San Juan 19:25-27 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
Cuando en 1524 llegaron a México los primeros misioneros, el pueblo indígena no conocía la escritura. Fue la evangelización a la par de la civilización, lo que logró incluso salvar las antiguas tradiciones autóctonas gracias a que se pudieron poner por escrito. En apenas siete años (1531) Vasco de Quiroga comunicaba al Consejo de Indias que ya habían indígenas «tan bien adoctrinados y enseñados, que muchos dellos, además de saber lo que a buenos cristianos conviene, saben leer y escribir en su lengua, y en la nuestra y en latín, y cantan llano y de órgano, saben apuntar libros dello harto bien, y otros predican; cosa cierta, mucho para ver y dar gracias a nuestro Señor».
Fue en esta primera etapa de la conquista donde sobresalieron grandes educadores para los autóctonos; hombres que dejaban su suelo natal para surcar los mares y trasplantar lo que habían recibido de occidente Hombres como fray Pedro de Gante quien, luego de llegar a tierras mexicanas en el año 1523 dedicó su enorme capacidad de acción a instruir a los naturales, organizando una Escuela de Artes y Oficios que llegó a contar con más de mil alumnos; de ella egresarian con el correr de los años, latinistas cantores, músicos, bordadores, canteros, imagineros, pintores, sastres, zapateros y hasta herreros. El misionero no solo fue el primer promotor de las lenguas locales al fomentar sus estudios, sino que también daba acceso a las lenguas superiores como el latin y hasta el griego. Era un modo de dotarlos de un instrumento poderosísimo que les permitiría acceder a la gran vida del espíritu y que, además, les daría un acceso a obras de primer nivel. El intento no parece haber sido ambicioso, pues según De Vizcarra, ya a mediados del siglo XVI había quienes hablaban tan buen latín como Cicerón.
La educación se programaba al igual que en Europa aunque con ligeras variaciones.El arzobispo de Santo Domingo y presidente interino de la Real Audiencia de México, Sebastián Ramírez de Fuenleal, organizó, por ejemplo, el primer colegio de América en Nueva España: San Juan de Tlatelolco, inaugurado el 6 de enero de 1536. El plan de estudios fue preparado de acuerdo a las normas renacentistas en el famoso trivium que integraba las materias de gramática, dialéctica y retórica; y el quadrivium o Curso de Artes, con aritmética, geometría, astronomía y música. Además para aquellos indios que demostraban indicios de la vocación al sacerdocio, se agregaron cursos de Sagradas Escrituras y ciertos principios de teología. Fray Jeronimo de Mendieta dice que en oportunidad de registrarse la urgencia de servicios médicos en ciertos pueblos indios, se añadieron hasta cursos de medicina. La experiencia de este Colegio hizo que a fines de siglo se hubieran extendido, desde México a Chile, numerosos institutos similares, que se encontraban en Teptzotlán, Puebla, Guadalajara, Santa Fe del Bogotá, San Luis de La Paz, Quito, Lima, Charcas, Santiago de Chile… etc. Y el indio aprendía tan rápido que hasta llegaba a ser maestro de los españoles, como narra García Icazbalceta acerca del Colegio de Santa Cruz: «(el colegio había engendrado) alumnos aventajadísimos que no solo llegaron a ocupar cátedras en el colegio, sino que sirvieron también para enseñar a religiosos jóvenes, supliendo la falta que había de lectores, por hallarse los religiosos ancianos ocupados en el cuidado espiritual de los indios. Y como estos no recibían entonces el hábito, dedúcese que los oyentes eran forzosamente españoles o criollos, y que la raza indígena daba maestros a la conquistadora sin despertar celos en ella. Hechos históricos dignos de meditación». No contentos con ello, España apuntó también a formar una clase dirigente indígena que gobernara a los demás indios, como se lee en un informe del visitador de la Compañía de Jesús, el padre Avellaneda, al rey: «El intento que en esto se tiene es criar a estos indios hijos de caciques y principales con toda institucion de policía y cristiandad: porque siendo ellos los que después han de gobernar y regir sus pueblos, será mucha importancia su ejemplo y enseñanza para el bien de todos los demás, como ya se experimenta ese fruto»
VICENTE SIERRA, op. cit., 152-153
ZACARIAS DE VIZCARRA, op.cit, 46
*Son infinitos lo ejemplos de indios egresados de los Colegios que se destacaron por sus obras. Nombremos algunos: el indio Pedro Juan Antonio se destacó por su versación en los autores clásicos, en 1568 pasó a España y cursó derecho civil y canónico en Salamanca, publicando seis años más tarde una gramática latina con el título de Arte de la lengua latina. Antonio Alejos, que entró en la orden seráfica, dejó un tomo de sermones titulado Homilías sobre los Evangelios de todo el año, así como un catecismo en lengua pima. En 1552, el indio Martín de la Cruz, terminó una obra sobre hierbas medicinales empleadas por sus connacionales, cuyo texto trasladó al latín el indio Juan Badiano. Ambos habían sido alumnos del Colegio Santa Cruz
Imagen tomada de: La pintura mural de la Revolución mexicana, México, Fondo editorial de la plática mexicana, 1989. p. 94. Mural de la SEP Primer patio, planta baja, paisaje del norte (Sobrepuerta). 4.38 x 3.27 m.
