LA DIFERENCIACIÓN MODERNA Y CULTURA



La batalla cultural no es un fenómeno ahistórico. Tal como aquí se ha conceptualizado al menos, no se podrían hallar batallas culturales en todos los tiempos y en todos los lugares. Al contrario, la batalla cultural tiene un contexto sociohistórico de emergencia bien preciso que posibilita, por un lado, concebir la cultura como un campo de acción autonomizado de otras dimensiones sociales y, por el otro, disponer de los mecanismos tecnoculturales que abren la posibilidad de una dirección cultural e ideológica de la sociedad. Tal contexto es el de la modernidad. En el lenguaje ordinario, y en relación con su origen etimológico (modernus), lo moderno es aquello que reviste plena actualidad, que está «a la orden del día»: moderno es quien vive, pues, conforme a los valores y la tecnología de ahora mismo. La modernidad, así, siempre según su acepción ordinaria, sería aquello que consagra como actual lo que dispone del poder necesario para encarnar una «novedad», y lo moderno representaría el ajuste respecto de esa presunta actualidad.

Creer, al buen tono de la «New Age», que se ha ingresado en la «era astrológica de Acuario» porque la posición del sol ya ha superado la «era de Piscis» es cosa «moderna», pero creer en lo que dice la Biblia es propio de místicos medievales; renunciar a los placeres de comer carne y sumarse a las filas del veganismo es una actitud bien recibida como «moderna», pero renunciar a los placeres de la poligamia, el intercambio de parejas, el «amor libre» o el celebrado «poliamor» es propio de la «mojigatería» que se ha quedado en un pasado de «represión y censura»; defender la vida de los pobres escarabajos que, según la Comisión Europea, se encontrarían en peligro de extinción, constituye una causa que todo espíritu «moderno» no dudaría en respaldar, pero defender la vida de los seres humanos por nacer distingue a aquellos que «se han quedado atrás en el tiempo».

En el terreno de lo tecnológico, lo moderno también representa, bajo su acepción ordinaria, todo lo que es estrictamente actual, de último modelo, nuevo, nuevísimo. De tal suerte que usar un teléfono fijo sea un anacronismo comparado con los modernos teléfonos móviles inteligentes, y que enviar una carta postal a un amigo sea prácticamente impensable en la era del e-mail y el WhatsApp

AGUSTIN LAJE, LA BATALLA CULTURAL REFLEXIONES CRÍTICAS PARA UNA NUEVA DERECHA

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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