San Mateo 16:13-19 Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»
1. Dios es, por definición, Omnisciente, Omnipotente y Omnibenevolente (total bondad). 2. Dios creó a todos los seres que existen. 3. Algunos de estos seres se van a condenar y, además, causarán dolor a inocentes. 4. Como Dios es Omnisciente sabia que estos seres harían el mal y causarían dolor a inocentes; como es Omnipotente podía evitar que lo hicieran; y como es Omnibenevolente desearía evitarlo. 5. Pero no lo ha hecho. 6. En consecuencia, debe carecer de alguna de las tres características nombradas (o de todas). 7. Pero entonces no sería Dios, lo cual es autocontradictorio 8. Luego, Dios no existe.
Refutación: La fuerza lógica del argumento parece impecable. Sin embargo, no lo es porque le falta una premisa necesaria para probarse de modo riguroso. A saber: «Dios no tiene razones morales suficientes para permitir el mal y sus consecuencias». ¿Por qué digo esto? Simple: porque si aceptamos la posibilidad de que Dios pueda tener razones morales suficientes para permitir el mal y sus consecuencias podríamos también seguir sosteniendo sin mayores problemas que Él conoce el mal (y sus consecuencias) por su Omnisciencia y puede evitarlo por su Omnipotencia pero aún así no lo evita porque tiene razones morales suficientes para permitirlo de modo tal que no queda menoscabada su Omnibenevolencia (total bondad) y ya no se da la contradicción entre los tres atributos mencionados (que es justamente en lo que se basa el argumento en sus premisas 6 y 7 para derivar la no existencia de Dios). Se podría objetar: «Estás cometiendo una falacia de hombre de paja o de blanco móvil pues estás estructurando el argumento de un modo tal que carezca de la premisa Dios no tiene razones morales suficientes para permitir el mal y sus consecuencias ‘ para poder más fácilmente refutarlo». No, no estoy cometiendo ninguna falacia de hombre de paja porque – no ha demostrado en sus comentarios que era imposible el que Dios tuviera razones morales suficientes para permitir el mal y sus consecuencias.
Él no solo no probó esto sino que ni siquiera mencionó esa premisa. Así que yo no puedo incluirla en el argumento. Por tanto, tal como está formulado, no prueba rigurosamente su conclusión (» Dios no existe»). Entonces se replicará: » Ah! Pero entonces podemos agregar esa premisa al argumento iy listo!: se prueba que Dios no existe». Bien, pero para eso la premisa tendría que justificarse como válida, es decir, el ateo tendría que demostrar que es imposible que Dios tenga razones morales suficientes para permitir la existencia del mal en el mundo y sus consecuencias. Y ese es el punto que analizaré a continuación: ¿tiene Dios razones morales suficientes para permitir el mal? Me parece que sí. Un ser máximamente bondadoso deseará un mayor bien para sus criaturas y la capacidad de amar se constituye como el mayor bien posible porque es el que más asemeja a la criatura a Dios y le permite conocerle. Pues bien, dado que -como decia el filósofo cristiano C. S. Lewis-
«Dios nos ha hecho el intolerable cumplido de amarnos en el sentido más profundo, más trágico y más inexorable», El ha querido para nosotros, las únicas criaturas racionales de la tierra, que tengamos el grandísimo don de poder amar. Pero ello requiere libertad. El amor es ante todo un acto de la voluntad y, por tanto, no puede derivarse mecánicamente hacia su objeto sino que tiene que desearlo y elegirlo libremente. En ese sentido, uno no puede ser obligado a amar. Pero en ese caso existe la posibilidad de que elija no amar y actúe en consecuencia, dándose entonces el «mal moral», lo cual implica la posibilidad de dañar a inocentes. Ese es el precio que ha tenido que pagar un Dios infinitamente Amoroso y Bueno para que sus criaturas puedan amar. Por tanto, frente a este misterio insondable del amor, no repugna ni a la razón ni a la lógica que un Dios Omnisciente, Omnipotente y Bueno permita la existencia del mal moral. Uno dirá: «Oye, pero si es tan bueno: por qué no evita a cada instante las malas utilizaciones del libre albedrío hacia el no- amor?». Creo que aqui basta y sobra con la magistral explicación que da C. S. Lewis:
«Podemos, a lo mejor, imaginarnos un mundo en que Dios a cada instante corrigiera los resultados del abuso de libre albedrío por parte de sus criaturas, de manera que una viga de madera se volviera suave como el pasto al ser usada como arma, y que el aire rehusara obedecerme si yo intentara propagar ondas sonoras portadoras de mentiras o insultos. Pero, en un mundo así, las acciones erróneas serían imposibles y, por lo tanto, la libertad de la voluntad sería nula. Aún más, si el principio se llevara a su conclusión lógica, los malos pensamientos serían imposibles, porque la materia cerebral que usamos al pensar, se negaría a cumplir Su función al intentar nosotros dar forma a esos pensamientos». En suma, ese «mundo posible» en el que Dios obliga a las criaturas a amar es en realidad un «mundo imposible» porque el amor, en cuanto amor, no puede darse de modo obligado: requiere voluntad.
