Preciso es encontrar lo infnitamente grande en lo infinitamente pequeño, para sentir la presencia de Dios
(Pitágoras, filósofo griego)

Camino de crecimiento espiritual hacia Cristo Jesús
Preciso es encontrar lo infnitamente grande en lo infinitamente pequeño, para sentir la presencia de Dios
(Pitágoras, filósofo griego)

La prensa del día = la plegaria del hombre moderno
Medios de comunicación y la opinión pública
Los efectos de poder de los medios de comunicación de masas son inmensos y sumamente variados.
Al establecimiento de los marcos interpretativos de la realidad social se suma el establecimiento de los temas públicos de discusión. ¿Qué discute una sociedad? En una medida más que significativa, lo que los medios establecen como temas prioritarios de discusión. <Quizá los medios no dicen a la gente qué tienen que pensar, pero sí los temas sobre los que hay que pensar>. Esto se ha denominado agenda-setting o <establecimiento de agenda>, y sebconfirmó empíricamente numerosas veces. Los medios de masas tienen la capacidad de tematizar la discusión: seleccionan los temas sobre los que la opinión pública ha de expresarse.De esta manera,nen tales medios no simplemente se juega el marco interpretativo de un tema, sino el tema en sí mismo, en cuanto aparece o desaparece de las pantallas, las páginas y los altavoces. McCombs y Shaw, los descubridores de este efecto en un célebre estudio de 1972, dos décadas después encontraron que lo que los medios transferían no era simplemente la prioridad del tema, sino también sus rasgos, cualidades y atributos. O
sea, su framing. Veinte años después de La sociedad del espectáculo, Guy Debord revisitó el tema y no dejó de sorprenderse por el avance de la alienación respecto de la realidad producida por los medios de comunicación. A la conformación de una agenda y la manera de enmarcar sus temas, Debord añade el poder del olvido: los medios inducen a olvidar. El ritmo de las agendas mediáticas no soporta la prueba del tiempo. Toda información se vuelve obsoleta demasiado rápido. También por esto, el presentismo marca el ritmo de la vida mediatizada. Ya decía Hegel, en su tiempo, que el periódico matutino era la plegaria del hombre moderno. ¿Cuánto más el espectáculo del multimedio? El problema de esa plegaria es que cambia todos los días, a cada hora, a cada minuto, sin dejar prácticamente rastros en la memoria. Escribe Debord: <El espectáculo organiza con maestría la ignorancia acerca de lo que está pasando, y acto seguido el olvido de cuanto a pesar de todo acaso se haya llegado a saber>
Bernard Cohen, The Press and the Foreign Policy (New Jersey, Princeton University Press: 1963), p. 13
Sádaba, Framing. Una teoria para los medios
de comunicación
Maxwell McCombs y Donald Shaw, <The Agenda-Setting Function of the Mass Media>, Public Opinion Quarterly 36, 1972, pp. 176-187. Además, Maxwell McCombs, <Explorers and Surveyors: Expanding Strategies for Agenda-Setting Research>, Journalism Quarterly 69 (4), 1992, pp. 813-824. Hay que decir que la magnitud de la influencia de este efecto depende
de variables sociológicas, psicológicas, demográficas
Debord, Guy la sociedad del espectáculo (Barcelona, Anagrama: 1999), p. 26
https://youtu.be/QxtkvG1JnPk?si=mOrVPiFn5nlerJJY
MIRARI VOS
SOBRE LOS ERRORES MODERNOS
Celibato clerical
7. Queremos ahora Nos excitar vuestro gran celo por la religión contra la vergonzosa liga que, en dańo del celibato clerical, sabéis cómo crece por momentos, porque hacen coro a los falsos filósofos de nuestro siglo algunos eclesiásticos que, olvidando su dignidad y estado y arrastrados por ansia de placer, a tal licencia han llegado que en algunos lugares se atreven a pedir, tan pública como repetidamente, a los Príncipes que supriman semejante imposición disciplinaria. Rubor causa el hablar tan largamente de intentos tan torpes; y fiados en vuestra piedad, os recomendamos que pongáis todo vuestro empeńo en guardar, reivindicar y defender íntegra e inquebrantable, según está mandado en los cánones, esa ley tan importante, contra la que se dirigen de todas partes los dardos de los libertinos.
Dado en Roma, en Santa María la Mayor, en el día de la Asunción de la bienaventurada Virgen María, 15 de agosto de 1832, año segundo de Nuestro Pontificado.

