Día: 6 febrero, 2018

Abandono

Abandónate, en silencio, al Señor y pon tu confianza en El. Salmo 36

Madre inmaculada

(Homilía I en la Natividad de la Santísima Madre de Dios)
San Andrés de Creta siglo VII

Exulte hoy toda la creación y se estremezca de gozo la
naturaleza. Alégrese el cielo en las alturas y las nubes esparzan la
justicia. Destilen los montes dulzura de miel y júbilo las colinas,
porque el Señor ha tenido misericordia de su pueblo y nos ha
suscitado un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, es
decir, en esta inmaculadísima y purísima Virgen por quien llega la
salud y la expectación de los pueblos.

Que las almas buenas y agradecidas entonen un cántico de
alegría; que la naturaleza convoque a todas las criaturas para
anunciarles la buena nueva de su renovación y el inicio de su
reforma (…). Salten de alegría las madres, pues la que carecía de
descendencia [Santa Ana] ha engendrado una Madre virgen e
inmaculada. Alégrense las vírgenes, pues una tierra no sembrada
por el hombre traerá como fruto a Aquél que procede del Padre sin
separación, según un modo más admirable de cuanto puede
decirse. Aplaudan las mujeres, pues si en otros tiempos una mujer
fue ocasión imprudente del pecado, también ahora una mujer nos
trae las primicias de la salvación; y la que antes fue rea, se
manifiesta ahora aprobada por el juicio divino: Madre que no
conoce varón, elegida por su Creador, restauradora del género
humano.

Que todas las cosas creadas canten y dancen de alegría, y
contribuyan adecuadamente a este día gozoso. Que hoy sea una y
común la celebración del cielo y de la tierra, y que cuanto hay en
este mundo y en el otro hagan fiesta de común acuerdo. Porque
hoy ha sido creado y erigido el santuario purísimo del Creador de
todas las cosas, y la criatura ha preparado a su Autor un
hospedaje nuevo y apropiado.

Hoy la naturaleza, antiguamente desterrada del paraíso, recibe
la divinidad y corre con paso alegre hacia la cima suprema de la
gloria.

Hoy Adán ofrece María a Dios en nuestro nombre, como las
primicias de nuestra naturaleza; y estas primicias, que no han sido
puestas con el resto de la masa 1, son transformadas en pan para
la reparación del género humano.

Hoy se pone de manifiesto la riqueza de la virginidad, y la Iglesia,
como para las bodas, se embellece con la perla inviolada de la
verdadera pureza.

Hoy la humanidad, en todo el resplandor de su nobleza
inmaculada, recibe el don de su primera formación por las manos
divinas y reencuentra su antigua belleza. Las vergüenzas del
pecado habían oscurecido el esplendor y los encantos de la
naturaleza humana; pero nace la Madre del Hermoso por
excelencia, y esta naturaleza recobra en Ella sus antiguos
privilegios y es modelada siguiendo un modelo perfecto y
verdaderamente digno de Dios. Y esta formación es una perfecta
restauración; y esta restauración una divinización; y ésta, una
asimilación al estado primitivo (…).

Hoy ha aparecido el brillo de la púrpura divina, y la miserable
naturaleza humana se ha revestido de la dignidad real.

Hoy, según la profecía, ha florecido el cetro de David, la rama
siempre verde de Aarón, que para nosotros ha producido Cristo,
rama de la fuerza.

Hoy, de Judá y de David ha salido una joven virgen, llevando la
marca del reino y del sacerdocio de Aquél que, según el orden de
Melquisedec recibió el sacerdocio de Aarón.

Hoy la gracia, purificando el efod místico del divino sacerdocio,
ha tejido—a manera de símbolo—el vestido de la simiente levítica,
y Dios ha teñido con púrpura real la sangre de David.

Por decirlo todo en una palabra: hoy comienza la reforma de
nuestra naturaleza, y el mundo envejecido, sometido ahora a una
transformación totalmente divina, recibe las primicias de la
segunda creación

Sacramentos

«Unde sacramentum est signum rememorativum eius quod praecessit, scilicet passionis Christi; et desmonstrativum eius quod in nobis efficitur per Christi passionem, scilicet gratiae; et prognosticum, id est, praenuntiativum futurae gloriae» («Por eso el sacramento es un signo que rememora lo que sucedió, es decir, la pasión de Cristo; es un signo que demuestra lo que se realiza en nosotros en virtud de la pasión de Cristo, es decir, la gracia; y es un signo que anticipa, es decir, que preanuncia la gloria venidera») (Summa theologiae 3, q 60, a 3, c.)

Oración

Líbrenos Dios de gloriarnos si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en quien está nuestra salvación, vida y resurrección

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Inclina mi corazón, oh, Dios, a tus preceptos;
y dame la gracia de tu ley.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mc 7, 1-13.

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir,
sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).
Y los fariseos y los escribas le preguntaron:
«¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».
Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
El culto que me dan está vacío,
porque la doctrina que enseñan
son preceptos humanos”.
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Y añadió:
«Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”. Pero vosotros decís: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».

Palabra del Señor