San Lucas 11:33-36 «Nadie enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor. Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado; pero cuando está malo, también tu cuerpo está a oscuras. Mira, pues, que la luz que hay en ti no sea oscuridad. Si, pues, tu cuerpo está enteramente iluminado, sin parte alguna oscura, estará tan enteramente luminoso, como cuando la lámpara te ilumina con su fulgor.»
En la Biblia frecuentemente se ve el castigo temporal como un medio medicinal para purificar al pecador o invitarle a conversión. La Iglesia misma en su disciplina de la excomunión castigaba con carácter misericordioso y medicinal excluyendo de la comunión eclesial a aquellos cuyas faltas lo ameritaban para que se convirtieran. Un ejemplo lo vemos en la primera epístola a los corintios donde San Pablo castiga con la excomunión a uno de los miembros de la Iglesia que vivía en adulterio: «Sólo se oye hablar de inmoralidad entre vosotros, y una inmoralidad tal, que no se da ni entre los gentiles, hasta el punto de que uno de vosotros vive con la mujer de su padre.. Pues bien, yo por mi parte corporalmente ausente, pero presente en espíritu, he juzgado ya, como si me hallara presente, al que así obró: que en nombre del Señor Jesús, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de Jesús Señor nuestro, sea entregado ese individuo a Satanás para destrucción de la carne, a de fin que el espiritu se salve en el Dia del Senor.» (1 Corintios 5,2- 5), sin embargo en su siguiente carta San Pablo explica que el castigo buscaba su conversión e invita a perdonarle: «Bastante es para ese tal el castigo infligido por la comunidad, por lo que es mejor, por el contrario, que le perdonéis y le animéis no sea que se vea ése hundido en una excesiva tristeza.» (2 Corintios 2,6- 7). Otro ejemplo lo encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica en donde se distingue entre el castigo de los condenados del castigo temporal que reciben las almas del purgatorio: «La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados.» (CEC 1031)
En el Antiguo Testamento abundan los ejemplos de castigos de parte de Dios que tienen tanto carácter medicinal así como la finalidad de impartir la justa retribución por parte de Dios por el pecado. Entre ellos podemos mencionar la destrucción de Sodoma y Gomorra, el Diluvio, la amenaza de la destrucción de Nínive, las plagas de Egipto, el castigo de David por su adulterio y asesinato de Urias el Hitita, etc.
El Nuevo Testamento no es la excepción. San Pablo por ejemplo, habla de cómo aquellos que recibían indignamente la Eucaristía eran castigados con enfermedades e incluso con la muerte: «Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos.» (1 Corintios 11,29- 30) Se menciona también el castigo de Herodes por no haber reconocido la gloria de Dios quedando enfermo hasta morir: «El día convenido, Herodes, vestido con las vestiduras reales y sentado en su estrado, los arengaba, mientras el pueblo aclamaba: įVoz de dios, no de hombre! De improviso lo hirió el ángel del Señor, por no haber reconocido la gloria de Dios, y murió comido de gusanos.»( Hechos 12,21-23) También está el castigo de Ananías y Safira por haber mentido al Espíritu Santo: «Un hombre llamado Ananías, de acuerdo con su mujer Safira, vendió una propiedad, y se quedó con una parte del precio, sabiéndolo también su mujer; la otra parte la trajo y la puso a los pies de los apóstoles. Pedro le dijo: <Ananías, ¿cómo es que Satanás llenó tu corazón para mentir al Espíritu Santo, y quedarte con parte del precio del campo? ¿Es que mientras lo tenías no era tuyo, y una vez vendido no podías disponer del precio? Por qué determinaste en tu corazón hacer esto? Nos has mentido a los hombres, sino a Dios.> Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y un gran temor se apoderó de cuantos lo oyeron. Se levantaron los jóvenes, le amortajaron y le llevaron a enterrar. Unas tres horas más tarde entró su mujer que ignoraba lo que había pasado. Pedro le preguntó: <Dime, ¿habéis vendido en tanto el campo?> Ella respondió: <Si, en eso.> Y Pedro le replicó: <Cómo os habéis puesto de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, aquí a la puerta están los pies de los que han enterrado a tu marido; ellos te llevarán a ti.> Al instante ella cayó a sus pies y expiró. Entrando los jóvenes, la hallaron muerta, y la llevaron a enterrar junto a su marido.» (Hechos 5,1- 10) Y así como estos hay más casos, como el enmudecimiento de Zacarías por su incredulidad al anunciarle el nacimiento de Juan Bautista (Lucas 1,20), etc.
