Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que habita en vosotros; por tanto, no os pertenecéis a vosotros mismos, pues habéis sido comprados a precio muy alto
Evangelio

Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena noticia y proclamar la liberación a los cautivos.
Aleluya.
EVANGELIO
Lc 4, 38-44.
También a los otros pueblos tengo que anunciarles el Reino de Dios, para eso me han enviado.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. El, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera, se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: –Tú eres el Hijo de Dios. Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: –También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.
Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Palabra del Señor
Perdón

Me encontraba hace algunos años escuchando a uno de mis maestros en Doctrina Social Cristiana quién decía “Qué me perdone nuestro Señor Jesucristo pero eso de perdonar a los enemigos es una verdadera locura, si a mi esposa a la que amo, ¡a veces me dan ganas de matarla en lugar de perdonarla!”
Y supongo que todos en algún momento –algunos quizá con demasiada frecuencia- hemos sido abrazados por ese fuego interior que nos llama al desquite, a la venganza, a la indignación, o frustración, ante un agravio, injusticia, o contrariedad. Por supuesto que en lo que menos pensamos es en perdonar a quién causó el enojo.
Y efectivamente, la doctrina cristiana del perdón, de poner la otra mejilla, de entregar la otra túnica al que te despoja, parece, sí no una verdadera locura, por lo menos difícil de aplicar. Y sin embargo, el perdón está en la base de la reconciliación, de la paz, de la misericordia, que son características del cristiano.
Mi maestro continuaba su charla: “perdonar no es natural, lo natural es querer desquitarse, perdonar es sobrenatural, ya que sólo se puede hacer con ayuda de la gracia.” Esta condición sobrenatural a la que todos podemos acceder al aceptar la acción de Dios en nosotros, reconociendo un Padre que nos hace hermanos de todos, trasciende lo natural y se ubica en el plano de la vida de gracia.
En las circunstancias actuales de tanta violencia, de muerte, injusticia e impunidad, buscar la paz a través del perdón o la reconciliación, no parece un camino de solución. Sin embargo, aceptando que la fuerza del Espíritu Santo se puede manifestar a través de nosotros con la gracia de Dios, y que Dios nos promete y nos da la paz, es más fácil entender que el perdón es un camino seguro hacia la paz.
Integrar nuestra libertad con la gracia, lo natural con lo sobrenatural, es un reto de todo cristiano, y es una realidad que nos puede ayudar a transformar nuestra realidad personal, y de convivencia en el mundo. Por nuestra libertad tenemos la capacidad de perdonar, pero en muchas ocasiones necesitamos la fuerza de la gracia, para poder caminar ese camino que a veces nos parece tan arduo, el del perdón.
¡Sí se puede perdonar, y además lo necesitamos! ¿Estamos dispuestos a hacer lo necesario para perdonar? Esto es, ¿buscar la vida de gracia para poder llevar a Dios a los ámbitos que de otra manera seguirán manifestando los frutos de su ausencia: violencia, injusticia, impunidad, odio, venganza y todo aquello que nos aleja del perdón y la paz?
La fe

La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. Por la fe “el hombre se entrega entera y libremente a Dios” (DV 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios “El justo vivirá por la fe” (Rm 1, 17). La fe viva “actúa por la caridad” (Ga 5, 6)
El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella (cf Concilio de Trento: DS 1545). Pero, “la fe sin obras está muerta” (St 2, 26): privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo
El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: “Todos vivan preparados para confesar a Cristo ante los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia” (LG 42; cf DH 14). El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: “Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos” (Mt 10, 32-33).
Oración
Oh Dios, que cuidas a tu pueblo con misericordia y lo gobiernas con amor, concede el don de sabiduría, por intercesión del papa san Gregorio Magno, a quienes confiaste la misión del gobierno en tu Iglesia, para que el progreso de los fieles sea el gozo eterno de sus pastores. Por nuestro Señor Jesucristo
Evangelio

Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
Aleluya
EVANGELIO
Lc 4, 31-37.
Sé quién eres: el Santo de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: –¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios. Jesús le intimó: –¡Cierra la boca y sal!
El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño. Todos comentaban estupefactos: –¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.
Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.
Palabra del Señor
Las virtudes teologales

Las virtudes teologales
Las virtudes humanas se arraigan en las virtudes teologales que adaptan las facultades del hombre a la participación de la naturaleza divina (cf 2 P 1, 4). Las virtudes teologales se refieren directamente a Dios. Disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y Trino
Las virtudes teologales fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano. Informan y vivifican todas las virtudes morales. Son infundidas por Dios en el alma de los fieles para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna. Son la garantía de la presencia y la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano. Tres son las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad (cf 1 Co 13, 13)
Fe, Esperanza y Caridad y su madre Sofía
Oración
Hijo mío, haz caso, acepta de buena gana mi camino, Pues será hermosa diadema en tu cabeza
Evangelio

Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí; él me ha enviado para anunciar a los pobres la Buena Nueva.
Aleluya.
EVANGELIO
Lc 4, 16-30.
Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres. Ningún profeta es bien mirado en su tierra.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: –Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: –¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: –Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún. Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
Palabra del Señor
La virtudes y la gracia

Las virtudes y la gracia
Las virtudes humanas adquiridas mediante la educación, mediante actos deliberados, y una perseverancia, mantenida siempre en el esfuerzo, son purificadas y elevadas por la gracia divina. Con la ayuda de Dios forjan el carácter y dan soltura en la práctica del bien. El hombre virtuoso es feliz al practicarlas
Para el hombre herido por el pecado no es fácil guardar el equilibrio moral. El don de la salvación por Cristo nos otorga la gracia necesaria para perseverar en la búsqueda de las virtudes. Cada cual debe pedir siempre esta gracia de luz y de fortaleza, recurrir a los sacramentos, cooperar con el Espíritu Santo, seguir sus invitaciones a amar el bien y guardarse del mal