Dignidad del hombre y el concilio Vaticano II



¿Dónde podemos encontrar esta enseñanza sobre la dignidad del hombre?

La liturgia romana recuerda que nuestra dignidad de hombre es herida por el pecado y que es necesario, para restablecerla, ejercer la templanza

¿Los doctores de la Iglesia han abordado ésta cuestión?

Santo Tomás de Aquino explica, en su Suma Teológica:
1.-Que el hombre, pecando, se separa del orden| de la recta razón y por eso decae de su dignidad
humana.
2.- Que asi pierde su derecho a la verdadera libertad,

¿Los Papas han confirmado esta enseñanza?
El Papa León Xlll enseña en su Encíclica Immortale Dei: Si la inteligencia se adhiere a ideas falsas, si la voluntad escoge el mal y se liga a él, ni la una ni la otra alcanzan su perfección toda vez que decaen de su dignidad nativa y se corrompen
No se permite entonces poner al día y exponer a los ojos de los hombres lo que es contrario a la
virtud y a la verdad, y menos aún de poner esta licencia bajo el amparo de las leyes.

¿Qué consecuencia se saca en cuanto al texto del Concilio Vaticano II?

EI Padre Berto explicaba, en el curso mismo del Concilio: Se considera de una manera inadecuada y de hecho insuficiente la dignidad de la persona
humana si se considera solamente en su raiz (el simple hecho de estar dotado de razón y de
voluntad libre). La dignidad de la persona humana adecuadamente considerada exige que se tengan en cuenta sus actos [..]. El hombre ignorante y el culto no tienen la misma dignidad; y sobre todo la dignidad no es igual en el hombre que se adhiere a la verdad del que se adhiere al error, del que quiere el bien y el que quiere el mal. Los redactores, que han armado todo su esquema sobre una noción inadecuada de la dignidad de la persona humana, han por este hecho presentado un trabajo deforme y de una extraordinaria irrealidad; en efecto, que se vea o no, hay, entre las personas humanas
adecuadamente consideradas inmensas diferencias de dignidad. y eso es tanto de más verdadero cuando se trata del esquema sobre la libertad religiosa; es evidente que la ibertad religiosa conviene a la persona no por su dignidad radical, sino por su dignidad operativa, y así la libertad no puede ser la misma tratándose de un niño que de un adulto, o de un ignorante y un hombre culto de un poseso del demonio y de quien el Espíritu Santo inspira.

Esta dignidad, que llamamos operativa no pertenece al ser fisico, sino al orden intencional
(el orden del conocimiento y de la voluntad). La negligencia de éste elemento intencional, a saber
la ciencia y la virtud, es, dentro del esquema, un error muy grave. [.]

Monseñor Lefebvre escribe también: En la medida en que el hombre se adhiere al error o se liga al mal, pierde su dignidad terminal o no la alcanza y no se puede fundar nada sobre ella.

Oración del jueves de Pasión: Præsta, quæsumus, omnipotens Deus, ut dignitas conditionis humanæ per immoderatiam sauciata, medicinalis parsimoniæ studio reformetur.

Homo, peccando, ab ordine rationis recedit; et ideo decidit a dignitate humana, prout scilicet homo est naturaliter liber, et propter seipsum existens; et incidit quodammodo in servitutem bestiarum [..] l1-1I q. 64, a. 2 ad

*Es así que Santo Tomás justifica la pena de muerte para ciertos criminales.

Si mens assentiatur opinionibus falsis,si malum voluntas adsumat et ad id se applicet, perfectionem sui neutra consequitur, sed excidunt dignitate naturali et in corruptelam ambæ delebantur. Quæcumque sunt igitur virtuti veritati
contraria ea in luce atque in oculis hominum ponere non est æquum: gratia tutelave legum defendere multo minus. LEON
Xll, encíclica Immortale Dei (1° de noviembre de 1885), EPS-PIN 149.

