San Mateo 5:38-42
«Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda
Palabra de Dios
Oración de Rut
Rut, la moabita, realiza además el vaticinio de Isaías cuando dice: «Envía, Señor, el Cordero dominador de la tierra, de la piedra del desierto al monte de la hija de Sión» ( Is 16 ). «Y Obed engendró a Jesé»
San Jerónimo, epistula ad Paulinum
Santificado sea tu nombre
En la promesa hecha a Abraham y en el juramento que la acompaña (cf Hb 6, 13), Dios se compromete a sí mismo sin revelar su Nombre. Empieza a revelarlo a Moisés (cf Ex 3, 14) y lo manifiesta a los ojos de todo el pueblo salvándolo de los egipcios: “se cubrió de Gloria” (Ex 15, 1). Desde la Alianza del Sinaí, este pueblo es “suyo” y debe ser una “nación santa” (cf Ex 19, 5-6) (o “consagrada”, que es la misma palabra en hebreo), porque el Nombre de Dios habita en él
A pesar de la Ley santa que le da y le vuelve a dar el Dios Santo (cf Lv 19, 2: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios soy santo”), y aunque el Señor “tuvo respeto a su Nombre” y usó de paciencia, el pueblo se separó del Santo de Israel y “profanó su Nombre entre las naciones” (cf Ez 20, 36). Por eso, los justos de la Antigua Alianza, los pobres que regresaron del exilio y los profetas se sintieron inflamados por la pasión por su Nombre
Oración
S. Antonius de Padua, ora pro nobis
Evangelio
Aleluya, aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo;
todo el que lo encuentra vive para siempre.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mc 4, 26-34.
Es la semilla más pequeña, y se hace más alta que las demás hortalizas.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
EN aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
Dijo también:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
Palabra del Señor.
Reino de Cristo y su Iglesia

Jesús con su venida, estableció un Reino sobre la tierra. En el siglo IV, San Agustín lo indicó acertadamente «La Iglesia es ya ahora el Reino de Cristo y el Reino de los cielos». Un teólogo moderno, el Cardenal Charles Journet, se hizo eco de esto: El Reino está ya en la tierra, y la Iglesia está ya en el cielo. Dejar a un lado la identificación entre la Iglesia y el Reino significaría pasar por alto una importante verdad revelada
Meditaciones sobre los Salmos 92,4 Agustín de Hipona
From Death to Life 1995
La fe es razonable (Scott Hahn)
Quien escucha mi voz

Porque las ayudas humanas son muy variables y pronto se acaban y desaparecen. Pero Cristo ha prometido: «A quienes escuchan mi voz yo les doy vida eterna y no perecerán jamás y nadie les arrebatará de mi mano (Juan 10, 27) Él nos ayuda eficazmente hasta el final
Imitación de Cristo. Tomás de Kempis
Evangelio
Aleluya, aleluya.
Inclina, Dios mío, mi corazón a tus preceptos y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
Aleluya.
EVANGELIO
Mt 5,33-37.
Yo os digo que no juréis en absoluto.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos. «Sabéis que se mandó a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus votos al Señor”. Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
Palabra del Señor.
Anás
el gobierno de la Sinagoga en aquel tiempo se daba de manera conjunta entre Caifás y Anás, siendo, este último, quien gobernaba entre las sombras a causa de su prestigio, riqueza y experiencia. Es Flavio Josefo quien nos dice que Anás llegó a tener en el cargo a sus 5 hijos, además de a su yerno. Era como «el padrino» del rabinato: poseedor de una extraordinaria energía y de un enorme talento diplomático, su influencia entre las castas sacerdotales había permanecido intacta a pesar de haber sido depuesto tiempo atrás. Renan[35], heterodoxo y todo, le endilga directamente la responsabilidad del arresto de Nuestro Señor: «es un hecho perfectamente comprobado que la autoridad sacerdotal, de hecho, estaba sólidamente asentada en manos de Anás. Y es bastante probable que la orden de arresto proviniera de él. Por tanto, es normal que Jesús fuera llevado inmediatamente a presencia de este influyente personaje»[36]
¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi
Rut y Booz
¿Cómo Rut, extranjera, se casó con un judío, y qué razón tuvo el evangelista para creer que debía mencionar en la genealogía de Cristo esta unión prohibida textualmente por la ley? Parece deshonroso que el Salvador procediera de una generación ilegítima, a no ser que acudamos a la sentencia del Apóstol: «Que la ley no fue puesta para el justo, sino para los injustos» (1 Tim 19). Rut, extranjera y moabita, a pesar de la ley de Moisés, que prohibía tales enlaces y que excluía a los moabitas del pueblo de Dios 1, entró a formar parte de ese pueblo porque la santidad y pureza de sus obras la colocaron sobre la ley misma. Pasó por encima de la ley y mereció ser contada entre los as
ascendientes del Señor, elegida por el parentesco del espíritu, no de la carne. Gran ejemplo tenemos en Rut, pues en ella estamos prefigurados todos nosotros que hemos entrado en la Iglesia del Señor, recogidos de entre los gentiles
San Ambrosio, in Lucam, 3






