¿Jesús fue un zelote o Dios?(Y la más vergonzosa entrevista de todos los tiempos)


Jesús no fue Dios ni nada por el estilo, en realidad fue un “zelote”, es decir, un judío nacionalista revolucionario en contra del imperio romano y de los líderes judíos de la época a quienes acusó de no tener “celo de Dios”. De este modo, Jesús propugnaba la rebelión violenta contra Roma y esa fue la verdadera razón por la que lo crucificaron. Luego de su muerte y dado el difícil contexto, sus seguidores buscaron presentarlo como una especie de “pacifista” preocupado solamente en lo espiritual y fue allí donde recién se inventó la idea de divinidad de Jesús, defendida principalmente por Pablo quien “paganizó” el Cristianismo. A ello, por supuesto, se opusieron apóstoles como Pedro y Santiago que pertenecían a la tendencia propiamente “judía” contraria a la idea de divinidad de Jesús. Por otra parte, los Evangelios fueron escritos tardíamente, así que todos aquellos pasajes que parecerían presentar un Jesús “pacifista” o “divino” solo serían producto de la manipulación posterior que se hizo respecto de la verdadera identidad, dichos y actos de Jesús.

Respuesta: Básicamente esta objeción es la que presenta el estudioso musulmán Reza Aslan en su libro El Zelote: La Vida y Época de Jesús de Nazareth. La tesis principal de esta obra es que Jesús fue “un judío revolucionario políticamente consciente que, hace dos mil años, anduvo por la campiña de Galilea, reuniendo seguidores para un movimiento mesiánico con el objetivo de establecer el Reino de Dios, pero cuya misión fracasó cuando, después de una entrada subversiva en Jerusalén y un ataque sin tapujos al templo, fue detenido y ejecutado por Roma, por el delito de sedición” siendo que este fracaso de Jesús llevó “a sus discípulos a la reinterpretación no solo de su misión e identidad, sino también de la verdadera naturaleza del Mesías judío”.

Por tanto, de acuerdo con Aslan, Jesús no sería de ningún modo “Dios” sino que simplemente fue “convertido en Dios” durante ese proceso de reinterpretar su identidad que llevaron a cabo sus seguidores luego de su muerte, siendo Pablo el principal propugnador de la noción de divinidad de Cristo y por causa de lo cual entró en continuas disputas con los otros apóstoles, principalmente Pedro y Santiago, que sí estaban más en línea con la tradición judía. Pues bien, el hecho de que El Zelote se haya convertido en un boom en ventas es clara muestra de cómo, gracias al sensacionalismo, un libro lleno de falacias se puede hacer pasar como un trabajo académico consistente y serio.

El punto clave en esto fue la, hay que decirlo, estúpidamente agresiva entrevista que se hizo a Reza Aslan en Fox News donde se pretendió descalificarlo por ser musulmán a la vez que se cuestionaron sus créditos académicos. Incurrir en tales ad hominem solo hizo quedar muy mal a la cadena de noticias (incluso se extendió mucho por Internet un post titulado “¿ Es esta la más vergonzosa entrevista que Fox News ha hecho jamás?”) y disparó desmesuradamente las ventas de El Zelote (significativamente, en Los Angeles Times se publicó un artículo titulado “El libro sobre Jesús de Reza Aslan es nº 1 entre los best- sellers, gracias a Fox News”).

Gran idiotez: atacar personalmente a un autor no hace nada para refutar las ideas de su libro. Nosotros, en cambio, sí interactuaremos directamente con los planteamientos de Aslan mostrando las muchas falacias en que incurre las cuales, a decir verdad, son tantas que es difícil saber por dónde empezar.

Pero, bueno, comencemos señalando que Aslan cae en una gran falacia de envenenar el pozo. Sucede que él no cuenta ni con un solo documento antiguo que avale su postura (en efecto, no se halla manuscrito que diga explícitamente que Jesús fue un zelote) y, por tanto, lo único que tiene son sus arbitrarias interpretaciones y extremas especulaciones. Sin embargo, como hemos visto, existe un conjunto de documentos antiguos que contradicen abiertamente la postura de Aslan planteando a Jesús como divino, a saber: el Nuevo Testamento, especialmente los Evangelios. Entonces lo que hace Aslan es simplemente decir que estos documentos no son históricamente fiables y, como no podría ser de otro modo para defender su postura, pone las fechas más tardías posibles para los Evangelios: luego del año 70 para Marcos, entre el 90 y 100 para Mateo y Lucas, y entre el 100 y 120 para Juan.. Pero en el capítulo anterior ya hemos argumentado suficientemente la fiabilidad histórica general del Nuevo Testamento y que los Evangelios serían más tempranos de lo que sostiene Aslan habiendo evidencia específica de que Marcos se habría escrito en torno al año 50 y Lucas en torno al año 60.