Evangelio según san Mateo, 7: 21- 23 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése entrará en el reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Seňor, ¿pues no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos los demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces yo les diré claramente: nunca Os conocí. Apartaos de mí los que obráis la iniquidad». (vv. 21- 23)
En estas palabras parece que se dirige especialmente a los judíos, que ponen toda su atención en los dogmas. Por ello San Pablo los denuncia, diciéndoles en la segunda carta a los
Romanos ( Rom 2,17 ): «Si, pues, te llamas judío y descansas en la ley», etc
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum,
hom. 24,1

<Si es verdad que las conjuraciones son tramadas a veces por gentes de talento, son siempre ejecutadas por bestias feroces> (Antoine de Rivarol)
Muchos, muchísimos son los libros acerca de la Revolución Francesa. Ella, al decir del «sentir común», ha sido la «culminación del proceso de liberación», de la liberación de los reyes, de la Iglesia y de sus creencias, donde el hombre «se dio cuenta de que era libre»: libre de las jerarquías, libre de los dogmas, de la moral, de la tradición… Ni trono, ni Dios, ni culpa, ni guerras, ni cárceles, «prohibido prohibir», jauja, paz y felicidad universal y veinte etcéteras más. Se trata de un «dogma» conocido y repetido por los divulgadores de la historia oficial. Y si no, hagamos la prueba preguntémosle a un universitario medianamente «cultivado», cuáles son las ideas que le vienen a la cabeza cuando escucha decir las palabras «Revolución Francesa»; muy seguramente responderá:- «Democracia». – «Siglo de las luces». – «Libertad, igualdad, fraternidad». «Revolución y soberanía popular». – «Tolerancia». «Lucha por los derechos humanos», Etc., etc., etc.. Y no se equivoca en la repetición. Es lo que se viene explicando hace 200 años en nuestros colegios y
centros de estudios.
Con el objeto de dar un pantallazo general acerca de la «gloriosa revolución» en las próximas entradas y brevemente tres temas: los hechos, la ideología encarnada y la respuesta del pueblo ante «el glorioso acontecimiento»
Estad atentos

“Tu fe te ha salvado”
Comentario del evangelio del día Lc 17, 11-19
I. Aunque una primera lectura del Evangelio de este Domingo XIII después de Pentecostés (Lc 17, 11-19) nos llevaría a hablar de la acción de gracias a Dios, aspecto en nada secundario de la vida cristiana y que merecería una consideración detallada, también podemos ponerlo en relación con la fe, sobre todo si a la luz de la Epístola (Gal 3, 16-22), planteamos esta cuestión desde el punto de vista de las relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. No olvidemos, por otra parte, que la fe es uno de los mayores dones sobrenaturales que hemos recibido de Dios, motivo éste también para nuestro agradecimiento.
En realidad, la cuestión que plantea san Pablo en la Epístola a los Gálatas polemizando con los cristianos “judaizantes”[1], gira en torno al mismo Cristo, el Mesías prometido. Se trataba de saber, en efecto, si nuestra salvación eterna depende sólo de Cristo o junto a Él (o incluso por encima) se encuentra la Ley de Moisés y, por consiguiente, el Antiguo Testamento conservaba todavía su valor y su fuerza obligatoria. Un planteamiento similar se hace también en nuestros días en relación con las falsas religiones y con las comunidades separadas de la verdadera Iglesia de Cristo como posibles cauces de salvación. En esto se va mucho más allá de lo que pudieron pensar los primeros cristianos, algunos de los cuales se plantearon la problemática en relación con los preceptos ceremoniales del Antiguo Testamento pero nunca con las idolatrías predominantes en el Imperio romano.
La Liturgia de este Domingo da a la cuestión planteada una respuesta categórica: únicamente en Cristo está la salvación.
1) En la Epístola, se alude a las promesas hechas a Abrahán: «te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz» (Gen 22, 17-18). Como advierte San Pablo: «las promesas se le hicieron a Abrahán y a su descendencia (no dice “y a los descendientes”, como si fueran muchos, sino y a tu descendencia, que es Cristo)» (v. 16). Este único descendiente de Abrahán es Cristo. Sólo en Él se encuentra la salvación y la gracia.
2) En el Evangelio vemos que los leprosos se dirigen a cumplir el requisito de la Ley de Moisés que ordenaba a todo leproso curado de su enfermedad presentarse ante un sacerdote, para que éste certificara legalmente su curación. Una vez sanados, nueve de ellos continúan su camino para cumplir aquel requisito. Podemos decir que representan a los que creen que su curación es efecto de la fiel observancia de la Ley. Toda su gratitud es para las obras de la Ley. Comparten la ilusión y ceguera del pueblo de Israel acerca del valor justificativo de la Ley.
