» Se aceptaba la denuncia de cualquiera». Cierto, pero debía probar que decía la verdad. Los testigos eran sometidos al mismo rigor que el acusado, de modo que si se comprobaba que la acusación era falsa, la pena era análoga a la que hubiese recibido el hereje en caso de encontrarlo culpable
Prueba de esto es el caso ocurrido en Narbona en 1 328, donde.cuatro falsos testigos fueron condenados a prisión; también en Pamiers en 1329, se estableció para los falsos testigos no solo la prisión, sino también la indemnización del acusado
Que no te la cuenten 1: La falsificación de la historia. Javier P. Olivera Ravasi
Es evidente que existe un primer principio y que no existe ni una serie infinita de causas, ni una infinidad de especies de causas. Y así, desde el punto de vista de la materia, es imposible que haya producción hasta el infinito; que la carne, por ejemplo procede de la tierra, la tierra del aire, el aire del fuego, sin que esta cadena se acabe nunca. Lo mismo debe entenderse del principio del movimiento; no puede decirse que el hombre ha sido puesto en movimiento por el aire, el aire por el Sol, el Sol por la discordia, y así hasta el infinito. En igual forma, respecto a la causa final, no puede irse hasta el infinito y decirse que el paseo existe en vista de la salud, la salud en vista del bienestar, el bienestar en vista de otra cosa, y que toda cosa existe siempre en vista de otra cosa. Y, por último, lo mismo puede decirse respecto a la causa esencial.
Toda cosa intermedia es precedida y seguida de otra, y la que precede es necesariamente causa de la que sigue. Si con respecto a causa, aIlamos que a tres cosas, se nos preguntase cuál es la causa, diríamos primera. Porque no puede o Porque no puede ser la última, puesto que lo que está al fin no es causa de nada. Tampoco puede ser la intermedia, porque sólo puede ser causa de una sola cosa. Poco importa
Evangelio según san Mateo, 6: 13- 13 «Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos de mal. Amén». (v. 13)
Cualesquiera otras palabras que digamos, que forman los afectos del que ora, o precediendo para que resplandezcan, o siguiendo para que crezcan, nada podemos añadir que no esté comprendido en esta oración dominical, si la decimos recta y convenientemente. El que dice, pues, como el Eclesiástico: «Date a conocer a todas las gentes, como te has dado a conocer a nosotros» ( Eclo 36,4), čqué otra cosa dice, sino el que sea santificado tu nombre? El que dice: «Dirige mis pasos según tu palabra» ( Sal 118,133), como David, qué otra cosa dice más.que «hágase tu voluntad»? El que dice: «Maniféstanos tu faz y.seremos salvos» ( Sal 79,4 ), iqué otra cosa dice sino que «venga a nos tu reino»? El que dice: «No me des pobreza y riqueza» (Prov 30,8), como el autor de los proverbios, čqué otra cosa dice sino «el pan nuestro de cada día dánosle hoy»? El que dice: «Señor, acuérdate de David y de toda su mansedumbre» ( Sal 131,1) y: «Si pagué con mal a los que me lo hacían» ( Sal 7,5 ), qué otra cosa dice más que «perdónanos nuestras deudas, como perdonamos a nuestros deudores»? El que dice: Retira de mí las concupiscencias de la carne» (Ecle 23), como el Eclesiástico, iquénotra cosa dice más que «no nos dejes caer en la tentación»? El que dice: «Librame de mis enemigos, Dios mio» ( Sal 58,2 ), como David, čqué otra cosa dice más que lbranos de todo mal? Y si recorres todas las palabras de todas las preces santas, ninguna cosa encontrarás que ya no esté comprendida en la oración dominical,
Cualquiera que dice una cosa que no pertenezca a esta oración, ora por afectos carnales, lo cual no sé cómo no se diga ilícitamente, cuando a los regenerados no se les enseña a orar sino espiritualmente. El que dice en su oración: «Señor multiplica mis riquezas, y aumenta mis honores», y esto lo dice teniendo deseos de ellos, no fijándose en que pueda aprovechar a los hombres según desea Dios, creo que no podrá encontrar en la oración dominical es algo que pueda adaptarse a esta clase de oración. Por ello, se avergüenza de pedir, acaso,lo que no puede desear. Y si de esto se avergüenza y la codicia vence, pedirá mejor que esto, que también le libre de este mal de la codicia, a Aquel a quien decimos: «Líbranos de mal»
Dignaos, Señor, mirarlos con rostro propicio y sereno; y aceptarlos como os dignasteis aceptar los dones de vuestro siervo el justo Abel, y el sacrificio de nuestro Patriarca Abraham, y el que os ofreció vuestro sumo sacerdote Melquisedec, sacrificio santo y hostia inmaculada.
San Mateo 24:3-13 Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a él en privado sus discípulos, y le dijeron: «Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será el signo de tu venida y del fin del mundo.» Jesús les respondió: «Mirad que no os engañe nadie. Porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: `Yo soy el Cristo’, y engañarán a muchos. Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis! Porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin. Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá en diversos lugares hambre y terremotos. Todo esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento. «Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos. Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de muchos se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
Evangelio según san Mateo, 6: 13- 13 «Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos de mal. Amén». (V. 13)
Como nos había hecho solícitos el recuerdo de nuestro enemigo el demonio, cuando el Señor nos enseñó a decir: «Líbranos de mal»,.otra vez nos da a conocer su atrevimiento en estas palabras que se encuentran en algunos libros griegos: «Puesto que suyo es el reino, y la virtud, y la gloria». Siel reino es suyo, nada tenemos que temer, porque quien pelea contra nosotros también le está subordinado. Siendo, pues, suya la virtud y la gloria infinita,.no solamente puede librarnos de todo mal, sino también concedernos su gloria
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 19,6
Os ofrecemos, Señor, el Cáliz de Salvación, suplicando a vuestra clemencia que en suave olor ascienda a la presencia de vuestra divina Majestad, por nuestra salvación y la de todo el mundo. Amén.
San Mateo 16:13-19 Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»
Evangelio según san Mateo, 6: 13- 13 Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos de mal. Amén». (v. 13).
Todo esto pertenece a las cosas que preceden. Cuando dice: «Tuyo es el reino», corresponde a aquello que había dicho: «Venga tu reino», para que no haya alguno que diga: «Luego Dios no tiene reino en la tierra»; y en cuanto dice: «y la virtud», corresponde a aquello que había dicho: «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo», para que no haya quien diga que Dios no puede hacer todo lo que quiere, y en cuanto dice: Y la gloria», responde a todo lo que sigue en lo que aparece la gloria de Dios.
Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom, 14
Tomad y bebed todos de él: PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DEL NUEVO Y ETERNO TESTAMENTO; MISTERIO DE LA FE; SANGRE QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR MUCHOS PARA PERDÓN DE LOS PECADOS
HIC EST ENIM CALIX SANGUINIS MEI, NOVI ET ÆTERNI TESTAMENTI: MYSTERIUM FIDEI: QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDETUR IN REMISSIONEM PECCATORUM