Pero ni siquiera es necesario apelar a eso pues incluso las fechas que refiere Aslan, que son las más tardías posibles, son bastante tempranas para documentos dentro de los estándares de la historia antigua. Así que Aslan tiene que reevaluar sus prejuicios teológicos pues los Evangelios pasan los estándares científicos. Es más, como ha argumentado persuasiva y detalladamente David Bauckham en su libro Jesús y los Testigos Oculares, los relatos de los Evangelios en lugar de ser “manipulaciones tardías” están inextricablemente basados en el testimonio ocular de quienes conocieron a Jesús. Aslan simplemente no interactúa con esto pese a la gran relevancia académica de Bauckham en este tópico. Asimismo, tenemos que Aslan comete una grosera falacia del embudo. Cuando halla pasajes en los Evangelios que parecen avalar su postura, como aquel en que Jesús dice “no he venido a traer la paz sino la guerra” (Mateo 10: 34), sí los toma como “históricamente fiables” y les da la interpretación más literalista posible siendo todavía perfectamente coherentes e incluso mucho más plausibles otras interpretaciones mejor contextualizadas en términos espirituales o de enseñanza moral. En cambio, cuando se trata de pasajes que evidentemente contradicen su postura, los desdeña como “históricamente no fiables” y les da la interpretación más laxa posible.

Examinemos algunos de estos, teniendo como trasfondo la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento, para ver si sale bien parada la tesis de Aslan:

– “Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele la otra” (Mateo 5: 39): ¿Acaso un zelote movido por la venganza contra Roma podría decir tal cosa?

– “Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen” (Mateo 5: 44): ¿No es esta una intención demasiado incoherente de parte de alguien que supuestamente lidera un grupo de judíos para “cortarles el cuello” a los romanos?

– “Guarda tu espada, porque quien a espada mata, a espada muere” (Mateo 26: 52): ¿Es posible que diga eso quien propugna la revolución violenta?

“Mi Reino no es de este mundo” (Juan 18: 36): ¿Pero acaso un zelote no busca reestablecer Israel en términos específicamente político- militares, es decir, mundanos?

Por si lo anterior fuera poco tenemos que, empecinado en su absurda tesis, Aslan cae en una falacia de conclusión desmesurada. Él dice que “la noción de que el líder de un movimiento mesiánico popular que clamaba por la imposición del ´ Reino de Dios ´ (…) podría haber permanecido ajeno al fervor revolucionario que había cautivado a prácticamente todo judío en Judea es simplemente ridícula”. Con esto Aslan quiere implicar que, dado su contexto histórico, Jesús tuvo que ser necesariamente (o al menos probabilísimamente) afín al movimiento político- revolucionario contra Roma. Pero es precisamente tal conclusión la que es “simplemente ridícula” pues las premisas no son ni de lejos suficientes para justificarla. De ahí que Aslan necesite exagerar sistemáticamente. Es cierto que hubo varios revolucionarios judíos contra Roma, pero no eran “incontables” como pretende Aslan. Asimismo, había muchos judíos que simpatizaban con movimientos revolucionarios nacionalistas, pero resulta una exageración grosera (si es que no una abierta falsedad) decir que “prácticamente todo judío” estaba cautivado por ello cuando es bien conocido que existían grupos con posturas diferentes, incluyendo pacifistas.

A su vez Aslan comete una falacia de causa simple. De acuerdo con él si Jesús fue crucificado ello se habría debido a que fue culpable del crimen de sedición violenta contra Roma. Pero esa es una visión muy simplista pues, como señala el académico Greg Carey, simplemente “la crucifixión muestra que los romanos vieron a Jesús como una amenaza para el orden público (…). Uno no tenía que ejercer la violencia para experimentar la furia romana. La comunidad del Qumrám pudo haber participado en una guerra santa pero no tenemos evidencia de que hayan marchado a la batalla alguna vez. De lo que sí tenemos evidencia arqueológica firme es de que los romanos destruyeron su comunidad en el año 68.

En otras palabras, Jesús no necesitó haber promovido la violencia para que los romanos lo vean como un peligro” (40). Ergo, existe otra explicación causal para la crucifixión más acorde a la evidencia específica:

que, al proclamarse como Mesías, es decir, como “Rey de los Judíos” (precisamente lo que decía el letrero sobre su cabeza el día de la crucifixión), Jesús bien podría ser percibido por los romanos como negando la autoridad del César y alterando el orden público. No había necesidad de que fuere un revolucionario violento. No obstante, Aslan, empecinado con su teoría de que Jesús fue un zelote, dirá que luego de su crucifixión “comenzó el largo proceso de transformar a Jesús de un judío nacionalista revolucionario a un líder espiritual pacifista con ningún interés en asunto mundano alguno. Ese era un Jesús que los romanos podían aceptar, y que de hecho aceptaron tres siglos más tarde cuando el emperador Romano Flavio Teodosio (fallecido en el 395) hizo del movimiento del predicador judío itinerante la religión oficial del Estado”.