Es la misma ilusión de todos los que creen que la vida de la gracia, que la verdadera salvación puede proceder de otra fuente distinta de la fe en Jesucristo.
Es la misma ceguera y la misma funesta ilusión de todos aquellos que esperan y creen poder alcanzar la vida sobrenatural con sus propios esfuerzos, con sus talentos y cualidades personales, sin apoyarse para nada en el único fundamento verdadero de esa vida, que es la fe en Cristo, en el Hijo de Dios.
Sólo uno de los diez leprosos curados vuelve al Señor. Está plenamente convencido de que su curación no se debe a las obras de la Ley ni a sus propios méritos o esfuerzos. Cree en Jesús («tu fe te ha salvado»). Por eso, tan pronto como se ve curado alaba a Dios y se postra a los pies del Señor. Podemos decir que este samaritano es un modelo de la Iglesia que cree que la Redención viene únicamente de Jesús: «no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos» (Hch 4, 12):
«No hay salvación en ningún otro: Inolvidable enseñanza que nos libra de todo humanismo, y qué S. Pablo inculcaba sin cesar para que nadie siguiese a él ni a otros caudillos por simpatía o admiración personal, sino por adhesión al único Salvador, Jesús (1 Co. 1, 12; 3, 4 ss.), y mostrándose él como simple consiervo (14, 9-14), como lo son los mismos ángeles (Ap. 19, 10). Es éste un punto capital porque afecta al honor de Dios, siendo muy de notar que la figura del Anticristo no es presentada como la de un criminal o vicioso, sino como la del que roba a Dios la gloria (2 Ts. 2, 3 ss.). Sobre la extrema severidad del divino Maestro en esta materia véase Jn. 5, 30 y 43 ss.; 7, 18; Mt. 23, 6-12; etc.»[2].
Convenzámonos profundamente de lo que nos enseña hoy la Sagrada Liturgia: sólo la fe en Cristo puede alcanzarnos la salvación. Sólo ella puede asegurarnos la vida eterna.
II. Y como ha ocurrido a lo largo de los siglos siempre que se plante esta cuestión, surge la pregunta: ¿entonces las obras no son importantes para la salvación? o bien ¿todo está permitido al que cree? Y la respuesta correcta es crucial porque muchos errores que han arrastrado a millones de almas a la confusión -pensemos en el pelagianismo, el luteranismo, el jansenismo o el mismo modernismo-, se derivan de una falsa contraposición entre la fe y las obras absolutizando cualquiera de ellas de manera unilateral.
Como explica san Pablo en la Epístola de este Domingo, el genuino y auténtico heredero de la Promesa hecha a Abrahán es Cristo; y únicamente por su incorporación a Cristo, formando unidad con Él, es como los cristianos se convierten también en herederos.
No olvidemos esta revelación que debe estar en la base de nuestra vida espiritual: la Ley fue añadida a la promesa hasta que viniera el que había de cumplirla. Desde entonces lo prometido se da por la fe en Jesús, es decir a los que, creyendo en Él, se hacen como Él hijos de Dios. Luego, nuestra vida no es ya la del siervo que obedece a la Ley, sino la del hijo y heredero que sirve por amor. Hagamos notar la necesidad de la filiación divina, cuyo sello es la fe. La Ley solamente preparaba para Cristo, pero no supo proporcionar en ningún momento el injertarnos en un “tronco divino” (Jn 15, 5)[3].
Volvemos así a lo que apuntábamos el pasado Domingo: el don de los mandamientos de la Ley forma parte de la Alianza sellada por Dios con los suyos. Según la Escritura, el obrar moral del hombre adquiere todo su sentido en y por la Alianza. Los mandamientos propiamente dichos vienen en segundo lugar. Expresan las implicaciones de la pertenencia a Dios instituida por la Alianza. La existencia moral es respuesta a la iniciativa amorosa del Señor. Es reconocimiento, homenaje a Dios y culto de acción de gracias. Es cooperación al plan que Dios realiza en la historia[4]. Por eso la oración colecta de la Misa de hoy presenta nuestras buenas acciones como un fruto del amor a Dios:
«Omnipotente y sempiterno Dios, acrecienta en nosotros la fe la esperanza y la caridad, y para que consigamos lo que nos prometes, haznos amar lo que mandes. Por nuestro Señor Jesucristo…»[5].
