Evangelio

San Lucas 21:25-33
«Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de la gente, trastornada por el estruendo del mar y de las olas. Los hombres se quedarán sin aliento por el terror y la ansiedad ante las cosas que se abatirán sobre el mundo, porque las fuerzas de los cielos se tambalearán. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.» Les añadió una parábola: «Mirad la higuera y todos los demás árboles Cuando veis que echan brotes, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que el Reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Palabra del Señor

Te necesitamos Señor



Evangelio según san Mateo, 6: 9- 9 Vosotros, pues, así habéis
de orar: Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu
nombre».(v.9)

También pedimos todos los días que sea santificado. Necesitamos de la santificación
continuamente, porque los que pecamos todos los días, debemos purificar nuestros pecados por medio de una santificación continua

San Cipriano, de oratione Domini

Oración

He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo, dice el Señor

Evangelio

San Lucas 21:25-33
«Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de la gente, trastornada por el estruendo del mar y de las olas. Los hombres se quedarán sin aliento por el terror y la ansiedad ante las cosas que se abatirán sobre el mundo, porque las fuerzas de los cielos se tambalearán. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.» Les añadió una parábola: «Mirad la higuera y todos los demás árboles Cuando veis que echan brotes, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que el Reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Palabra del Señor

Que estás en el cielo



Evangelio según san Mateo, 6: 9- 9 Vosotros, pues, así habéis de orar: Padre nuestro que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre». (v. 9)

Se dice también, que está en los cielos, esto es, entre los santos y entre los justos, porque
Dios no se contiene en el espacio limitado.Se entienden por cielos las partes más excelentes de la naturaleza visible, y si creyéramos que D ios los habita, diríamos que las aves morarían más cerca de El que los hombres y tendrían más mérito. No
está escrito: Dios está cerca de los hombres más elevados o de aquellos que habitan en la cumbre de los montes, sino de los contritos de corazón ( Sal 33,19 ). Mas así como el pecador se llama tierra, a quien se le ha dicho: «Eres tierra e irás a la tierra» así, por el contrario, se puede llamar cielo al justo ( Gén 3,19 ). Con toda propiedad se dice: «Que estás en los cielos», esto es, que estás con los santos. Porque tanta distancia hay, espiritualmente hablando, entre los justos y los pecadores, cuanta hay corporalmente entre el cielo y la tierra. Para significar esto, cuando oramos nos volvemos hacia el oriente, de donde parece que empieza el cielo. No como si Dios estuviese allí, abandonando
las demás partes del mundo, sino para que el alma se incline a tomar afecto a una naturaleza más elevada (esto es, a Dios), mientras el cuerpo del hombre (que es de tierra) se convierte en un cuerpo más excelente (esto es, en un cuerpo celestial). Es muy conveniente que cada uno sienta a Dios con sus facultades, ya de niños, ya de adultos, y por lo tanto, a los que todavía no puedan comprender las cosas incorpóreas, puede tolerarse la opinión de que Dios está más bien en los cielos que en la tierra

San Agustín, de sermone Domini, 2, 5

Oración

Te suplicamos socorras a tus siervos, a quienes con tu sangre preciosa redimiste

Evolución

San Mateo 19:27-29
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?» Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna.

Palabra del Señor

Religiosos y misioneros



Entre estos predilectos, Tú en calidad de rey de las virtudes de Jesucristo, el Predilecto, tendrás tus complacencias, puesto que ellos en todas las Misiones no tendrán más finalidad que darte toda la gloria de los despojos que arrebatarán a sus enemigos.

Por su abandono a la Providencia y su devoción a María, tendrás las alas plateadas de la paloma, es decir la pureza de la doctrina y de las costumbres. Y su espalda, dorada, es decir una perfecta caridad con el prójimo para soportar sus defectos, y un gran amor a Jesucristo para llevar su cruz

Lc 21,15.

¿Hermana o madre tierra?



«El hombre parece, a veces, no percibir otros significados de su ambiente natural, sino solamente aquellos que sirven a los fines de su uso inmediato y consumo. En cambio era voluntad del Creador que el hombre se pusiera en contacto con la naturaleza como
como <explotador ,dueño y custodio> inteligente y noble, y no destructor> sin ningún reparo». «El progreso de la ciencia y el desarrollo de la civilización de nuestro tiempo, que está marcado por el dominio de la técnica, exige un desarrollo proporcionado de la moral y de la ética. Este último parece, por desgracia haberse quedado atrás»

Juan Pablo Il, Eni. Redemptor hominis, 4-03.1979, n. 15.

Santificado sea tu nombre



Evangelio según san Mateo, 6: 9- 9 Vosotros, pues, así habéis de orar: Padre nuestro que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre. (V. 9)

Ya se ha dicho quién es Aquel a quien se pide y dónde habita. Ahora vamos a ver las cosas
que deben pedirse. Lo primero que se pide es esto: «Santificado sea el tu nombre». No se pide así porque el nombre de Dios no sea santo, sino para que sea tenido como santo por los hombres. Esto es, que así se dé Diosa conocer, que no se crea que haya otro más santo.

San Agustín, de sermone Domini, 2, 5