A menudo puede ser complicado para los laicos discernir cómo actuar. Nuestra época es un tiempo especial para el laicado, como el Concilio Vaticano II señaló. Los laicos están llamados para comenzar a catequizar y mostrar la belleza, grandeza y singularidad de la Eucaristía. Ciertamente, hombres y mujeres, laicos individuales, familias católicas e incluso grupos parroquiales pueden comenzar a recibir la Santa Comunión arrodillándose y en la boca. También pueden animar a sus sacerdotes a predicar las verdades de la Santa Eucaristía. Pero en última instancia, una verdadera renovación del culto Eucarístico tiene que proceder del clero y de la Santa Sede. El Papa es el defensor de Jesucristo y, en este caso, tiene que emplear su autoridad para defender clara y enérgicamente lo sagrado de la Santa Eucaristía, incluso a costa de alguna desventaja personal. El Papa tiene que decir: «Yo tengo que defender al Señor. No puedo permitir prácticas tan dudosas y peligrosas en la recepción de la Santa Comunión». Desafortunadamente, Roma permite la Comunión en la mano, la Comunión con el cáliz, y los llamados ministros extraordinarios. Desde Roma, por lo tanto, debería de venir la corrección de estas costumbres litúrgicas perjudiciales. Fue la Santa Sede quien desencadenó la avalancha de una masiva trivialización, ultrajes y sacrilegios hacia nuestro Señor Eucarístico. Algún día la Historia lo dirá. Debemos acabar con la práctica de la Comunión en mano, y debemos arrodillarnos con todos los ángeles que estaban en pie alrededor del trono, y los ancianos y los cuatro seres vivientes que se postran sobre sus rostros delante del trono, y adoran a Dios (cf. Ap 7,11). Como dice San Pablo: «Al nombre de Jesús doble la rodilla todo cuanto hay en los cielos, en la tierra y en las regiones subterráneas» (Fil 2,10). Durante la Santa Comunión no es solamente el nombre de Jesús, sino Jesús mismo, quien está presente: ¡Dominus est! Estamos llamados a arrodillarnos. La Iglesia entera tiene que arrodillarse de nuevo ante Nuestro Señor Eucarístico, para amarle, para venerarle. Solo entonces su corazón estará sanado. Solo después de esta sanación tendrá la energía espiritual para glorificar a Dios, salvar almas, y de nuevo propagar vigorosamente el Evangelio.
Evangelio según san Mateo, 2: 1- 2 Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Judá en tiempo de Herodes el Rey, he aquí unos Magos vinieron del Oriente a Jerusalén diciendo: «¿ Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? porque vimos su estrella en el oriente, y venimos a adorarle». (vv. 1- 2)
Notad la exactitud de la profecía que no dice: «en Belén estará» sino «de Belén saldrá», manifestando así que allí solamente nacería. ¿Cómo han de referirse estas palabras a Zorobabel 1 según algunos creen? Su nacimiento no fue desde el principio de los siglos: no nació en Belén, sino en Babilonia, y no en la Judea. Otro nuevo testimonio nos dan las palabras: «No eres la menor, porque de ti saldrá», porque entre los judíos ninguno ha dado tanta celebridad a la aldea en que naciera, como Cristo, cuyo pesebre y cuya choza son continuamente visitados por peregrinos de todas partes del mundo después de su nacimiento. Y si el profeta no dijo: «De ti saldrá el hijo de Dios», sino: «De ti saldrá un soberano que regirá mi pueblo de Israel», fue porque convenía condescender al principio con los judíos a fin de que no se escandalizasen y predicar lo que era concerniente a la salvación del linaje humano para conducirlos mejor a este fin. Las palabras: «Que rija mi pueblo de Israel» tienen aquí un sentido figurado, porque Israel quiere decir todos aquellos judíos que creyeron. Si a todos no rigió Cristo, fue culpa de ellos. Si no dijo nada de los gentiles, fue para no escandalizar a los judíos. ¡Ved cuán admirable providencia! Los judíos y los magos se instruyen los unos a los otros. Los judíos oyen decir a los magos que una estrella ha anunciado a Cristo en oriente, y los magos oyen decir a los judíos que las antiguas profecías lo habían anunciado para que, apoyados en este doble testimonio, buscasen con fe más ardiente a aquél que habían anunciado la aparición de una nueva estrella y la autoridad de los profetas
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 7
Aleluya, aleluya, aleluya. Tu palabra, Señor, es verdad; santifícanos en la verdad. Aleluya, aleluya, aleluya. EVANGELIO Mc 9, 38-43.45.47-48.