Por último, una excelente respuesta a las cuestiones aquí implicadas y que planteábamos al principio acerca de la necesidad de Cristo y de la Iglesia para la salvación la encontramos sintetizada en el Catecismo Mayor aprobado por san Pío X:
¿Puede alguien salvarse fuera de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana? – No, señor; fuera de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, nadie puede salvarse, como nadie pudo salvarse del diluvio fuera del Arca de Noé, que era figura de esta Iglesia.
¿Cómo, pues, se salvaron los antiguos Patriarcas y Profetas y todos los otros justos del Antiguo Testamento? – Todos los justos del Antiguo Testamento se salvaron en virtud de la fe que tenían en Cristo futuro, mediante la cual ya pertenecían espiritualmente a esta Iglesia.
¿Podría salvarse quien sin culpa se hallase fuera de la Iglesia? – Quién sin culpa, es decir, de buena fe, se hallase fuera de la Iglesia y hubiese recibido el bautismo o, a lo menos, tuviese el deseo implícito de recibirlo y buscase, además, sinceramente la verdad y cumpliese la voluntad de Dios lo mejor que pudiese, este tal, aunque separado del cuerpo de la Iglesia, estaría unido al alma de ella y, por consiguiente, en camino de salvación.
¿Se salvaría quien, siendo miembro de la Iglesia Católica, no practicase sus enseñanzas? – Quien, siendo miembro de la Iglesia Católica, no practicase sus enseñanzas, sería miembro muerto y, por tanto, no se salvaría, pues para la salvación de un adulto se requiere no sólo el bautismo y la fe, sino también obras conformes a la fe»[6].
Renovamos hoy nuestra voluntad de poner por obra la voluntad de Dios que conocemos por la fe y para ello imploramos el auxilio de la santísima Virgen. De esa manera, nuestra oración irá unida a la acción de gracias que Dios siempre espera de nosotros y seremos favorecidos por la intercesión poderosa de la Virgen María.
[1] San Pablo llama «insensatos» a los gálatas (Ga 3, 1) porque «querían, como judaizantes salvarse por el solo cumplimiento de la Ley, sin aplicarse los méritos del Redentor mediante la fe en Él (cf. el discurso de Pablo a Pedro en Ga. 2, 11-21). La Alianza a base de la Ley dada a Moisés no podía salvar. Sólo podía hacerlo la Promesa del Mesías hecha a Abrahán; pues el hombre que se somete a la Ley, queda obligado a cumplir toda la Ley, y como nadie es capaz de hacerlo, perece. En cambio Cristo vino para salvar gratuitamente, por la donación de sus propios méritos, que se aplican a los que creen en esa Redención gratuita, los cuales reciben, mediante esa fe (Ef. 2, 8 s.), el Espíritu Santo, que es el Espíritu del mismo Jesús (Ga. 4, 6), y nos hace hijos del Padre como Él (Jn. 1, 12), prodigándonos su gracia y sus dones que nos capacitan para cumplir el Evangelio, y derramando en nuestros corazones la caridad (Rm. 5, 5) que es la plenitud de esa Ley (Rm. 13, 10; Ga. 5, 14)»: Juan STRABINGER, La Santa Biblia, in: Jn 15, 5. Encontramos aquí admirablemente resumido todo el asunto que nos proponemos tratar.
[2] Juan STRAUBINGER, ob.cit., in: Hch 4, 12.
[3] Cfr. Juan STRAUBINGER, ob.cit., in: Gal 3, 19 y 26.
[4] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica 2060-2062.
[5] Eloíno NÁCAR FUSTER; Alberto COLUNGA, Misal ritual latino-español y devocionario, Barcelona: Editorial Vallés, 1959, 702.
[6] I, 10, nº 170-173
#Introíbo #ad #altáre #Dei.
Ad #Deum, #qui #lætíficat #iuventútem #meam

A ti la Iglesia santa confiesa por toda la redondez de la tierra:
Por Padre de inmensa majestad
San Lucas 17:11-19
De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaría y Galilea. Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»
Palabra de Dios

Pero no todo quedaba en colegios. El 21 de septiembre de 1551, una real cédula erigia las Universidades de México y Perú y decia: » «…conviene que nuestros vasallos y súbditos naturales tengan en ellos Universidades y Estudios Generales donde sean instruidos en todas las ciencias y facultades y por el mucho amor y voluntad que tenemos en favorecer y honrar a los de nuestras Indias, y desterrar de ellas las tinieblas de la ignorancia, creamos, fundamos y construimos en la ciudad de Lima, de los reinos del Perú, y en la ciudad de México, de la Nueva España, Universidades y Estudios Generales, y tenemos por bien y concedemos a todos los graduados, que gocen en nuestras Indias, Islas y tierra firme del mar océano, de las libertades y franquicias que gozan en otros reinos los que se gradúan en la Universidad de Salamanca..»
