Es también Abiá, el Padre Señor: «Uno es vuestro padre que está en los cielos» ( Mt 23,9 ). Y San Juan: «Vosotros me llamáis Maestro y Señor» ( Jn 13,13 ). Es también Asá, el que levanta, el que alza.: «El que quita el pecado del mundo» ( Jn 1,29 ). Es Josafat, el que juzga: «Todo el juicio ha dado al Hijo» ( Jn 5,22 ). Es Joram, e l excelso, el elevado: «Ninguno subió al cielo, sino el que descendió del cielo» ( Jn 3,13 ). Es Ozías, el robusto del Señor: «El Señor es mi fortaleza y mi alabanza» ( Sal 117,14 ). Es Joatam, el consumado, el perfecto según el Apóstol: «Cristo es el fin de la ley» ( Rom 10,4 ). Es Acaz, el que convierte: «Convertíos a mí» ( Zac 1,3)
Remigio
Pobres pecadores
«¿Quién podría santificar a Dios puesto que Él santifica? Inspirándonos nosotros en estas palabras “Sed santos porque yo soy santo” (Lv 20, 26), pedimos que, santificados por el bautismo, perseveremos en lo que hemos comenzado a ser. Y lo pedimos todos los días porque faltamos diariamente y debemos purificar nuestros pecados por una santificación incesante [] Recurrimos, por tanto, a la oración para que esta santidad permanezca en nosotros» (San Cipriano de Cartago, De dominica Oratione, 12)
Oración
El que cumpla la voluntad de mi Padre celestial. Ese entrará en el reino de los cielos
Evangelio
Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.
Aleluya.
EVANGELIO
Mt 6, 1-6.16-18.
Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».
Palabra del Señor.
Violación de la Mishná
reunión con Anás y las posteriores con los sanedritas se realizó después del sacrificio de la tarde, violándose otra prohibición que dice «no se sentarán sino después del sacrificio de la mañana hasta el sacrificio de la tarde» (Talmud, Cap. 1, fol 19); sumado a todo esto tenemos que situarnos en que, esa tarde, era la víspera de la Pascua, fiesta judía por excelencia y la Mishná prohibía tener sesión aún la víspera del sábado o de un día de fiesta. «No juzgarán ni en víspera de sábado ni en la víspera de un día de fiesta» (Mis., Cap. IV, nº 1)
¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi
Santificado sea tu nombre
En el agua del bautismo, hemos sido “lavados [] santificados [] justificados en el Nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1 Co 6, 11). A lo largo de nuestra vida, nuestro Padre “nos llama a la santidad” (1 Ts 4, 7) y como nos viene de Él que “estemos en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros santificación” (1 Co 1, 30), es cuestión de su Gloria y de nuestra vida el que su Nombre sea santificado en nosotros y por nosotros. Tal es la exigencia de nuestra primera petición
Oración
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza
Aleluya, aleluya.
Un mandamiento nuevo os doy, dice el Señor, que os améis lo unos a otros, como yo os he amado.
Aleluya
EVANGELIO
Mt 5, 43-48.
Amad a vuestros enemigos.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestro hermano, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.
Palabra del Señor.
El Nombre de Dios Santo
El Nombre de Dios Santo se nos ha revelado y dado, en la carne, en Jesús, como Salvador (cf Mt 1, 21; Lc 1, 31): revelado por lo que Él es, por su Palabra y por su Sacrificio (cf Jn 8, 28; 17, 8; 17, 17-19). Esto es el núcleo de su oración sacerdotal: “Padre santo por ellos me consagro a mí mismo, para que ellos también sean consagrados en la verdad” (Jn 17, 19). Jesús nos “manifiesta” el Nombre del Padre (Jn 17, 6) porque “santifica” Él mismo su Nombre (cf Ez 20, 39; 36, 20-21). Al terminar su Pascua, el Padre le da el Nombre que está sobre todo nombre: Jesús es Señor para gloria de Dios Padre (cf Flp 2, 9-11)
Oración
Oh Dios misericordioso, que has hecho descender sobre el profeta Eliseo el espíritu de Elías, concédenos también a nosotros, por el don de tu Espíritu, la fuerza de aspirar a la santidad. Por nuestro Señor Jesucristo






