La Inmaculada Concepción

Para ser la Madre del Salvador, María fue «dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante» (LG 56). El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como llena de gracia (Lc 1, 28). En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio deSigue leyendo «La Inmaculada Concepción»

Vida Consagrada

El foro, la Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada, este año ha hablado sobre la búsqueda de Dios en el arte, en la liturgia o en el compromiso social, tanto en la tradición del cristianismo occidental, como en Oriente. Con todo, un punto de partida esencial es que la principal fuente de belleza paraSigue leyendo «Vida Consagrada»

Dios salva

Jesús quiere decir en hebreo: «Dios salva». En el momento de la anunciación, el ángel Gabriel le dio como nombre propio el nombre de Jesús que expresa a la vez su identidad y su misión (cf. Lc 1, 31). Ya que «¿quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?»(Mc 2, 7), es Él quien, en Jesús,Sigue leyendo «Dios salva»

Protoevangelio

Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón” Génesis 3,15 La Inmaculada Concepción, Giovanni Battista Tiepolo, 1767-1769

Virgen María

Sólo la fe puede adherir a las vías misteriosas de la omnipotencia de Dios. Esta fe se gloría de sus debilidades con el fin de atraer sobre sí el poder de Cristo (cf 2 Co 12,9; Flp 4,13). De esta fe, la Virgen María es el modelo supremo: ella creyó que «nada es imposible paraSigue leyendo «Virgen María»

Trinidad

El origen eterno del Espíritu se revela en su misión temporal. El Espíritu Santo es enviado a los Apóstoles y a la Iglesia tanto por el Padre en nombre del Hijo, como por el Hijo en persona, una vez que vuelve junto al Padre (cf. Jn 14,26; 15,26; 16,14). El envío de la persona delSigue leyendo «Trinidad»

Apóstoles

Los Apóstoles confiesan a Jesús como «el Verbo que en el principio estaba junto a Dios y que era Dios» (Jn 1,1), como «la imagen del Dios invisible» (Col 1,15), como «el resplandor de su gloria y la impronta de su esencia» Hb 1,3).