
Málaga
Ciertas bendiciones tienen un alcance permanente: su efecto es consagrar personas a Dios y reservar para el uso litúrgico objetos y lugares. Entre las que están destinadas a personas —que no se han de confundir con la ordenación sacramental— figuran la bendición del abad o de la abadesa de un monasterio, la consagración de vírgenes y de viudas, el rito de la profesión religiosa y las bendiciones para ciertos ministerios de la Iglesia (lectores, acólitos, catequistas, etc). Como ejemplo de las que se refieren a objetos, se puede señalar la dedicación o bendición de una iglesia o de un altar, la bendición de los santos óleos, de los vasos y ornamentos sagrados, de las campanas, etc.


Los cristianos se incorporan por un bautismo y por la eucaristía. Dios ha dotado a la iglesia de estas poderosas gracias. Incluso Los Ángeles conocen el desarrollo del plan de Dios a través de la iglesia Efesios 3,10

Pablo admite que los cristianos son muchos y muy diversos pero recalca la unidad de la iglesia y proyecta esa unidad en términos sacramentales: porque todos nosotros tanto judíos como griegos tanto siervos como libres fuimos bautizados en un mismo espíritu para formar un solo cuerpo y todos hemos bebido de un solo espíritu 1 Cor 12, 13