Día: 2 febrero, 2019

In nomine totius Ecclesiae

El sacerdocio ministerial no tiene solamente por tarea representar a Cristo –Cabeza de la Iglesia– ante la asamblea de los fieles, actúa también en nombre de toda la Iglesia cuando presenta a Dios la oración de la Iglesia (cf SC 33) y sobre todo cuando ofrece el Sacrificio Eucarístico (cf LG 10).

Oración

Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

Evangelio

Aleluya, aleluya
Tu presentación, me da tranquilidad, déjame ahora que me vaya en paz

Evangelio según San Juan 2, 22- 40

2:22 Cuando se cumplieron los días en que debían purificarse, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor,
2:23 como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor
2:24 y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones*, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
2:25 Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era un hombre justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo.
2:26 El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor.
2:27 Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él,
2:28 le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
2:29 «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz;
2:30 porque han visto mis ojos tu salvación,
2:31 la que has preparado a la vista de todos los pueblos,
2:32 luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel.»
2:33 Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él.
2:34 Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción
2:35 ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»
2:36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada. Casada en su juventud, había vivido siete años con su marido,
2:37 y luego quedó viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones.
2:38 Presentándose en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
2:39 Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
2:40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

Palabra del Señor