Esta es una clara muestra de cómo con tal de sostener sus prejuicios alguien puede llegar a realizar afirmaciones totalmente descabelladas. Y es que es una absoluta estolidez decir que el Jesús que presentaban los cristianos era uno “que los romanos podían aceptar” y mayor estolidez aún decir que la Iglesia primitiva inventó esa versión “para evitar la cólera de Roma”. Los cristianos proclamaban como Dios, Mesías y Señor a alguien que había sido crucificado por los romanos en un contexto en que debían reconocer como absoluto, e incluso como divino, al César. ¿Acaso eso no les traería problemas? Y por supuesto que se los trajo: fueron brutalmente perseguidos y masacrados ¡durante tres siglos! Que Aslan apele a que luego de ese período llegó a oficializarse el Cristianismo es totalmente fuera de lugar pues los primeros cristianos no defenderían, con la muy certera y real persecución presente implicada, a un Jesús que solo sería aceptado por los romanos en un muy incierto e hipotético futuro.

Finalmente, tenemos que Aslan comete una tremenda falacia de premisa falsa por cuanto se basa en la idea de que Pablo prácticamente “inventó” la noción de divinidad de Jesús y estuvo en fuerte disputa con los demás apóstoles por ello cuando esto es demostrablemente falso.

Primero, porque, tal como hemos visto especialmente con el “método de los hechos mínimos” de Habermas, hay claras afirmaciones del Jesús histórico clamando divinidad que, por supuesto, son anteriores a la entrada en escena de Pablo.

Segundo, porque se hallan afirmaciones y/ o alusiones a la divinidad de Jesús en varias fórmulas y credos prepaulinos siendo uno de los ejemplos más claros el himno que se recoge en Filipenses 2: 6- 11 donde explícitamente se dice que Jesús era de “condición divina” y que “ser igual a Dios” es algo que “le es propio”.

Tercero, porque Pablo, contrariamente a lo que plantea Aslan, procura predicar su mensaje en comunión y acuerdo con los demás apóstoles (cfr. Gálatas 2: 2, 9- 10) y se encuentran claramente en el mismo elementos distintivamente judíos como la proclamación del “Reino de Dios” (cfr. 1 Corintios 6: 9), la referencia a los “héroes de la fe” (cfr. Hebreos 11: 4- 32) y su fuerte énfasis en su identidad hebrea (cfr. 2 Corintios 11: 22 y Filipenses 3: 5).

Cuarto, porque, como correctamente apunta el erudito Craig Evans, las disputas de Pablo y los demás apóstoles “tal como están descritas en el libro de Hechos y en las cartas de Pablo (especialmente Gálatas) se centraron en leyes sobre los alimentos, la observancia del sábado y la circuncisión, no en la divinidad de Jesús” .

O sea, los debates eran sobre cuestiones de administración eclesiástica, no de cristología. De hecho, este último era un punto claro de acuerdo. Por ejemplo, tenemos que Pedro reconoce a Jesús como “el Hijo del Dios vivo” (Mateo 16: 16) y lo llama explícitamente “Dios y salvador” en una de sus cartas (2 Pedro 1: 1). De otro lado, Santiago, cuya carta Aslan reconoce como auténtica con tal de enfatizar las diferencias con Pablo, ve también a Jesús como siendo de rango divino y lo llama “nuestro glorioso Señor Jesucristo” (Santiago 2: 1).

Así que, como concluye Carey, “el viejo modelo de que Pablo ´ inventó ´ la devoción a Jesucristo, particularmente la devoción a un Jesús divino, simplemente no se mantiene”

Reza Aslan, Zealot: The Life and Times of Jesus of Nazareth, Ed. Random House, New York, 2014, p. xxx

Hector Tovar, «Reza Aslan s Jesus book a no 1 bestseller, thanks to Fox News», LoS Angeles Times,July 29,2013

David Bauckham, Jesus and the Eyewitnesses: The Gospels as Eyewitness Testimony, Ed
Eerdmans, Grand Rapids, 2006

Greg Carey, «Reza Aslan on Jesus: A biblical scholar responds», Huffington Post, July 30,
2013

Craig Evans, «Reza Aslan tells an old story about Jesus», Christianity Today, August 9,
2013

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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