Padre BERTO, ibid. P. 387-388. Monseñor Lefebvre desarrolla exactamente la misma idea en sus Dubia sobre la libertad religiosa remitida en octubre de 1985 a la Congregación para la Doctrina de la Fe. (Monseñor Marcel LEFEBVRE, Mis dudas sobre la libertad religiosa, Étampes, Clovis, 2000, p. 43-47, 56-60, 133-134):

Monseñor Marcel LEFEBVRE, Le Destronaron, Fideliter, 1987, p.192. Esta obra es sin duda el estudio de mayor profundidad sobre la libertad religiosa

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O se es, o no se es



Lo que dice Protágoras no difiere de lo que precede. En efecto, Protágoras pretendía que el hombre es la medida de todas las cosas, lo cual quiere decir simplemente que todas las cosas son, en realidad, tales como a cada uno le parecen. Si así fuera, resultaría que la misma cosa es y no es, es a la vez buena y mala, y que las demás afirmaciones opuestas son igualmente verdaderas, pues muchas veces la misma cosa parece buena a éstos, mala a aquéllos, y que lo que a cada uno parece es la medida de las cosas. Para resolver esta objeción basta examinar cuál ha podido ser el principio de doctrina semejante. Unos la han profesado por haber adoptado el sistema de los físicos, y en otros ha nacido de ver que no forman todos los hombres el mismo juicio sobre las mismas cosas; así que tal sabor que parece dulce a los unos, parece a los otros tener la cualidad contraria. Un punto de doctrina común a casi todos los físicos es que nada viene del no-ser, y que todo viene del ser. Lo no-blanco, es cierto, viene de lo que es completamente blanco, de lo que no es en ninguna parte no blanco. Pero cuando hay producción de lo no blanco, lo no-blanco, según ellos, debería provenir de lo que es no-blanco, de donde se sigue, en la hipótesis dicha, que vendría algo del no-ser, a menos que el mismo objeto sea a la vez blanco y no-blanco. Esta dificultad es fácil de resolver. Hemos dicho en la Física cómo lo que es producido viene del no-ser y cómo del ser. Por otra parte, dar crédito igualmente a las opiniones y a las falsas aprensiones de los que están en desacuerdo sobre los mismos objetos, es una pura necedad. Evidentemente, es de toda necesidad que unos u otros estén en el error; verdad que se muestra con toda claridad si se considera lo que tiene lugar en el conocimiento sensible. En efecto, jamás la misma cosa parece dulce a unos, amarga a otros, a menos que en los unos el sentido, el órgano que juzga de los sabores en cuestión, esté viciado o alterado. Y si es así, es preciso admitir que unos son y otros no son la medida de las cosas. Esto lo digo igualmente para lo bueno y lo malo, para lo bello y lo feo y demás objetos de este género. Profesar la opinión de que se trata es creer que las cosas son tales como parecen a los que comprimen el párpado inferior con el dedo, y hacen así que un solo objeto les parezca doble; es creer que hay dos objetos porque se ven dos, y en seguida que no hay más que uno, porque los que no ponen la mano en el ojo no ven más que uno. Por otra parte, es absurdo formar juicio sobre la verdad al tenor de los objetos sensibles que vemos que mudan sin cesar y no persisten nunca en el mismo estado. En los seres que permanecen siendo siempre los mismos, y no son susceptibles de ningún cambio, es donde debe buscarse la verdad. Tales como los cuerpos celestes. No aparecen tan pronto con estos caracteres como con otros; son siempre los mismos, y no experimentan ninguna mudanza. Además, si el movimiento existe; si algo se mueve, siendo todo movimiento el tránsito de una cosa a otra, es preciso, en el sistema que nos ocupa, que lo que se mueve esté aún en aquello de donde procede y no esté; que esté en movimiento hacia tal fin, y que al mismo tiempo haya llegado ya a él. De no ser así, la negación y la afirmación de una cosa no pueden ser verdaderas al mismo tiempo. Además, si los objetos sensibles están en un flujo y en un movimiento perpetuo bajo la relación de la cantidad, o si por lo menos se admite esto, aunque no sea verdadero, ¿por qué la razón la cualidad no habrá de persistir? Porque una de las razones que han obligado a admitir que las proposiciones contradictorias son verdaderas al mismo tiempo, es el suponer que la cantidad no subsiste la misma en los cuerpos, porque un mismo cuerpo tiene ahora cuatro codos y más tarde no. La cualidad es lo que distingue la forma sustancial, la naturaleza determinada; la cantidad afecta a lo indeterminado. No para en esto. ¿Por qué cuando su médico les ordena que tomen tal alimento, toman este alimento? ¿Qué más razón hay para creer que esto es pan que para creer lo contrario? Y entonces será indiferente comer o no comer. Y, sin embargo, toman el alimento convencidos de que el médico ha afirmado algo que es verdad y que lo conveniente es el alimento que ha ordenado. Y, no obstante, no deberían creerle si no hay una naturaleza invariable en los seres sensibles; si todos, por el contrario, están en un movimiento, en un flujo perpetuo. Por otra parte, si nosotros mismos mudamos continuamente; si no permanecemos siendo ni un solo instante los mismos, ¿es extraño que no formemos el mismo juicio sobre los objetos sensibles, que nos parezcan diferentes cuando estamos enfermos? Los objetos sensibles, bien que no parezcan a los sentidos los mismos que antes, no han experimentado por esto un cambio; no producen las mismas sensaciones y sí sensaciones diferentes a los enfermos, porque éstos no se encuentran en el mismo estado, en la misma disposición que cuando están sanos. Lo mismo sucede necesariamente en el cambio de que hablamos antes. Si no mudáramos, si permaneciésemos siempre los mismos, los objetos persistirían para nosotros. En cuanto a aquellos que, valiéndose del razonamiento, han suscitado las objeciones precedentes, no es fácil convencerles si no admiten algún principio respecto del que no exijan la razón. Porque toda prueba, toda demostración, parte de un principio de este género. El no admitirlo es suprimir toda discusión, y por consiguiente toda prueba. Para tales gentes no hay pruebas que alegar. Pero los que sólo dudan, en razón de las dificultades de que acabamos de hablar, es fácil disipar su incertidumbre y descartar de su espíritu lo que constituye su duda. Esto es evidente conforme a lo que hemos dicho antes. De aquí resulta claramente que las afirmaciones opuestas no pueden ser verdaderas al mismo tiempo del mismo objeto; que los contrarios tampoco pueden encontrarse simultáneamente, puesto que toda contrariedad contiene una privación, de lo que puede uno asegurarse reduciendo a su principio las nociones de los contrarios. En igual forma, ningún término medio puede afirmarse sino de un solo y mismo ser: supongamos que el sujeto sea blanco; si decimos que no es blanco ni no-blanco, incurriremos en error, porque resultaría de aquí que el mismo objeto sería blanco y no lo sería. Sólo uno de los dos términos comprendidos a la vez en la expresión podrá afirmarse del objeto; será, si se afirma lo no-blanco, la negación de lo blanco. No se puede, por tanto, estar en la verdad admitiendo el principio de Heráclito o el de Anaxágoras; sin esto podrían afirmarse los contrarios del mismo ser. Porque cuando Anaxágoras sostiene que todo está en todo, dice que lo dulce, lo amargo y todos los demás contrarios se encuentran en ello igualmente, puesto que todo está en todo, no sólo en potencia, sino en acto y distintamente. No es posible tampoco que todo sea verdadero y todo falso; en primer lugar a causa de los numerosos absurdos a que conduce esta hipótesis, según hemos dicho; y luego porque, si todo es falso, no se estará en lo verdadero, al afirmar que todo es falso; en fin, porque si todo es verdadero, el que diga que todo es falso, no dirá una cosa falsa.