Y aquí va una vez más el error de rango epistemológico «a la Yuri Gagarín». Es obvio que si uno se queda en el plano de la ciencia que estudia lo material no va a ver cómo es posible el surgimiento de lo inmaterial de por sí y hasta va a calificarlo de mitológico. Pero la cuestión no es aquí de orden científico sino más bien ontológico pues no tiene que ver primariamente con el cambio de forma del ser material (que es lo que estudia la ciencia) sino más bien con el paso de lo material a lo inmaterial (lo cual implica, al menos como posibilidad, una dilucidación ontológica). Y es justamente ahí donde se plantea el problema filosófico: cómo puede un ser que es meramente producto de la naturaleza tener facultades que le permitan trascender la naturaleza?
Si cada ser actúa de acuerdo con su naturaleza, como dice Aristóteles, ¿cómo puede sucederse lo inmaterial (libertad, voluntad, autoconsciencia suprasensitiva, pensamiento puramente abstracto, juicios morales, etc.) a partir de la pura naturaleza material sin que haya ningún poder agente adicional?
*Más detalles sobre la «brecha ontológica» existente entre el hombre y el animal véase: «El hombre comparado con el animal», El Panorama, Año I, n 6, Madrid 1838, p.83-85
recubren la entera superficie del mundo moderno. Nada ni nadie queda ya al margen de sus alcances y sus efectos. Así, median la propia vida, la dirigen, le imprimen sus pautas y valores. Los medios masivos, sin embargo, no son simples instrumentos técnicos de mediación de la realidad. Son, ante todo, artefactos político- culturales de construcción y deconstrucción de realidades. Por eso asistía toda la razón al politólogo Giovanni Sartori cuando anotaba:
El hombre en cuanto animal mental no ha estado nunca tan expuesto ni ha sido tan vulnerable como hoy. Es tal el poder de la tecnología de las comunicaciones de masas, que puede llegar a alterar si se lo emplea realmente a fondo- nuestros mecanismos de defensa mental
Giovanni Sartori, La política. Lógica y método en las ciencias sociales (Ciudad de Мéхісо: FСЕ, 2015),р. 323
En la Iglesia siempre ha habido defensores de la verdadera libertad religiosa (la de la verdadera religión), así como de la mansedumbre cristiana, pero jamás de la libertad religiosa como la propone el Concilio Vaticano ll. Los primeros defensores de la libertad para todos los cultos fueron los heréticos y los enemigos de la iglesia.
Sus primeros grandes defensores fueron los filósofos ingleses del siglo XVlI, después los filósofos franceses de las «luces» en el siglo XVII. Los catolicos que en seguida se creyeron hábiles para reclamar esta libertad de cara a las persecuciones, formaron lo que se llama los «católicos liberales», muchas veces condenados por los papas
CATECISMO CATOLICO DE LA CRISIS EN LA IGLESIA Por el Padre Matthias Gaudron
San Mateo 13:44-52 «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.» Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas.»
Evangelio según san Mateo, 7: 13- 14 «Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. jQué angosta es la puerta y qué estrecho es el camino que lleva a la vida, y pocos son los que atinan con ella!» (vv. 13-14)
Aunque la caridad sea ancha, sin embargo, no arranca a los hombres de la tierra, sino haciéndolos caminar por sendas arduas y estrechas. Y ciertamente que es bastante estrecho dejarlo todo, amar a uno solo, no ambicionar las cosas prósperas y no temer las adversas