Libros

Ninguna fatiga más remuneradora, si fatiga puede llamársela más bien que deleite y recreo de ánimo e intelecto, que la de leer y repasar cosas buenas: resulta uno abundante en ejemplos, copioso en sentencias, rico en persuasiones, fuerte en argumentos y razones; se hace uno oír; está entre conciudadanos y se le escucha de buenSigue leyendo «Libros»

Evangelio

San Mateo 19:27-29Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?» Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotrosSigue leyendo «Evangelio»

Comunión

Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos.» (1 Corintios 11,29-30)

Sean todos bienvenidos a 1984

«Se ha dicho siempre que la sexualidad es un asunto privado y ajeno, por completo, a la política. iLa reacción política no lo cree así» Reich, La revolución sexual, p. 22 Incluso llegará a considerar que la cuestión del <onanismo en los niños es política>. Algunas décadas más tarde, la feminista radical Kate Millett inmortalizaráSigue leyendo «Sean todos bienvenidos a 1984»

¿Un hombre no puede tener la conciencia falseada sin que sea su culpa?

Sí, un hombre puede tener la conciencia falseada sobre tal o cual punto (creer que tal o cual mala acción es buena), sin que sea su culpa. Entonces hablamos de una conciencia invenciblemente errónea (o bien de una persona en una ignorancia invencible), en este caso, la ignorancia impide a éste hombre ser culpable, peroSigue leyendo «¿Un hombre no puede tener la conciencia falseada sin que sea su culpa?»

La ceguera de los honores

Evangelio según san Mateo, 8: 23- 27 Y entrando en una barca, le siguieron sus discípulos. Y sobrevino luego un grande alboroto en la mar, de modo que las olas cubrían la barca. Mas El dormía. Y se llegaron a El sus discípulos y le despertaron, diciéndole: «Señor, sálvanos, que perecemos». Y Jesús les dice:Sigue leyendo «La ceguera de los honores»