Luego, parece que Dios sí tiene razones morales suficientes para permitir la existencia del mal (y sus consecuencias) pues el bien de que haya seres que tengan la capacidad de amar y llegar a un bien trascendente es algo que vale la pena
C. S. Lewis, El Problema del Dolor, Magdalen College, Oxford, 1940, p. 16.
C. S. Lewis, El Problema del Dolor, op. cit., p. 12.
La acción humana se concreta tras una <definición de una situación>. El hombre se ve inmerso en situaciones que le demandan acción. Pero, para actuar, debe elaborar una interpretación de lo que sucede y lo que significa la situación en la que actúa. El puro hecho objetivo debe ser interpretado de una manera particular por el agente para que pueda dar curso a la acción. Los elementos básicos de esas interpretaciones que definen una situación constituyen el marco en el que se plantea la acción.
Estas nociones de la sociología interpretativa resultan valiosas. Permiten, entre otras cosas, advertir la magnitud del poder que supone la capacidad de influir en la definición de los marcos interpretativos de las distintas situaciones sociales. La acción humana está en relación permanente con la interpretación de la situación social. Por lo tanto, quienes definen los marcos dominantes de interpretación impactan decisivamente en la acción misma de los demás. Los medios generan paquetes interpretativos que se inmiscuyen en la forma en que se definen los eventos y las situaciones sociales y, con ello, la forma en que se viven. Cuando dicen informarnos, los medios no transmiten hechos transparentes, sino más bien hechos enmarcados. Esto ya lo sabía bien Walter Lippmann, que hace cien años anotaba:
<Para la mayoría de nosotros el mundo es una realidad de segunda mano creada por los medios de difusión>.
La mediación devuelve siempre una realidad de segunda mano, contaminada especialmente por los frames que aplican aquellos que la median. Los hechos se seleccionan de entre una inmensa cantidad de eventos.Se efectúan énfasis y exclusiones. Se abre el micrófono a unos y se les deja sin él a otros.Se captura la imagen desde un ángulo determinado, en un tiempo y espacio determinados. Se organiza el ritmo de aparición de las imágenes, los textos, los sonidos.Se conceden duraciones y extensiones. Se escogen palabras específicas para dar vida a titulares, subtítulos, epígrafes, pies de fotografías. Se califican las situaciones, y también se clasifican Se ensayan gestos, poses y tonos de voz. Se sugiere a veces de manera más directa y otras más indirecta, cómo valorar el contenido de lo que se comunica. Todo esto enmarca el hecho, que deja de ser transparente para convertirse en una nota de opinión encubierta.
Casos groseros, pero ilustrativos, los encontramos en el diario argentino Página 12. Por ejemplo, una de sus notas titula: <Los antiderechos marchan este sábado en contra de la legalización del ab0rto> Acompañan el texto con una fotografia de una manifestación, en la que vemos a personas de edad avanzada, acompañadas de un sinfín de imágenes religiosas.De esta manera, el medio toma un hecho (que habrá una manifestación contra la legalización del ab0rt⁰), pero lo enmarca desde una perspectiva bien concreta (califica de <antiderechos> a quienes se oponen al ab0rt∅, caracteriza etariamente al asistente a la manifestación como <un grupo de viejos>,y despolitiza su convocatoria mostrándola casi como un rito religioso). Otro ejemplo, un poco más sutil lo encontramos en el diario Infobae, que titula una noticia: <Histórico: Mara Gómez fue habilitada y será la primera jugadora tråns en el fútbol argentino>. Cuando leemos el contenido, advertimos que la periodista de repente explica que esto pone <en tensión las miradas estrictamente biologicistas> frente a las que <amplían el horizonte para aportar perspectivas vinculadas a lo social y a la ampliación de derechos>. Según esto, advertir que determinadas hormonas marcan diferencias en el rendimiento deportivo, que los hombres tienen en promedio una cantidad de masa muscular significativamente superior a la de la mujer, además de extremidades más largas, se convierte en un <argumento biologicista> que atenta contra la <ampliación de derechos>. O bien atiéndase a un ejemplo político: cuando el candidato republicano José Antonio Kast empezó a disputar los primeros lugares de las encuestas de las elecciones chilenas del año 2021, todos los medios de comunicación hegemónicos comenzaron a calificarlo como <ultraderechista>. No bastaba decir que era un candidato de derechas, que llegó a la segunda vuelta contra uno de izquierdas (que, dicho sea de paso, celebraba el asesinªto de un famoso constitucionalista chileno perpetrado por un grupo terrorista): José Antonio Kast era un [ultra] y esa fue la forma de enmarcar su imagen. Y esto ocurre actualmente con cualquier candidato de derechas en casi cualquier parte del mundo. De repente, para los medios existen candidatos de izquierda, de centroizquierda, de centro, de centroderecha y de ultrªderecha. La <ultraizquierda> y la <derecha, han sido removidas de los marcos interpretativos del periodismo político de nuestros días