Es tan absurdo negar el castigo de Dios, que implica contradecir los propios mandamientos divinos, pues en ellos Dios menciona la clara posibilidad de castigar a quienes los desobedece: «No pronunciarás en vano el nombre del Seňor, tu Dios, porque Él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano» (Éxodo 20,7) Por eso insisto antes de continuar, que debe quedar claro que el castigo temporal no excluye sino que comprende la corrección, tal como queda claro en la Escritura:
«Castigando la culpa educas al hombre, y roes como polilla sus tesoros. El hombre no es más que un soplo.» (Salmo 39,12) «Así como usa de misericordia, así también castiga; él juzga al hombre según sus obras.» (Eclesiástico 47,13) «El castigo y la reprensión acarrean sabiduría; pero el muchacho abandonado a sus antojos, es la confusión de su madre.» (Proverbios 29,1 5) «Porque el Señor castiga a los que ama, y en los cuales tiene puesto su afecto, como lo tiene un padre en sus hijos.» (Proverbios 3,12) «Si bien cuando lo somos, el Señor nos castiga como a hijos con el fin de que no seamos condenados junto con este mundo.» (1 Corintios 11,32) «Sino que os habéis olvidado ya de las palabras de consuelo, que os dirige Dios como a hijos, diciendo en la Escritura. Hijo mío, no desprecies la corrección o castigo del Señor, ni caigas de ánimo cuando te reprende.» (Hebreos 12,4) «Porque el Señor al que ama, le castiga; y a cualquiera que recibe por hijo suyo, le azota y le prueba con adversidades.» (Hebreos 12,5) Además, este castigo que Dios impone al pecador no es tan sólo un medio correctivo o intimidatorio, sino que también persigue la expiación de la ofensa inferida a Dios y la restauración del orden moral perturbado por el pecado
El castigo que Dios impone al pecador no es tan sólo un medio correctivo o intimidatorio, como enseñaron B. Stattler (1797) y J. Hermes (1831), sino que ante todo persigue la expiación de la ofensa inferida a Dios y la restauración del orden moral perturbado por el pecado: Deuteronomio 32,41: <Yo retribuiré con mi venganza a mis enemigos, y daré su merecido a los que me aborrecen>; Romanos 12, 19: <Escrito está: «A mí la venganza, yo haré justicia, dice el Señor»>. La pena del infierno, por su duración eterna, sólo puede tener carácter vindicativo para los condenados (Mt 25, 41 y 46). Por otra parte, no hay que exagerar de tal forma el carácter vindicativo de los castigos divinos, como si Dios se viera obligado por su justicia a no perdonar el pecado hasta exigir una satisfacción completa, como enseñaron, siguiendo el ejemplo de San Anselmo de Cantorbery (1109), H Tournely (1729) y Fr. X. Dieringer (1876) Como Dios, por ser soberano y señor universal, no tiene que dar cuenta a ningún poder superior, tiene derecho a ser clemente, y esto significa que es libre para perdonar a los pecadores arrepentidos sin que ellos ofrezcan una satisfacción congrua o sin satisfacción alguna.
Bajo el pretexto que el hombre debe adherirse libremente a la libertad religiosa, el Vaticano lI quiere sustraerlo a toda coacción en esta materia. Dignitatis humanæ afirma: La verdad no se impone mas que por la fuerza de la verdad por ella misma que penetra el espíritu humano con dulzura más que por la fuerza. Y más allá: Todos los hombres [..] están presionados, por misma misma naturaleza,, y y por obligación moral, a buscar la verdad, sobre todo la que concieme a la religión.
Deben también adherirse a la verdad desde que la conocen y a ordenar su vida de acuerdo a las exigencias de esta verdad. Esta obligación los hombres no pueden satisfacerla de una manera conforme a su propia naturaleza, si no gozan de la libertad psicológica, de la inmunidad a toda coacción exterior […] La verdad debe buscarse según la manera propia de la persona humana y de su naturaleza social, a saber por una libre búsqueda, por medio de la enseñanza o de la educación, del intercambio y del diálogo por los cuales unos exponen a otros la verdad que han encontrado, a fin de ayudarse mutuamente en la búsqueda de la verdad. [DH 2 y 3]
CATECISMO CATOLICO DE LA CRISIS EN LA IGLESIA Por el Padre Matthias Gaudron
El Estado moderno también ha monopolizado la educación. Así, ha procurado barrer con toda instancia educativa que no se someta a su más estricto control. Incluso las escuelas y universidades privadas, en las que muchos suponen que hallarán libertad, se deben en última instancia al cumplimiento de requisitos curriculares y burocráticos. De ahí que esos ambientes resulten, por lo general, igualmente asfixiantes. La más perniciosa de todas estas instituciones educativas para el Estado ha sido la familia, a la que hoy todos los gobiernos progresistas la combaten sin descanso,
La última excusa para estas embestidas ha sido de índole sexual (y no podía ser de otra manera) En el nombre de los <d3rech0s s3xvales> y de la <3ducªción s3xval>, que es algo que se supone a priori, que los padres de familia no pueden otorgar, los hijos han sido estatizados. Con lenguaje encantador, al niño estatizado se le llama <sujeto de derecho> y, en el nombre de los <derechos> (tampoco podía ser de otra manera), la casta política da rienda suelta al adoctrinamiento más deleznable contra los hijos de los demás
En el Faro Estudiantil, Periódico del colegio de san José de los infantes.
MISA RETIRO…POR LA PAZ DEL MUNDO ENTERO Y BIENESTAR DE LA PATRIA, EFECTUADA POR LOS ALUMNOS DE ESTA HISTORICA CONDECORADA Y BICENTENARIA CASA DE ESTUDIOS
El colegio de San José de los Infantes se FUNDA en 1781. Esto sucede cuando San Juan Bosco(fundador Salesianos) Y San Marcelino Champagnat (fundador Maristas) NO NACIAN AUN.
San Lucas 12:35-40 «Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos! Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. Estad también vosotros preparados, porque cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre.»
Evangelio según san Mateo, 8: 10- 13 Cuando esto oyó Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: «En verdad os digo, no he hallado una fe tan grande en Israel. Os digo, pues, que vendrán muchos de Oriente y de Occidente, y se recostarán con Abraham, e Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Mas los hijos del reino serán echados en las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el crujir de dientes». Y dijo Jesús al Centurión: «Ve, y como creíste, así te sea hecho»: y fue sano el siervo en aquella hora. (vv. 10- 13)
Jairo, príncipe de Israel, pidiendo por su hija, no dijo: «Di con tu palabra», sino: «Ven inmediatamente» ( Mc 5,23 ) Nicodemo, oyendo hablar del misterio de la fe, dice: «: Cómo puede ser esto?» (Jn 3,9 ). María y Marta dicen: «Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no hubiese muerto» (Jn 11,32 ). Como dudando de que el poder de Dios pudiese estar presente en todas partes
San Lucas 19:1-10 Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»