Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.

Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—

y yo las conozco, y ellas me siguen. 

Aleluya, aleluya, aleluya.


EVANGELIO

Mc 6, 30-34.


Andaban como ovejas que no tienen pastor.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos.


EN aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Él les dijo:

«Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco».

Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.

Se fueron en barca a solas a un lugar desierto.

Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

 

Palabra del Señor

Obispos


El Concilio Vaticano II enseña que por la «consagración episcopal se recibe la plenitud del sacramento del Orden. De hecho se le llama, tanto en la liturgia de la Iglesia como en los Santos Padres, «sumo sacerdocio» o «cumbre del ministerio sagrado»» (LG 21) 

Oración

El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario 

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.

Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios

con un corazón noble y generoso,

a guardan y dan fruto con perseverancia. 

Aleluya, aleluya, aleluya.


EVANGELIO

Mc 6, 14-29.


Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos.


EN aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían:

«Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».

Otros decían:

«Es Elías».

Otros:

«Es un profeta como los antiguos».

Herodes, al oírlo, decía:

«Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado».

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado.

El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.

Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.

La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.

La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:

«Pídeme lo que quieras, que te lo daré».

Y le juró:

«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».

Ella salió a preguntarle a su madre:

«¿Qué le pido?».

La madre le contestó:

«La cabeza de Juan el Bautista».

Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:

«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».

El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.

Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro. 

 

Palabra del Señor

¿Existe Dios?

Argumento de Santo Tomás de Aquino: Realidad de la Contingencia: observamos que las cosas son transitorias y contingentes; reciben su existencia de algo distinto a ellas. Las cosas que vemos en el mundo no surgen de repente de la nada, sino que, más bien, proceden, están sujetas y dependen de otras cosas. Sin embargo -una vez más-, una infinita cadena de dependencia sería absurda e impensable. No basta suponer una infinita serie de seres que, cada uno de ellos y todos, dependan de otro. Si algunos seres son contingentes, debe haber un ser ulterior que no sea ni transitorio, ni contingente, ni derivado, sino necesario, en y desde sí mismo. A ese ser necesario le llamamos Dios
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Imposición de manos

Para realizar estas funciones tan sublimes, los Apóstoles se vieron enriquecidos por Cristo con la venida especial del Espíritu Santo que descendió sobre ellos. Ellos mismos comunicaron a sus colaboradores, mediante la imposición de las manos, el don espiritual que se ha transmitido hasta nosotros en la consagración de los obispos (LG 21) 

Oración

El mensaje de la cruz, necedad para los que están en vías de perdición. Los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios 

Evangelio

Aleluya, aleluya.

El reino de Dios está cerca, dice el Señor; arrepiéntanse y crean en el Evangelio.

Aleluya.


EVANGELIO

Mc 6, 7-13


Envió a los discípulos de dos en dos


Lectura del santo Evangelio según san Marcos.


En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió:

–Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.

Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.


Palabra del Señor 

Oración

Oh Dios, fortaleza de todos los santos, que has llamado a san Pablo Miki y a sus compañeros a la vida eterna por medio de la cruz; concédenos, por su intercesión, mantener con vigor, hasta la muerte, la fe que profesamos. Por Jesucristo nuestro Señor 

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya. Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor— y yo las conozco, y ellas me siguen.

Aleluya, aleluya, aleluya.  


EVANGELIO

Mc 6, 1-6.


No desprecian a un profeta más que en su tierra.


Lectura del santo Evangelio según San Marcos. 


EN aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:

«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».

Y se escandalizaban a cuenta de él.

Les decía:

«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».

No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.

Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

 

Palabra del Señor