En realidad, si en este año se podían fundar universidades, era porque había jóvenes que habían realizado los estudios previos al ingreso de la misma, es decir, que eran indios, mestizos y criollos que ya tenían su primaria y secundaria aprobada. Las casas de altos estudios conocieron en América un gran desarrollo, como lo demuestra la fundación de de ellas para una población que no pasaba los 15 millones de habitantes. Veamos algunas de ellas:
1. Universidad de Santo Domingo. Santo Domingo, 1538.
2. Universidad de San Pablo. México, 1551.
3. Universidad de San Marcos. Lima, 1553
4. Universidad de Santiago de la Paz. Santo Domingo, 1558.
5. Universidad de Santo Domingo. Santa Fe de Bogotá, 1580.
6. Universidad de San Fulgencio Quito, 1586.
7. Universidad de Santa Catalina. Mérida de Yucatán, 1622.
8. Universidad Javeriana. Bogotá, 1622.
9. Universidad de San Ignacio. Córdoba, 1622.
10. Universidad de San Gregorio. Quito, 1622.
11. Universidad de San Ignacio. Cuzco, 1623.
12. Universidad de San Javier. Charcas, 1624.
13. Universidad de San Miguel. Santiago de Chile, 1625
14. Universidad de San Borja. Guatemala, 1625.
15. Universidad de San Ildefonso. Puebla, 1625.
16. Universidad de Nuestra Señora del Rosario. Bogotá, 1651.
17. Universidad de San Carlos. Guatemala, 1676.
18. Universidad de San Cristóbal. Guamanga, 1681.
19. Universidad de Santo Domingo. Quito, 1688.
20. Universidad de San Pedro y San Pablo. México, 1687.
21. Universidad Jesuítica. Guadalajara, 1696.
22. Universidad de San Antón. Cuzco, 1696.
23. Universidad de Santa Rosa. Caracas, 1721.
24. Universidad de San Francisco. Celaya, México, 1726.
25. Universidad de San Jerónimo. Habana, 1728.
26. Universidad de la Concepción. Concepción, Chile, 1730.
27. Universidad de San Felipe. Santiago de Chile, 1738.
28. Universidad de San José. Popayán, Colombia, 1745.
29. Universidad de Gorjón. Santo Domingo, 1747.
30. Universidad de San Javier. Panamá, 1749.
31. Universidad de San Bartolomé. Mérida, 1806.
32. Universidad de San Carlos. Nicaragua, 1812.
33. Universidad de San Agustín. Arequipa, 1827.
simplemente un vistazo a lo que España trataba de transmitir.
Cuando hubo que consumar la maravilla de alguna nueva hazaña-al decir de Pemán- Dios pensó en España como forjadora de un Continente Católico. Ese continente que bien podría llamarse «Cristianoamérica», aun habla en español y reza a Jesucristo, según Rubén Darío. Fue España la gran madre que dio a luz con dolores de parto y que hasta se desangró por su hijo para comunicarle su ser, su espíritu y su querer. Fue ella la que hizo propias las palabras Cristo al decir que «nadie tiene más amor que quien da la vida por sus amigos», dando todo de sí. Fue ella la artífice de la unidad de dos mundos, sin descartar lo bueno del indio pero sin aflojarle un tranco a lo que había de inhumano. Fue ella la que se preguntó y demandó sobre la licitud o no de la conquista y hasta la detuvo mientras el litigio aclarase. Pero son ellos, sus enemigos, quienes maliciosamente silencian sus grandezas y rebajan sus proezas. Son ellos los que siguen narrando una historia fabulesca con el fin de oscurecer los orígenes cristianos del nuevo mundo. Está en quienes desean buscar esa libertad que nos da la verdad el saber formarse e instruirse para..
Qntlc
VICENTE SIERRA, op. cit., 166. Como dato curioso, anotemos que desde su fundación hasta 1600, en la universidad de México se graduaron 595 alumnos
CAYETANO BRUNO, op. cit., 89-90
