Categoría: Transubstanciación

Papa Urbano IV y el Milagro de Orvieto

en 1263, había en Bolsena, Diócesis de Orvieto, Italia, un sacerdote que, después de haber pronunciado sobre el pan las palabras de la consagración, cediendo a la instigación de Satanás, se puso a dudar de la transubtanciación. Este desgraciado se decía a sí mismo: No siento nada, no veo el menor indicio de cambio! No, no es cierto que Jesucristo esté bajo esta apariencia. No contento con alimentar esta duda, llegó a negar positivamente la presencia real de Jesucristo, cayendo así en una verdadera herejía. No obstante esto, continuó diciendo Misa y consagrando. Un día, al elevar la Hostia después de la consagración, la Sangre corrió como una lluvia que cae de las nubes. Ya se considerará el estupor del sacerdote al ver este espectáculo; permaneció inmóvil, muy emocionado, y se percibió que esta lluvia misteriosa venía de la Hostia. El pueblo veía el mismo milagro y exclamaba: !Oh Preciosa Sangre!, Oh Sangre Divina! ¿Cuál es la causa de tu efusión? Oh Lluvia Sagrada, corre sobre nuestras almas, purificados de nuestros pecados! Unos se daban golpes de pecho, otros derramaban lágrimas ardientes.

Al oír los clamores del pueblo, el sacerdote volvió en sí, bajó la santa Hostia y quiso colocarla sobre el corporal, pero éste quedó tan humedecido, que apenas encontró un lugar seco donde pudiera depositarla. Ante semejante manifestación, los ojos de su alma se abrieron, reconoció su falta, se arrepintió sinceramente de su incredulidad, y continuó la celebración de los divinos misterios con tal abundancia de lágrimas, que varias veces se vio en la necesidad de suspender sus oraciones. Después de la comunión dobló el corporal lo mejor que pudo, con objeto de que el prodigio quedase oculto; más cuando terminó la Misa los fieles fueron a interrogarle para cerciorarse de si era verdad lo que habían visto. El sacerdote se vió obligado a enseñarles el corporal, y al verlo, los asistentes cayeron de rodillas, golpeándose el pecho e implorando la Divina Misericordia. Este acontecimiento tan extraordinario atrajo gran número de curiosos a Bolsena. Urbano IV lo supo, y ordenó que el celebrante fuese con el corporal a Orvieto, donde él estaba. El desgraciado eclesiástico fué temblando, se prosternó ante el Papa pidiéndole perdón, le contó sus dudas pasadas, la efusión de la preciosa Sangre, y le mostró como prueba los vestigios sobre el corporal. El Papa, sobrecogido de emoción se arrodilló y besó el lienzo milagroso. Urbano IV hizo construir más tarde una iglesia magnífica en Bolsena, en honor de la preciosa Sangre, y ordenó que una procesión recorriese la ciudad, el día del aniversario de este prodigio. El milagroso corporal se ve hoy todavía en la catedral de Orvieto. Este admirable suceso fue una de las principales razones para que el Papa confirmase la institución de la fiesta del Santísimo Sacramento.

Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)

EL VALOR DE LA SANGRE DE CRISTO

De las catequesis de san Juan Crisóstomo, obispo
(Catequesis 3, 13-19: SC 50, 174-177)



¿Quieres saber el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recorramos las antiguas Escrituras. Inmolad —dice Moisés— un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. «¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional, ¿puede salvar a los hombres dotados de razón?» «Sin duda —responde Moisés—: no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor.» Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos. ¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza y le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero, y yo recibo el fruto del sacrificio. Del costado salió sangre y agua. No quiero, amable oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado ambas del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva. Por esta misma razón, afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que hizo a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salida de su costado para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto. Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer.

Servidores de la oración



Los ministros ordenados son también responsables de la formación en la oración de sus hermanos y hermanas en Cristo. Servidores del buen Pastor, han sido ordenados para guiar al pueblo de Dios a las fuentes vivas de la oración: la palabra de Dios, la liturgia, la vida teologal, el hoy de Dios en las situaciones concretas (cf PO 4-6).

La vida de Jesucristo, una santa Misa

Jesucristo se revistió del traje sacerdotal en el santuario del seno maternal, donde al tomar nuestra carne, con ella se revistió de nuestra mortalidad. En la noche bendita de la Navidad salió de ese santuario de la entrada al mundo empezó el introito. entonó el kyrie eleison cuando extendió sus manecitas en el pesebre como para pedir Socorro. El Gloria in excelsis fue cantado por los Ángeles cuando se aparecieron a los pastores conduciendolos hacia donde estaba el niño recién nacido. Jesús dijo la colecta cuando pasaba las vigilias en oración implorando para nosotros la Divina Misericordia. Leyó la epístola cuando hizo las explicaciones de Moisés y los profetas. Anunció el evangelio al recorrer judea predicando la buena nueva. El ofertorio cuando se ofreció a Dios padre por la salvación de los hombres el cual aceptó todos sus sufrimientos. Cantó el prefacio alabando a Dios sin cesar en lugar nuestro y Dándole gracias por sus beneficios. El Sanctus fue celebrado por los hebreos, a la entrada de Jesús en Jerusalén; el domingo de Ramos cuando exclamaron !Bendito sea el que viene en el nombre del Señor¡ !Hosanna al Hijo de David¡ El Salvador efectuó la Consagración en la última Cena, por la transubtanciación del pan y del vino, en su Cuerpo y en su Sangre. La Elevación tuvo lugar, cuando fue clavado en la cruz y levantado en el aire para servir de espectáculo al mundo. Recitó el Pater; al pronunciar las siete palabras en la cruz. La fracción de la Hostia se efectuó cuando su Alma santísima se separó de su Cuerpo adorable. Reconoceréis en el Agnus Dei, la confesión del Centurión dándose golpes de pecho y exclamando: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios. La Comunión, es el embalsamamiento y la sepultura. La Bendición, fue cuando Jesús bendijo al pueblo antes de dejar el mundo extendiendo las manos en el momento de su Ascensión.

¡Cuán hermosa y solemne es esta Misa celebrada por el Salvador en esta tierra! Es la misma ue los sacerdotes dicen todos los días, aunque más brevemente. Nosotros somos más favorecidos que aquéllos que vivieron en tiempo de Jesucristo. Ellos oyeron una Misa muy larga, pero única, en tanto que nosotros podemos asistir todos los días a varias, a recoger con poco trabajo los frutos de toda la vida del Salvador

Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)

Transubstanciación

Si alguien me pregunta cómo es transubstanciado el pan en el cuerpo de Jesucristo, yo le responderé. El Espíritu Santo cubre al sacerdote con su sombra y obra como lo hizo en el seno de la Bienaventurada Virgen María
San Juan Damasceno

Cuerpo y Sangre de Jesucristo

El Espíritu Santo convierte el pan y vino en Cuerpo y Sangre de Jesucristo

Ya no eres Pan y Vino, ahora que eres Cuerpo y Sangre;