Walter Lippmann, Opinión Pública (Buenos Aires, Fabril Editora: 1949), p. 14
*El poder mediático esconde sus efectos recurriendo a diversas astucias. Entre otras, separa sus propios productos en secciones tales como noticias, entretenimiento y opinión. Esto da lugar a la creencia de que el medio sabe discriminar sus propias opiniones de los hechos objetivos que daria a conocer
<Histórico: Mara Gómez fue habilitada y será la primera jugadora trans en el fútbol argentino>, Infobae, 2 diciembre 2020, ht tps /w ww.infob ae.com/d epor-tes/20 20/12/02/historico-mara-gomez- fue-habilitada-y-sera-la-primera-juga- dora-trans-en-el-futbol-argentino/
<El ultrad3rechysta José Antonio Kast irá a la justicia si el resultado es estrecho>, La Vanguardia, 19 diciembre 2021, h ttp s: //ww w .lava nguardia.com/in- terna cional/20211219/7940523/ultrade- rechista-chileno-kast-ira-justicia-resul- tado-estrecho.html
Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio, pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.
Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido.
No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria.
Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte,
6. Reprobable, sería, en verdad, y muy ajeno a la veneración con que deben recibirse las leyes de la Iglesia, condenar por un afán caprichoso de opiniones cualesquiera, la disciplina por ella sancionada y que abarca la administración de las cosas sagradas, la regla de las costumbres, y los derechos de la Iglesia y de sus ministros, o censurarla como opuesta a determinados principios del derecho natural o presentarla como defectuosa o imperfecta, y sometida al poder civil.
En efecto, constando, según el testimonio de los Padres de Trento[12], que la Iglesia recibió su doctrina de Cristo Jesús y de sus Apóstoles, que es enseńada por el Espíritu Santo, que sin cesar la sugiere toda verdad, es completamente absurdo e injurioso en alto grado el decir que sea necesaria cierta restauración y regeneración para volverla a su incolumidad primitiva, dándola nueva vigor, como si pudiera ni pensarse siquiera que la Iglesia está sujeta a defecto, a ignorancia o a cualesquier otras imperfecciones. Con cuyo intento pretenden los innovadores echar los fundamentos de una institución humana moderna, para así lograr aquello que tanto horrorizaba a San Cipriano, esto es, que la Iglesia, que es cosa divina, se haga cosa humana[13]. Piensen pues, los que tal pretenden que sólo al Romano Pontífice, como atestigua San León, ha sido confiada la constitución de los cánones; y que a él solo compete, y no a otro, juzgar acerca de los antiguos decretos, o como dice San Gelasio: Pesar los decretos de los cánones, medir los preceptos de sus antecesores para atemperar, después de un maduro examen, los que hubieran de ser modificados, atendiendo a los tiempos y al interés de las Iglesias[14]
[12] Sess. 13 dec. de Euchar. in prooem.
[13] Ep. 52 ed. Baluz.
[14] Ep. ad epp. Lucaniae
Dado en Roma, en Santa María la Mayor, en el día de la Asunción de la bienaventurada Virgen María, 15 de agosto de 1832, año segundo de Nuestro Pontificado
Allá, en una montaña cerca de China, hay un altar, preparado para el Santo Sacrificio, clandestina, escondida, en catacumbas. Será adorado al que sostiene al mundo, por aquellos pocos fieles, al Señor, tu Dios
San Lucas 19:12-26 Dijo, pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: `Negociad hasta que vuelva.’ Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: `No queremos que ése reine sobre nosotros.’ «Cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: `Señor, tu mina ha producido diez minas.’ Le respondió: `¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades.’ Vino el segundo y dijo: `Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.’ Dijo a éste: `Ponte tú también al mando de cinco ciudades.’ «Vino el otro y dijo: `Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de tí, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste.’ Dícele: `Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.’ Y dijo a los presentes: `Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.’ Dijéronle: `Señor, tiene ya diez minas.’ -`Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.’
