Para que nuestra oración sea eficaz



La oración de Jesús hace de la oración cristiana una petición eficaz. Él es su modelo. Él ora en nosotros y con nosotros. Puesto que el corazón del Hijo no busca más que lo que agrada al Padre, ¿cómo el de los hijos de adopción se apegaría más a los dones que al Dador?

Jesús ora también por nosotros, en nuestro lugar y en favor nuestro. Todas nuestras peticiones han sido recogidas una vez por todas en sus palabras en la Cruz; y escuchadas por su Padre en la Resurrección: por eso no deja de interceder por nosotros ante el Padre (cf Hb 5, 7; 7, 25; 9, 24). Si nuestra oración está resueltamente unida a la de Jesús, en la confianza y la audacia filial, obtenemos todo lo que pidamos en su Nombre, y aún más de lo que pedimos: recibimos al Espíritu Santo, que contiene todos los dones

Oración

Dios nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva Aleluya

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Si permanecéis en mi palabra —dice el Señor—
seréis de verdad discípulos míos
y conoceréis la verdad.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 14, 7-14.

Yo soy el camino y la verdad y la vida.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Palabra del Señor.

María y el demonio



Lo que Lucifer perdió por su orgullo, lo ganó María con su humildad. “La humilde María triunfará siempre sobre aquel orgulloso, y con victoria tan completa, que llegará a aplastarle la cabeza (Gén 3,15). María descubrirá siempre su malicia de serpiente, manifestará sus tramas infernales, desvanecerá sus planes diabólicos y defenderá hasta el fin a sus servidores de aquellas garras mortiferas”. Satanás no soporta ser vencido por una criatura, María

Para que nuestra oración sea eficaz



La revelación de la oración en la Economía de la salvación enseña que la fe se apoya en la acción de Dios en la historia. La confianza filial es suscitada por medio de su acción por excelencia: la Pasión y la Resurrección de su Hijo. La oración cristiana es cooperación con su Providencia y su designio de amor hacia los hombres

En san Pablo, esta confianza es audaz (cf Rm 10, 12-13), basada en la oración del Espíritu en nosotros y en el amor fiel del Padre que nos ha dado a su Hijo único (cf Rm 8, 26-39). La transformación del corazón que ora es la primera respuesta a nuestra petición.

Oración

En tu resurrección, oh Cristo. Aleluya.
R. El cielo y la tierra se alegran. Aleluya.

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida – dice el Señor–;
nadie va al Padre, sino por mí.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 14,1-6.

Yo soy el camino, y la verdad y la vida.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Palabra del Señor.

La posesión demoníaca

:

por ella el demonio actúa realmente en el cuerpo de la persona, en lugar de hacer sentir su acción solamente desde fuera, como en la obsesión. En ella Satanás toma posesión completa del cuerpo, no del alma; impide el libre uso de las facultades del hombre, y habla y actúa él mismo por los órganos y los miembros del poseso, sin que este pueda impedirlo y hasta muchas veces sin que el poseso se de cuenta. Su manifestación exterior es una modificación total de la personalidad, que parece dominada por un agente extraño. A este respecto se pueden citar ejemplos del Evangelio como el del poseso geraseno (Mc 5,1-2) y el del joven epiléptico demoníaco (Mc 9,14-29).

Ante estas situaciones hay que recordar, antes que nada, que el poder del demonio es limitado y que su influencia sólo llega hasta donde el poder de Dios se lo permite, y que así como Jesús en el Evangelio curó a muchas personas oprimidas por el demonio, de igual manera lo sigue haciendo hoy a través de sus ministros.

Queja por la oración no escuchada



“No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones” (St 4, 2-3; cf todo el contexto de St 4, 1-10; 1, 5-8; 5, 16). Si pedimos con un corazón dividido, “adúltero” (St 4, 4), Dios no puede escucharnos porque Él quiere nuestro bien, nuestra vida “¿Pensáis que la Escritura dice en vano: Tiene deseos ardientes el espíritu que él ha hecho habitar en nosotros” (St 4,5)?

Nuestro Dios está “celoso” de nosotros, lo que es señal de la verdad de su amor. Entremos en el deseo de su Espíritu y seremos escuchados:

«No pretendas conseguir inmediatamente lo que pides, como si lograrlo dependiera de ti, pues Él quiere concederte sus dones cunado perseveras en la oración» (Evagrio Pontico, De oratione, 34).

Él quiere «que nuestro deseo sea probado en la oración. Así nos dispone para recibir lo que él está dispuesto a darnos» (San Agustín, Epistula 130, 8, 17).

Oración

OH, Dios,
que inflamaste de amor divino a santa Catalina de Siena
en la contemplación de la pasión del Señor
y en el servicio a tu Iglesia,
concede a tu pueblo, por su intercesión,
que, unido al misterio de Cristo,
se alegre siempre por la manifestación de su gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo