Evangelio

San Mateo 23:34-39
Por eso, he aquí que yo envío a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad, para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el Santuario y el altar. Yo os aseguro: todo esto recaerá sobre esta generación. «¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa. Porque os digo que ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!»

Palabra del Señor

Oración

Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros

Evangelio

San Juan 1:1-14
En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada Lo que se hizo en ella era la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre, viniendo a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre sino que nacieron de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, lleno de gracia y de verdad.

Palabra del Señor

Ahhh, pero no es un problema de gęnėrø



Fuente: «Radiografía de los sin techo» (El Mundo)

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/04/14/espana/1302765988.html

¿Cuáles son las consecuencias morales de una crisis de la fe?



– Si la fe desaparece, el hombre, no creyendo mas ser llamado a la perfección moral y a la vida eterna cerca de Dios, se entregará ventajosamente al placer desordenado de esta vida

El argumento cosmológico



1. Hallamos que en el mundo sensible hay un orden de causas eficientes que se encuentran subordinadas entre sí, siendo que cada efecto tiene una causa,.

2. Pero no se da, ni tampoco puede darse, que una cosa sea su propia causa pues en tal caso debería ser anterior a sí misma,lo cual es imposible.

3. Ahora bien, tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de causas eficientes, porque siempre hay causas subordinadas que dependen del influjo de todas las que las preceden y, puesto que, suprimida una causa, se suprime el efecto, si no existiese una
que sea la primera, tampoco existiría la intermedia ni la última, ni efecto alguno, cosa falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que exista una Primera causa que no sea a su vez causada.

4. Esta Primera causa que no es causada por ninguna otra y a la que están subordinadas todas las demás causas es que todos conocemos con el nombre de Dios.

5. Luego, Dios existe

Dame de ese Pan cotidiano



Evangelio según san Mateo, 6: 1 1- 11 «El pan nuestro que excede toda sustancia, dánosle hoy». (v. 11)

Debe considerarse, pues, que, después de decir: «Hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» (como hablaba a hombres que vivían en la tierra, vestidos de carne y como no pudiesen tener la misma impasibilidad que los ángeles) condesciende con nuestra debilidad, que indispensablemente necesita de alimento, y nos mandó hacer oración para obtener el pan, no para obtener dinero ni las cosas propias de la malicia, sino solamente el pan cotidiano y ni aun esto es suficiente, sino que añadió: «Dánosle hoy», con el objeto de
que no nos mortifiquemos a nosotros mismos con la solicitud del día que ha de venir

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 19,5

San Francisco ante el primer pesebre de Navidad



Unos quince días antes de Navidad, Francisco dijo: “Quiero evocar el recuerdo del Niño nacido en Belén y de todas las penurias que tuvo que soportar desde su infancia. Lo quiero ver con mis propios ojos, tal como era, acostado en un pesebre y durmiendo sobre heno, entre el buey y la mula…”

Llegó el día de alegría… Convocaron a los hermanos de varios conventos de los alrededores. Con ánimo festivo la gente del país, hombres y mujeres, prepararon, cada cual según sus posibilidades, antorchas y cirios para iluminar esta noche que vería levantarse la Estrella fulgurante que ilumina a todos los tiempos. En llegando, el santo vio que todo estaba preparado y se llenó de alegría. Se había dispuesto un pesebre con heno; había un buey y una mula. La simplicidad dominaba todo, la pobreza triunfaba en el ambiente, toda una lección de humildad. Greccio se había convertido en un nuevo Belén. La noche se hizo clara como el día y deliciosa tanto para los animales como para los hombres. La gente acudía y se llenaba de gozo al ver renovarse el misterio. Los bosques saltaban de gozo, las montañas enviaban el eco. Los hermanos cantaban las alabanzas al Señor y toda la noche transcurría en una gran alegría. El santo pasó la noche de pie ante el pesebre, sobrecogido de compasión, transido de un gozo inefable. Al final, se celebró la misa con el pesebre como altar y el sacerdote quedó embargado de una devoción jamás experimentado antes.

Francisco se revistió de la dalmática, ya que era diácono, y cantó el evangelio con voz sonora…Luego predicó al pueblo y encontró palabras dulces como la miel para hablar del nacimiento del pobre Rey y de la pequeña villa de Belén

Tomás de Celano (c.1190 – c. 1260), biógrafo de San Francisco y de Santa Clara
Vita Prima de san Francisco, § 84-86

Oración

¡Oh Dios!, que todos los años nos alegras con la esperanza de nuestra redención: de la misma manera que ahora acogemos gozosos a tu Hijo como Redentor, concédenos que en su venida como juez lo recibamos también confiados

Evangelio

San Mateo 1:18-21
El origen de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.»

Palabra del Señor