El desarrollo feudal



Lo cierto es que el monarca feudal, principal terrateniente del reino es, al unísono, un político y un vicario de Dios, y por ello le está encomendado hacer justicia en su comunidad. Pero no se trata de un monarca absoluto, ni mucho menos: el poder, fragmentado y disperso como aquí se ve, se le escurre de entre las manos. El monarca feudal es, en cambio, parte de un cuerpo político precario, integrado además por una corte, que depende de un tejido de relaciones feudales de vasallaje y señorío donde lo público y lo privado se confunden; dicho de otra forma, donde la sociedad política y la sociedad civil aún no han sido claramente diferenciadas.

En efecto, tal tejido no mantiene su consistencia sino a través de vínculos tradicionales que los hombres se van dando entre ellos. En líneas generales, se trata de una sociedad que se va ordenando piramidalmente, pero en una forma horizontal, donde un señor tiene vasallos, pero, a su vez, suele ser vasallo de otro señor, y así sucesivamente de manera escalonada, funcionando cada escalón como un «tapón» al poder.

Desde campesinos a simples nobles y caballeros, pasando por barones, señores castellanos, vizcondes, condes, marqueses, duques, hasta llegar al rey, el orden feudal se establece a través de contratos recíprocos consumados en promesas. El vasallo entrega la fidelidad de su persona al señor (que a su vez habrá prestado su fidelidad a otro señor y así sucesivamente) a cambio de protección, y ello se efectiviza y se mantiene, debe insistirse, gracias a la fuerza tradicional que hace que la promesa sea, al decir de Pernoud, un «sacramentum», esto es, «un acto sagrado» que «tenía valor religioso». Alfredo Sáenz sostiene lo mismo: «para el hombre medieval el juramento era algo trascendente», y tan así era, que «se juraba generalmente sobre los Santos Evangelios, cumpliéndose así un acto estrictamente religioso, que comprometía no solamente el honor sino la fe, la persona entera»

Hans-Hermann Hoppe ilustra esta dispersión reparando en la situación alemana en las puertas mismas de la modernidad: «Durante la segunda mitad del siglo XVII Alemania estuvo integrada por 234 principados, 51 ciudades libres y más de 1.500 señoríos independientes. Pero a principios del siglo XIX el número cayó por debajo de 50, proceso culminado con la unificación de 1871» (Monarquía, democracia y orden natural, Madrid: Ediciones Gondo, 2004, p. 162).

Jérôme Baschet, La civilización feudal. Europa del año mil a la colonización de América (México: FCE, 2009), pp. 579-584.

Se trataba de un ritual que solía componerse de tres partes: homenaje, juramento e investidura. Sáenz es preciso cuando dice que «la Edad Media es una época en la que triunfó el rito, el signo, el símbolo, sin lo cual la realidad permanecía imperfecta, inacabada, desfalleciente» (La cristiandad y su cosmovisión, p. 104).

Es dable remarcar que el rey medieval y todos los señores-vasallos intermedios, a diferencia de lo que se vio en las cortes de las monarquías absolutas, prestaban efectivamente funciones de defensa. Régine Pernoud, ¿Qué es la Edad Media? (Madrid: Magisterio Español, 1979), p. 106. 141.

Sáenz, La cristiandad y su cosmovisión, p. 103.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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