Templo de Salomón y un Templo Cristiano

El Cristiano debería tener presente la santidad de la casa de Dios y el respeto que ésta exige. El templo de Salomón no era más que la imagen de los nuestros. Sin embargo, los judíos y los paganos mismos le tenían veneración. 1 Crónicas capítulos 6 y 7, relatan que, cuando se consagró ese templo, Salomón inmoló veintidós mil bueyes y cien mil ovejas.
Mientras el rey rezaba en alta voz, un fuego misterioso bajó del cielo y devoró todas las víctimas: Una espesa nube se extendió en el recinto y la Majestad de Dios llenó todo el edificio. Al ver este espectáculo, los hijos de Israel, sobrecogidos de un temor sobrenatural, cayeron el rostro contra el suelo con profundo sentimiento de adoración. Salomón exclamó: ¿Será creíble que Dios habite verdaderamente sobre la Tierra? ¿Si el cielo, y los cielos de los cielos no pueden conteneros, cuánto menos lo podrá esta casa que he construido?
Ciertamente, aquel templo era digno de la veneración y de la admiración de los pueblos. Sin embargo, no era más que una figura de nuestras iglesias; no encerraba sino el Arca de la Alianza donde se conservaban las dos tablas de la Ley, un cesto de maná y la vara de Aarón que había florecido. Las víctimas en los sacrificios judaicos no eran sino animales matados y quemados, ofrecidos con pan, vino, bizcochos y otras cosas semejantes.
El templo Cristiano, ¡Cuánta no es la superioridad del templo cristiano, consagrado con el aceite y el crisma, rociado con agua bendita, perfumado con las nubes de incienso, santificado por la imposición de la señal de la cruz y destinado para la oblación del Santo Sacrificio¡ En lugar del Arca de la Alianza, tenemos el copón, en el cual es conservado el pan verdaderamente celeste, el Santísimo Sacramento del Altar, el verdadero Cuerpo de Jesucristo
Se llama a la iglesia, la Casa de Dios, y lo es en realidad, puesto que Nuestro Señor habita en ella en todo tiempo, Allí, el ejército angelical le sirve, le adora, le alaba y le lleva nuestras oraciones, dulce misterio figurado por la visión de Jacob (Génesis 28, 17-18), símbolo profético de la Iglesia Cristiana, en la que la piedra del altar está ungida con los santos óleos, piedra sagrada, de la que se puede decir con verdad: ¡Cuán terrible es este lugar¡ ¡Esta es la Casa de Dios y la puerta del cielo¡, Allí los ángeles suben y bajan para trasmitir a Dios nuestras oraciones y traernos sus gracias. Nuestras iglesias son también ese lugar del que el Señor nos habla por boca de Isaías: Los conduciré a mi morada santa y los colmaré de alegría en la casa de oración. Sus víctimas, consumidas sobre mi altar, me serán agradables y mi morada será llamada por todos los pueblos casa de oración (Isaías 66,7)
Debemos tener respecto que merece este lugar tan santo, ¡Ah¡, si tuviésemos una fe viva, entraríamos en él con temor, y con el más profundo anonadamiento y adoraríamos a nuestro Señor e la Eucaristía y veneraríamos a los ángeles, David lo proclama altamente: Iré a vuestra casa y os adoraré con temor en vuestro santo templo. En presencia de los ángeles cantaré vuestras alabanzas y ensalzaré vuestro Santo Nombre (Salmo 5,8), Aquellos que hablen, rían, o pequen de cualquiera otra manera durante los divinos oficios, provocan la cólera de Dios y se hacen culpables. En la iglesia, no sería bastante todo recogimiento ni todo cuidado para no decir palabra inútil, ni para orar con bastante devoción, ni adorar con bastante fervor, ni confesar los pecados con bastante humildad y arrepentimiento.
Maqueta del Templo de Salomón y el Retablo de la Iglesia San Francisco de Asís Tecpán Guatemala

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