra a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre. Recuerda que por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho?” (Si 7, 27-28).

Deberes de los hijos

La paternidad divina es la fuente de la paternidad humana (cf Ef 3, 14); es el fundamento del honor debido a los padres. El respeto de los hijos, menores o mayores de edad, hacia su padre y hacia su madre (cf Pr 1, 8; Tb 4, 3-4), se nutre del afecto natural nacido del vínculo que los une. Es exigido por el precepto divino (cf Ex 20, 12).

Familiaris Consortio

La comunidad política tiene el deber de honrar a la familia, asistirla y asegurarle especialmente:
— la libertad de fundar un hogar, de tener hijos y de educarlos de acuerdo con sus propias convicciones morales y religiosas;
— la protección de la estabilidad del vínculo conyugal y de la institución familiar;
— la libertad de profesar su fe, transmitirla, educar a sus hijos en ella, con los medios y las instituciones necesarios;
— el derecho a la propiedad privada, a la libertad de iniciativa, a tener un trabajo, una vivienda, el derecho a emigrar;
— conforme a las instituciones del país, el derecho a la atención médica, a la asistencia de las personas de edad, a los subsidios familiares;
— la protección de la seguridad y la higiene, especialmente por lo que se refiere a peligros como la droga, la pornografía, el alcoholismo, etc;
— la libertad para formar asociaciones con otras familias y de estar así representadas ante las autoridades civiles (cf FC 46).

¿Qué hace una familia?

La familia debe vivir de manera que sus miembros aprendan el cuidado y la responsabilidad respecto de los pequeños y mayores, de los enfermos o disminuidos, y de los pobres. Numerosas son las familias que en ciertos momentos no se hallan en condiciones de prestar esta ayuda. Corresponde entonces a otras personas, a otras familias, y subsidiariamente a la sociedad, proveer a sus necesidades “La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo” (St 1, 27)

La familia y la sociedad

La familia es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida. La autoridad, la estabilidad y la vida de relación en el seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad. La familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se pueden aprender los valores morales, se comienza a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. La vida de familia es iniciación a la vida en sociedad.