Día: 26 diciembre, 2018

San Esteban

San Esteban, diácono y protomártir: himnos litúrgicos

Cada 26 de diciembre, la Iglesia universal celebra la “fiesta” de san Esteban, diácono y protomártir. Estos son los himnos propios de la versión en latín de la Liturgia de las Horas, traducidos al español:

Oficio de lectura: Festum celebre

Celebremos dignamente la fiesta
del mártir San Esteban,
el primero que obtuvo en el combate
la palma de la victoria.

Mártir fiel que, resistiendo frente a frente
a los falsos testigos, veía la gloria de Jesús,
sentado a la derecha del Padre.

Apresuráte pronto a socorrernos,
oh, mártir glorioso y suplica con tus ruegos,
que se abra para nosotros el Palacio del Cielo.

Purificado en el arroyo de tu sangre,
ahora brillas en lo alto como una estrella
no quieras olvidarte de nosotros
y alcanzanos gozar contigo de la gloria.

Y que nos conceda, benévolo, esta gracia,
el Niño, nacido de la Virgen,
que reina con el Padre y el Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

Laudes: Christus est

Cristo es la Vida que vino al mundo,
cuyas Llagas hacen retroceder a la muerte, y,
tras volver a la diestra del Padre,
reina desde su Trono supremo.

Tras Él, el diácono Esteban fue el primero,
a quien el Espíritu Santo, en su bondad,
quiso ennoblecer con el título del martirio.

Cae lapidado por una nube de piedras
y sufre una muerte despiadada
a manos de sus enemigos,
para quienes implora, compasivo, el perdón.

Oh, Esteban, protomártir glorioso
y ciudadano entre los Santos, que gozas de la herencia
de la Luz, te pedimos entre lágrimas,
que nos consigas los auxilios del Cielo.

Unidos al coro de los Mártires,
alcemos nuestras voces alabando
la gloria de la Trinidad beatísima,
que destinó a Esteban para que ciñera
la primera corona del combate. Amén.

26 de diciembre de 2018, fiesta de san Esteban, diácono y protomártir

Sufrimiento

Conmovido por tantos sufrimientos, Cristo no sólo se deja tocar por los enfermos, sino que hace suyas sus miserias: “El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades” (Mt 8,17; cf Is 53,4). No curó a todos los enfermos. Sus curaciones eran signos de la venida del Reino de Dios. Anunciaban una curación más radical: la victoria sobre el pecado y la muerte por su Pascua. En la Cruz, Cristo tomó sobre sí todo el peso del mal (cf Is 53,4-6) y quitó el “pecado del mundo” (Jn 1,29), del que la enfermedad no es sino una consecuencia. Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con Él y nos une a su pasión redentora

Oración

Esteban, siervo de Dios, a quien apedreaban los judíos, vio los cielos abiertos, y al punto entró en ellos; Dichoso mortal, para quien los cielos se abrieron

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Bendito el que viene en nombre del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mt 10, 17-22.

No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán.
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará».

Palabra del Señor