La oración contemplativa



es mirada de fe, fijada en Jesús “Yo le miro y él me mira”, decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario (cf F. Trochu, Le Curé d’Ars Saint Jean-Marie Vianney). Esta atención a Él es renuncia a “mí”. Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres.

La contemplación dirige también su mirada a los misterios de la vida de Cristo. Aprende así el “conocimiento interno del Señor” para más amarle y seguirle (cf San Ignacio de Loyola, Exercitia spiritualia, 104)

Es escucha de la palabra de Dios. Lejos de ser pasiva, esta escucha es la obediencia de la fe, acogida incondicional del siervo y adhesión amorosa del hijo. Participa en el “sí” del Hijo hecho siervo y en el “fiat” de su humilde esclava.

Oración

Jesús tomó pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi cuerpo que va a ser entregado por vosotros; haced esto en memoria mía.» Aleluya. Éste es el pan que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído, —dice el Señor—;
bienaventurados los que crean sin haber visto.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 3, 31-36.

El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EL que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Palabra del Señor.

Santo Sacrificio de la Misa

Una sola misa ofrecida y oída en vida con devoción, por el bien propio, puede valer más que mil misas celebradas por la misma intención, después de la muerte

San Anselmo

Evangelios



También puede decirse que San Mateo se figura por el león, porque puso de relieve la estirpe real de Jesucristo. San Lucas por el becerro, víctima del Sacerdote. San Marcos, que no se propuso narrar ni la estirpe regia ni la sacerdotal, sino que se ocupa de lo humano de Jesucristo, se designa por la figura del hombre. Estos tres seres, el león, el hombre y el becerro, andan por la tierra, por lo que los otros tres Evangelistas trataron principalmente de lo que obró Jesucristo como hombre. Pero San Juan tiene el vuelo del águila, y contempla con la penetrante mirada de su espíritu la luz del Ser inmutable. De esto se desprende que los tres primeros Evangelistas no se ocuparon sino de la vida activa, y San Juan de la contemplativa

San Agustín, de consensu evangelistarum, 1,6

Oración contemplativa



es la expresión más sencilla del misterio de la oración. Es un don, una gracia; no puede ser acogida más que en la humildad y en la pobreza. La oración contemplativa es una relación de alianza establecida por Dios en el fondo de nuestro ser (cf Jr 31, 33).

Es comunión: en ella, la Santísima Trinidad conforma al hombre, imagen de Dios, “a su semejanza”

La oración contemplativa es también el tiempo fuerte por excelencia de la oración. En ella, el Padre nos concede “que seamos vigorosamente fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior, que Cristo habite por la fe en nuestros corazones y que quedemos arraigados y cimentados en el amor” (Ef 3, 16-17)

Oración

Yo soy el buen Pastor. Y conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Aleluya

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo,
que entregó a su Unigénito;
todo el que cree en él tiene vida eterna.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 3, 16-21.

Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

TANTO amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Palabra del Señor.

La oración contemplativa



es la oración del hijo de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor con el que es amado y que quiere responder a él amando más todavía (cf Lc 7, 36-50; 19, 1-10). Pero sabe que su amor, a su vez, es el que el Espíritu derrama en su corazón, porque todo es gracia por parte de Dios. La contemplación es la entrega humilde y pobre a la voluntad amorosa del Padre, en unión cada vez más profunda con su Hijo amado

Oración

Yo te ruego por todos los que han de creer en mí, para que todos sean uno, así como tú, Padre, estás en mí y yo en ti