Metafísica. Aristóteles

Soy tan pobre



Evangelio según san Mateo, 8: 14- 15 Y habiendo llegado Jesús a la casa de Pedro, vio a su suegra que yacía en cama, y con fiebre: Y le tocó la mano, y la dejó la fiebre, y se levantó, y los servía. (vv. 14- 15)

Cómo es que quieres seguirme por las riquezas y las ganancias del mundo, cuando yo soy tan pobre que no tengo albergue ninguno, ni techo que pueda llamar mio?

San Jerónimo

Tom Holland

San Juan Bosco

Mientras más tiempo te alejes de La Comunion , más débil se hará tu alma y al final te será peligrosamente indiferente

San Juan Bosco

Oración

Es bueno caminar por la fuerza de su Amor en sentido contrario a nuestras inclinaciones, sin Otro placer ni contento sino el de no tener ninguno

Evangelio

San Mateo 13:31-35
Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.» Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.» Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Abriré con parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

Palabra de Dios

Te seguiré adonde quiera que fueres


Evangelio según san Mateo, 8: 14- 15 Y habiendo llegado Jesús a la casa de Pedro, vio a su suegra que yacía en cama, y con fiebre: Y le tocó la mano, y la dejó la fiebre, y se levantó, y los servía. (vv. 14- 15)

Qué es lo que sucedió entre tanto que Jesús
mandó y se verificó el embarque, el evangelista
procuró manifestarlo, cuando añade:»Y llegándose
a El un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré adonde
quiera que fueres»

Remigio

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Oración

Es preciso darlo todo para tenerlo todo; el amor divino no sufre mezcla de cosa alguna

Evangelio

San Lucas 19:1-10
Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»

Palabra de Dios