Oración

¡Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor!

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.
Todo el que cree en él tiene vida eterna.

Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Lc 19, 1-10.
El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Lectura del santo evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.
En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo:
«Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo:
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Palabra del Señor

Fraude social

La participación de todos en la promoción del bien común implica, como todo deber ético, una conversión, renovada sin cesar, de los miembros de la sociedad. El fraude y otros subterfugios mediante los cuales algunos escapan a la obligación de la ley y a las prescripciones del deber social deben ser firmemente condenados por incompatibles con las exigencias de la justicia. Es preciso ocuparse del desarrollo de instituciones que mejoran las condiciones de la vida humana (cf GS 30)

Corresponde a los que ejercen la autoridad reafirmar los valores que engendran confianza en los miembros del grupo y los estimulan a ponerse al servicio de sus semejantes. La participación comienza por la educación y la cultura “Podemos pensar, con razón, que la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar” (GS 31).

Oración

Escucha, Señor, nuestras súplicas, para que, al confesar la resurrección de Jesucristo, se afiance también nuestra esperanza de que todos tus hijos resucitarán

Evangelio

Evangelio

San Lucas 14:1,7-11

Sucedió que un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le estaban observando Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú y, viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: `Deja el sitio a éste’, y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto. Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te invitó, te diga: `Amigo, sube más arriba.’ Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»

Palabra del Señor

Frases engañosas

Son mentiras disfrazadas de verdad que pretenden cambiar la manera de pensar bajo la premisa: “cambia tu manera de pensar y cambiará tu manera de vivir”. El mundo utiliza un lenguaje relativista, que invierte los valores, y que termina por convertirse en la norma de vida de quien lo escucha y adopta, y es así como hoy llamamos “habilidad” al engaño, “arte” a la pornografía, “anticuada” a la mujer decente, “rehacer su vida” al adulterio, “para adultos” a espectáculos inmorales, “sexualidad responsable” a la anticoncepción, “hacer el amor” a la fornicación, “libre desarrollo de la personalidad” al homosexualismo, etc.
Este ambiente anticristiano, que es el mundo, se guía por máximas como: “somos jóvenes, hay que disfrutar la vida”; “Dios es muy bueno y comprensivo, no por gozar y divertirnos nos va a condenar”; “comamos y bebamos que mañana moriremos” “si nos amamos ¿por qué va a estar mal hacerlo?”
Como dicen por ahí: “repite una mentira cien veces y terminarás creyéndola”, y esta es, precisamente, la estrategia del mundo: nos repite sus mentiras y engaños, proclama sus máximas que exaltan las riquezas, los placeres, el orgullo, el pecado, y las proclama por doquier hasta lograr que las personas las acepten como verdaderas y terminen viviendo según esos criterios, y no según los del Evangelio.
Si Cristo nos dice: “Bienaventurados los humildes, los pobres, los limpios de corazón, los que sufren” (Mt 5,1-12), el mundo, en oposición, proclama: “Bienaventurados los poderosos, los que poseen fama y riquezas, bienaventurados los lujuriosos y hedonistas”; cuando Cristo nos enseña “ama a Dios sobre todos las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”, el mundo nos dice “ámate a ti mismo por sobre todas las cosas”, “odia y persigue a tus enemigos”.
Ante dicha situación, es muy importante no dejarnos engañar por estos conceptos falsos, y más importante aún, cristianizar nuestra manera de pensar y nuestro lenguaje.

Razones para vivir

Los ciudadanos deben cuanto sea posible tomar parte activa en la vida pública. Las modalidades de esta participación pueden variar de un país a otro o de una cultura a otra “Es de alabar la conducta de las naciones en las que la mayor parte posible de los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida pública” (GS 31)

La participación de todos en la promoción del bien común implica, como todo deber ético, una conversión, renovada sin cesar, de los miembros de la sociedad. El fraude y otros subterfugios mediante los cuales algunos escapan a la obligación de la ley y a las prescripciones del deber social deben ser firmemente condenados por incompatibles con las exigencias de la justicia. Es preciso ocuparse del desarrollo de instituciones que mejoran las condiciones de la vida humana (cf GS 30)

Corresponde a los que ejercen la autoridad reafirmar los valores que engendran confianza en los miembros del grupo y los estimulan a ponerse al servicio de sus semejantes. La participación comienza por la educación y la cultura “Podemos pensar, con razón, que la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar” (GS 31).

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que nos has otorgado celebrar en una misma fiesta los méritos de Todos los Santos; concédenos, por esta multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados —dice el Señor—,
y yo os aliviaré.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mt 5, 1-12a.
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor

La Nube y la Gloria de Dios


Los santos del Antiguo Testamento, se nos dice, habitan en «una nube», una nube envolvente. Y para un auditorio de judíos del siglo primero esa afirmación estaba llena de significado. Para los «hebreos», a quienes va dirigida la Carta, la nube era, simple y llanamente, la Gloria de Dios. Cuando Dios condujo a los israelitas a través del desierto, durante días se les aparecía como una columna de nubes. Cuando Dios se hacía presente ante ellos en el tabernáculo (y más tarde en el Templo), los israelitas veían solamente su Shekinah, la nube de gloria que acompaña a Dios. En el Nuevo Testamento, una nube también descendió para llevarse a Jesús a los cielos, ante la mirada atónita de sus discípulos. Y así el fiel difunto, que habita ahora en la «nube de los testigos», literalmente está entre los santos en la gloria.