Los Obispos y la Cátedra de Pedro MIRARI VOS SOBRE LOS ERRORES MODERNOS
3. Estos males, Venerables Hermanos, y muchos otros más, quizá más graves, enumerar los cuales ahora sería muy largo, pero que perfectamente conocéis vosotros, Nos obligan a sentir un dolor amargo y constante, ya que, constituidos en la Cátedra del Príncipe de los Apóstoles, preciso es que el celo de la casa de Dios Nos consuma como a nadie. Y, al reconocer que se ha llegado a tal punto que ya no Nos basta el deplorar tantos males, sino que hemos de esforzarnos por remediarlos con todas nuestras fuerzas, acudimos a la ayuda de vuestra fe e invocamos vuestra solicitud por la salvación de la grey católica, Venerables Hermanos, porque vuestra bien conocida virtud y religiosidad, así como vuestra singular prudencia y constante vigilancia, Nos dan nuevo ánimo, Nos consuelan y aun Nos recrean en medio de estos tiempos tan tristes como desgarradores. Deber Nuestro es alzar la voz y poner todos los medios para que ni el selvático jabalí destruya la viña, ni los rapaces lobos sacrifiquen el rebaño. A Nos pertenece el conducir las ovejas tan sólo a pastos saludables, sin mancha de peligro alguno. No permita Dios, carísimos Hermanos, que en medio de males tan grandes y entre tamaños peligros, falten los pastores a su deber y que, llenos de miedo, abandonen a sus ovejas, o que, despreocupados del cuidado de su grey, se entreguen a un perezoso descanso. Defendamos, pues, con plena unidad del mismo espíritu, la causa que nos es común, o mejor dicho, la causa de Dios, y mancomunemos vigilancia y esfuerzos en la lucha contra el enemigo común, en beneficio del pueblo cristiano 4. Bien cumpliréis vuestro deber si, como lo exige vuestro oficio, vigiláis tanto sobre vosotros como sobre vuestra doctrina, teniendo presente siempre, que toda la Iglesia sufre con cualquier novedad[5], y que, según consejo del pontífice San Agatón, nada debe quitarse de cuanto ha sido definido, nada mudarse, nada añadirse, sino que debe conservarse puro tanto en la palabra como en el sentido[6]. Firme e inconmovible se mantendrá así la unidad, arraigada como en su fundamento en la Cátedra de Pedro para que todos encuentren baluarte, seguridad, puerto tranquilo y tesoro de innumerables bienes allí mismo donde las Iglesias todas tienen la fuente de todos sus derechos[7]. Para reprimir, pues, la audacia de aquellos que, ora intenten infringir los derechos de esta Sede, ora romper la unión de las Iglesias con la misma, en la que solamente se apoyan y vigorizan, es preciso inculcar un profundo sentimiento de sincera confianza y veneración hacia ella, clamando con San Cipriano, que en vano alardea de estar en la Iglesia el que abandona la Cátedra de Pedro, sobre la cual está fundada la Iglesia[8]. 5. Debéis, pues, trabajar y vigilar asiduamente para guardar el depósito de la fe, precisamente en medio de esa conspiración de impíos, cuyos esfuerzos para saquearlo y arruinarlo contemplamos con dolor. Tengan todos presente que el juzgar de la sana doctrina, que los pueblos han de creer, y el régimen y administración de la Iglesia universal toca al Romano Pontífice, a quien Cristo le dio plena potestad de apacentar, regir y gobernar la Iglesia universal, según enseńaron los Padres del Concilio de Florencia[9]. Por lo tanto, cada Obispo debe adherirse fielmente a la Cátedra de Pedro, guardar santa y religiosamente el depósito de la santa fe y gobernar el rebańo de Dios que le haya sido encomendado. Los presbíteros estén sujetos a los Obispos, considerándolos, según aconseja San Jerónimo, como padre de sus almas[10]; y jamás olviden que aun la legislación más antigua les prohibe desempeńar ministerio alguno, enseńar y predicar sin licencia del Obispo, a cuyo cuidado se ha encomendado el pueblo, y a quien se pedirá razón de las almas[11]. Finalmente téngase como cierto e inmutable que todos cuantos intenten algo contra este orden establecido perturban, bajo su responsabilidad, el estado de la Iglesia
[5] S. Caelest. pp., ep. 21 ad epp. Galliarum. [6] Ep. ad Imp., ap. Labb. t. 2 p. 235 ed. Mansi. [7] S. Innocent. pp., ep. 2: ap. Constat. [8] S. Cypr. De unit. Eccl. [9] Sess. 25 in definit.: ap. Labb. t. 18 col. 527 ed. Venet. [10] Ep. 2 ad Nepot. a. 1, 24. [11] Ex can. ap. 38; ap. Labb. t. 1 p. 38 ed. Mansi
Dado en Roma, en Santa María la Mayor, en el día de la Asunción de la bienaventurada Virgen María, 15 de agosto de 1832, año segundo de Nuestro Pontificado.