Los vida en comunidad

Todos los hombres son llamados al mismo fin: Dios. Existe cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la fraternidad que los hombres deben instaurar entre ellos, en la verdad y el amor (cf GS 24, 3).

El amor al prójimo es inseparable del amor a Dios.

La persona humana necesita la vida social. Esta no constituye para ella algo sobreañadido sino una exigencia de su naturaleza. Por el intercambio con otros, la reciprocidad de servicios y el diálogo con sus hermanos, el hombre desarrolla sus capacidades; así responde a su vocación (cf GS 25, 1).

Oración

Esforzaos por mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica, dice el Señor.
Aleluya.

EVANGELIO
Lc 10, 38-42.

Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: –Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano. Pero el Señor le contestó:
–Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

Palabra del Señor

Somos la Iglesia

Cuando hablemos con los no cristianos sobre la iglesia, haremos bien evitar dos errores bastante comunes: uno sería reducir la iglesia un fenómeno meramente sociológico a una institución meramente visible y Terrenal; el otro sería espiritualizar la iglesia de tal modo que se descarta la posibilidad de la presencia Terrenal efectiva la iglesia es ciertamente una realidad sobrenatural. la iglesia es ciertamente una realidad sobrenatural. Al igual que la divinidad de Jesús y la encarnación de Dios, la Iglesia es objeto, sobrenatural, de nuestra fe. Y la fe es la única respuesta apropiada. La iglesia -como la encarnación- no es una realidad meramente espiritual, teórica o ideal. La iglesia es el cuerpo místico visible de Dios. Dios es nuestro tempo, nuestro pan, nuestra limpieza, nuestra unción. Él está presente en la Palabra proclamada desde el santuario. No debemos asustarnos por ensalzar demasiado a la Iglesia. La Iglesia es la obra de Dios. Él dijo: «Sobre esta roca construiré mi Iglesia». Así pues, cuanto más valor concedamos a la iglesia, más gloria damos a Jesucristo y al Espíritu Santo. Por que es al Espíritu Santo al que atribuimos la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad de la Iglesia

«Quiero ir al infierno»

Hay una cosa que no deja de sorprenderme, cada vez que leo alguna noticia religiosa en la prensa digital, y son los comentarios que la acompañan. Puedo entender y creo es bueno que exista el debate, porque nos ayuda a ver el tema desde diversas perspectivas, pero lo que no logro comprender, es el odio y violencia de otros, que se declaran ateos u agnósticos.

A mi me parece una incongruencia, entre lo que predican y lo que practican algunos de ellos. Los veo en todos los comentarios religiosos, sea el tema que sea, allá están , poniendo su guindilla particular. Yo soy de los que opinan, que el verdadero escéptico, en realidad lo que hace es buscar incesantemente a Dios, aunque se equivoca, al explorarlo únicamente en la razón, dejando aparcado el corazón. Aunque reconozco que los que no dejan el corazón, andan por esta vía, de forma respetuosa, y entran en la controversia , con una voluntad sincera de encontrar lo que buscan.

Por otro lado, están los que no reconocen que llevan una venda puesta en sus ojos, y éstos no paran de gritar, insultar y ridiculizar a los que creen, en lo que ellos , dicen no creer. Y entonces viene mi ignorancia atea. Nunca lograré asimilar, que alguien pierda el tiempo, entrando en lugares , que sabe, solo se habla de algo en lo que no cree, ni comparte. Y si lo hace , aunque solo sea para dañar y ridiculizar, es porque en el fondo, como dejó escrito San Agustín : “nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti»

Pues bien, la semana pasada, aparecía uno de los discursos del papa Francisco, donde nos hablaba de la santidad, y nos decía : “cada fiel se deje contagiar por la santidad de Dios, ese contagio de la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en dejar actuar a Dios y ayudar a los otros”. Me fascinó el consejo, así que me fui a ver que opinaban los demás, y me topé con un comentario breve, que me laceró el alma. No exagero, me dolió muchísimo leer lo que leí, saliendo al instante de mi interior : “Perdónale porque no sabe lo que dice”.

¿Y que fue lo que leí? Pues ahí va : “papa Francisco, déjanos ser como queramos, a ver si te enteras, yo no quiero ser santo, quiero ir al infierno”. Ufff…. me entristeció y paralizó durante un buen rato. Si alguien me abofetea en ese instante, ni me entero. Luego pensé : «Si tan libre te sientes, sin tan ateo y agnóstico te declaras ¿porqué lees lo que dice el papa?»…»y además, crees en la santidad y en el infierno, solo que no quieres lo primero y deseas lo segundo».Todo esto me suena al estilo del «padre de la mentira». ¡La chulería del mal!

No voy a entrar a comentarlo, pero sí compartir un testimonio que un sacerdote explicó en una charla y que me sobrecogió, creo que ya lo publiqué anteriormente, pero viene como anillo al dedo al post de hoy.

Una inmigrante rusa, comunista activa, fue a parar de urgencias a un hospital católico para dar a luz a su hijo. Al entrar en la habitación y ver el crucifijo, se puso a gritar al personal, pidiendo que lo quitaran de la sala. “No quiero que mi hijo cuando nazca, vea un crucifijo”. La mujer dio a luz y la llevaron a su cuarto. Estaba deseando tener con ella , al hijo de sus entrañas. Al entrar la enfermera que llevaba al niño en sus brazos , la madre, mostró su sonrisa más grande. Al entregárselo, le dijo : “ Felicidades señora, es un niño muy guapo, y se ha cumplido su deseo, su hijo nunca verá un crucifijo” Más tarde el médico le explicaría que su hijo, había nacido ciego.

La historia de esa mujer ,me estremeció, por eso no logro quitarme de la cabeza ,las palabras con las que me encontré : “Yo quiero ir al infierno” es la afirmación más aterradora que he leído en mi vida.

Cuidado con lo que se pide. La libertad es el bien más preciado que Dios nos ha dado

LA COMUNIDAD HUMANA

La vocación de la humanidad es manifestar la imagen de Dios y ser transformada a imagen del Hijo Único del Padre. Esta vocación reviste una forma personal, puesto que cada uno es llamado a entrar en la bienaventuranza divina; pero concierne también al conjunto de la comunidad humana

Oración

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz, y con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
Aleluya.

EVANGELIO
Lc 10, 25-37.

¿Quién es mi prójimo?.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: –Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? El le dijo: –¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?
El letrado contestó: –«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo». El le dijo: –Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida. Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús: –¿Y quién es mi prójimo?
Jesús dijo: –Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta”. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
El letrado contestó: –El que practicó la misericordia con él. Díjole Jesús: –Anda, haz tú lo mismo.

Palabra del Señor

El pecado social

Así el pecado convierte a los hombres en cómplices unos de otros, hace reinar entre ellos la concupiscencia, la violencia y la injusticia. Los pecados provocan situaciones sociales e instituciones contrarias a la bondad divina. Las “estructuras de pecado” son expresión y efecto de los pecados personales. Inducen a sus víctimas a cometer a su vez el mal. En un sentido analógico constituyen un “pecado social”

La Iglesia cuando habla de situaciones de pecado o denuncia como pecados sociales determinadas situaciones o comportamientos colectivos de grupos sociales más o menos amplios… sabe y proclama que estos casos de pecado social son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales. Por lo tanto las verdaderas responsabilidades son de las personas» ( Exhortación Apostólica de San Juan Pablo II Reconciliatio et Paenitentia, 2-XII1984, nº 16)

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo