¿Qué es la corporeidad de la persona?

La corporeidad de la persona es la expresión fenotípica del genotipo contenido en los cromosomas que le pertenecen como consecuencia de la fusión de los gametos paternos. Es la materialización del código genético inserto en el genotipo que resulta de la combinación de los cromosomas paterno y materno. Por la corporeidad –el fenotipo, que es la expresión visible del genotipo-, se hace visible lo que está “invisible”, es decir, contenido en el genotipo. Nada de lo que forma parte de la corporeidad –sexualidad biológica, color de cabello, color de ojos, etc.- es agregado artificialmente; todo está contenido en el genotipo. Podemos decir que la corporeidad es lo que caracteriza a lo corpóreo, a lo material, es decir, a lo que dispone de cuerpo o consistencia. En el caso del hombre, se trata de un ser vivo cuyo cuerpo es inerte sin el principio vital, que es el alma. Ahora bien, el alma, al ser el principio vital, es lo que da vida a aquello que constituye el cuerpo humano –órganos y sistemas- por medio de los cuales el hombre se relaciona con el mundo e interactúa con él. Es a través del cuerpo que el individuo humano percibe el mundo y se comunica con él, desplazándose por la motricidad y generando relaciones interpersonales por medio de la psicología y la biología. En el caso del hombre, la corporeidad es sexuada desde la concepción por lo que su sexualidad corpórea forma parte de su modo de interactuar con el mundo y con sus pares. Por la corporeidad el ser vivo se diferencia de otros seres corpóreos y a través de la corporeidad interactúa con ellos.

Dice el Papa Juan Pablo II que la corporeidad de la alteridad “varón-mujer” se caracteriza por ser sexuada, que es una forma distinta de encarnación del ser hombre: varón o mujer. Es propio del hombre ser alma y cuerpo, pero es propio también el que este cuerpo sea sexuado. Esto último se presenta como una característica propia de la especie humana. El hombre no ha sido creado ni puramente varón ni puramente mujer, sino como varón y como mujer. Al ser sexuada –y sexuada como varón o como mujer, y nada más-, la corporeidad humana determina, desde un inicio y de forma natural, cómo y de qué manera se entablarán las relaciones con el mundo que lo rodea.

Ahora bien, esta corporeidad sexuada, dice el Papa Juan Pablo II, es un don para el otro, ya que permite la expresión del espíritu y la comunión de personas. A través del cuerpo sexuado –masculino o femenino- el espíritu humano se expresa en su tendencia constitutiva de ser comunión de personas. Ahora, bien, se debe decir que la corporeidad sexuada, si bien comparte características físico-biológicas similares con seres irracionales, a pesar de un cierto parecido externo –en la genitalidad- se diferencian de estos seres irracionales con una diferencia abismal, ya que como hemos visto, en el ser humano, la corporeidad sexuada es un medio de la expresión del espíritu, lo cual no sucede de ninguna manera en los animales irracionales.

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