El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te induce a pecar, córtatela.
✠ Lectura del santo evangelio según san Marcos.
EN aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros». Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la “gehenna”, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna”. Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga».
El que verdaderamente ama corre, vuela, y está alegre. Es libre y nada lo retiene. Lo da todo para conseguir todo, y todo lo obtiene del que es Todo. Porque su reposo y su fin están en el Bien Único y Supremo, de quien proceden todos los demás bienes.
El verdadero amor no se fija solamente en los dones que recibe, sino en el que le regala esos dones, el cual vale muchísimo más que los regalos que reparte
El verdadero amor no conoce límites y siente verdaderas llamaradas de fervor. No siente la carga de lo que tiene que aguantar ni hace caso a la fatiga; quisiera hacer aún más de lo que puede. No cree que sea imposible trabajar más, porque juzga que todo lo que debe hacer lo puede hacer. Por eso encuentra fuerzas para todo, y hace y lleva a cabo tantas cosas, mientras que el que no ama se desanima y deja de obrar
Evangelio según san Mateo, 2: 1- 2 Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Judá en tiempo de Herodes el Rey, he aquí unos Magos vinieron del Oriente a Jerusalén diciendo: «¿ Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? porque vimos su estrella en el oriente, y venimos a adorarle». (vv. 1- 2)
O bien: Aunque parezcas la más pequeña de entre las ciudades principales de la tierra, no lo eres en realidad porque de tu seno nacerá un soberano que regirá a mi pueblo Israel. Este soberano es Cristo que rige y gobierna al pueblo fiel
Parece irónico que la “Alta Iglesia” protestante tenga un mayor respeto durante el culto de la Comunión, que para ellos es solo simbólico, mientras que nosotros los católicos que tenemos la Presencia Real de Jesucristo en la Santa Eucaristía, socavemos lo que creemos por nuestra manera de recibirlo. La manera de recibir la Santa Comunión que ha sido probada durante siglos de ser la manera más segura y sagrada de recibir a Nuestro Señor es arrodillándonos y en la boca. Una vez hablé con un clérigo noruego luterano y le pregunté cómo recibían los luteranos la Comunión en Noruega. Me contestó: «Hasta hace quince años la gente recibía la Comunión arrodillada y en la boca. Pero ahora la reciben de pie, y en la mano». Le pregunté la razón del cambio, y me respondió: «Hemos cambiado por la influencia de nuestros hermanos católicos». Durante una reunión interreligiosa en Kazajstán, en donde participé, hablamos sobre los mayores objetos sagrados de cada religión. Un imán dijo que, para los musulmanes, lo más sagrado es el libro del Corán en el idioma arábigo, y puntualizó que sería un sacrilegio si alguien se atreviera a tocarlo con las manos sin lavar. Escuchando esta afirmación, de repente pensé en las escenas de la recepción de la Santa Comunión en la mano, careciendo de casi cualquier signo sacro claro y seguramente sin las manos lavadas inmediatamente antes. Estas escenas ocurren en la inmensa mayoría de Iglesias católicas alrededor del mundo. Entonces me imaginé la hipotética escena. Si algún día este imán visitara una Iglesia católica, y viera que la Santa Comunión se distribuía en las manos de los fieles que se acercan al altar en una cola rápida, se preguntaría: «¿ Qué es ese pequeño trozo blanco de pan?». El católico le respondería: «Es Cristo». El musulmán diría: «Esto seguramente solo será un signo o un símbolo de Cristo». El católico le contestaría: «No, no es un símbolo u objeto sagrado. El Señor Jesucristo está realmente presente ahí». El musulmán continuaría diciendo: «Eso no puede ser. Cristo solo puede estar espiritual o simbólicamente presente». El católico contestaría: «No, Cristo está real, verdaderamente presente en la sustancia de su Cuerpo, Sangre, Alma, y Divinidad». El musulmán contestaría: «Entonces este pequeño trozo de pan debe ser, de acuerdo con tu fe, tu Dios y el Santo de los Santos para ti». El católico contestaría: «Sí, lo que parece un pequeño trozo de pan es en realidad nuestro Dios vivo personalmente en Su Cuerpo humano y Sangre, y no un objeto como vuestro Corán». Finalmente, el musulmán concluiría: «El hecho de que tú trates a tu Dios y al Santo de los Santo de esa manera banal me dice que no crees que Él está realmente presente aquí. No soy capaz de estar de acuerdo contigo en que realmente te creas lo que estás diciendo».