Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—;el que me sigue tendrá la luz de la vida.Aleluya, aleluya, aleluya. EVANGELIOMt 7, 6. 12-14. Lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo con ellos. Lectura del santo Evangelio según San Mateo. EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:«No deis loSigue leyendo «Evangelio»

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.La palabra de Dios es viva y eficaz;juzga los deseos e intenciones del corazón.Aleluya, aleluya, aleluya. EVANGELIOMt 7, 1-5. Sácate primero la viga del ojo. Lectura del santo Evangelio según san Mateo. EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, ySigue leyendo «Evangelio»

Los que están sometidos a la autoridad

deben mirar a sus superiores como representantes de Dios que los ha instituido ministros de sus dones (cf Rm 13, 1-2): “Sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana. Obrad como hombres libres, y no como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad, sino como siervos de Dios” (1 PSigue leyendo «Los que están sometidos a la autoridad»

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí —dice el Señor—;y vosotros daréis testimonio.Aleluya, aleluya, aleluya.EVANGELIOMt 10, 26-33. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo. Lectura del santo Evangelio según san Mateo. EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, queSigue leyendo «Evangelio»

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre,para enriqueceros con su pobreza.Aleluya, aleluya, aleluya. EVANGELIOMt 6, 24-34. No os agobiéis por el mañana. Lectura del santo Evangelio según san Mateo. EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:    «Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario,Sigue leyendo «Evangelio»

Las autoridades en la sociedad civil

El cuarto mandamiento de Dios nos ordena también honrar a todos los que, para nuestro bien, han recibido de Dios una autoridad en la sociedad. Este mandamiento determina tanto los deberes de quienes ejercen la autoridad como los de quienes están sometidos a ella.