AI y el mañana

Si bien la inteligencia artificial es una herramienta valiosísima para una gran cantidad de aplicaciones, también se puede convertir en una herramienta de dominación y modificación de la
conducta, sobre todo cuando se subordina al ser humano a la arquitectura global de vigilancia y rediseño del modo de vida. <La IA se irá acercando progresivamente hasta que no podamos vivir sin ella. Todos los dispositivos serán inteligentes. La IA nos entretendrá, nos dirá qué comer y tal vez incluso qué hacer>. Parece una escena de un libro de ciencia ficción, cuando en realidad es la visión futurista de Catriona Campbell sobre la inteligencia artificial para el año 2030. El mundo construido a imagen y semejanza de la IA será planificado matemáticamente hasta el mínimo detalle y, curiosamente, en él parece no haber lugar para la libertad. Es la misma visión que plantea Yuval Harari en Homo Deus, la de un mundo donde el ser humano entregue su libertad a los algoritmos para que estos actuen cada vez que tengamos que tomar una decisión.

Yuval N. Harari, Homo Deus: A Brief History of
Tomorrow (Toronto: Signal, 2017), p. 393 [en español, Homo Deus: breve historia del mañana (Barcelona: Debate, 2017)].

Campbell, AI by Design, p. 107

Se siguió una gran calma



Evangelio según san Mateo, 8: 23- 27 Y entrando en una barca, le siguieron sus discípulos. Y sobrevino luego un grande alboroto en la mar, de modo que las olas cubrían la barca. Mas El dormía. Y se llegaron a El sus discípulos y le despertaron, diciéndole: «Señor, sálvanos, que perecemos». Y Jesús les dice: «: Qué teméis, hombres de poca fe?» Y levantándose al punto, mandó a los vientos y a la mar, y se siguió una grande calma. Y los hombres se maravillaron, y decían: «¿Quién es Este, a quien los vientos y la mar obedecen?» (vv. 23-27)

Mas si alguno dijese que no fue señal de poca fe
el aproximarse a despertar a Jesús, habrá de admitir que esto fue señal de que todavía no tenían formada de El una opinión decorosa, porque habían conocido que podía increpar a la mar estando despierto,y aun no habían conocido que podía hacer lo mismo estando dormido. No hace este milagro en presencia de la muchedumbre, para que no sean acusados de
poca fe. Pero, hallándose solo con ellos, los reprende ante todo, y calma la turbación de las aguas, como sigue: «Entonces, levantándose, mandó a los vientos y a la mar, y se siguió una grande calma»

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 28,1

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¿Papa estado?= Patriarcado¿Estado niñera? = Mejor

Alexis de Tocqueville, en un pasaje célebre de La
democracia en América, trata de imaginarse la forma que tomará el poder despótico en el mundo venidero Para ello, primero debe reparar en el tipo de hombre que habrá de ser gobernado. Sus palabras, que son de 1835, constituyen una anticipación muy precisa de nuestra sociedad actual:

Si quiero imaginar bajo qué rasgos nuevos podría
producirse el despotismo en el mundo, veo una
multitud innumerable de hombres semejantes e
iguales que giran sin descanso sobre sí mismos
para procurarse pequeños y vulgares placeres con
los que llenan su alma. Cada uno de ellos, retirado
aparte, es extraño al destino de todos los demás.
Sus hijos y sus amigos particulares forman para
él toda la especie humana. En cuanto al resto de
sus conciudadanos, están a su lado pero no los ve;
los toca pero no los siente, no existe más que en sí mismo y para sí mismo, y si todavía le queda una familia, se puede al menos decir que no tiene patria

En estas palabras, el idios griego es pintado de cuerpo entero. Ensimismado, se sustrae de todo lo que no corresponda a su diminuto círculo. Nuestro idios, que además de patria tampoco tiene ya familia, está más miniaturizado de lo que
pronosticaba Tocqueville. El diminuto círculo se
reduce cada vez más. Cuando el idios se convierte
en el sujeto promedio de la sociedad (tal como
anticipa el pronóstico tocquevillano), tenemos
la forma- masa que describía Ortega y Gasset. Lo
amorfo de la masa es producto de la atomización
seguida por la recomposición de las partículas en
productos siempre maleables. Así, Tocqueville nos
habla a su manera del idiota. Pero, otra vez, su
asunto es determinar de qué manera este sujeto
será gobernado en lo venidero. Y así continúa: Por
encima de ellos se alza un poder inmenso y tutelar que se encarga por sí solo de asegurar sus goces y de vigilar su suerte. Es absoluto, minucioso, regular, previsor y benigno. Se parecería al poder paterno si, como él, tuviese por objeto preparar a los hombres para la edad viril, pero, al contrario, no intenta más que fijarlos irrevocablemente en la infancia. Quiere que los ciudadanos gocen con tal de que solo piensen en gozar. Trabaja con gusto para su felicidad, pero quiere ser su único agente y solo árbitro; se ocupa de su seguridad, prevé y asegura sus necesidades, facilita sus placeres, dirige sus principales asuntos gobierna su industria, regula sus sucesiones, divide sus herencias, ¿no puede quitarles por entero la dificultad de pensar y la pena de vivir? La astucia del <inmenso poder> que Tocqueville ve alzarse consiste, pues, en infantilizar a sus súbditos.
Esto constituye el exacto reverso de las esperanzas de los ilustrados, que especulaban con que el poder educara para la autonomía. Si la Ilustración era siguiendo a Kant, el esfuerzo por medio del cual el hombre se hace <mayor de edad>, el despotismo (x administrativo>) que pronostica Tocqueville basará su poder en desbaratar esos esfuerzos. Así, el súbdito debe ser mantenido en un estado permanente de
minoría de edad. Por eso, la forma de este poder se le presenta a Tocqueville como distinta de la figura del padre. Este último tiene por objeto <preparar a los hombres para mayoría de edad pero a la nueva forma de despotismo político le resulta conveniente detener para siempre al individuo en instancias infantiles de su desarrollo. Para esto, el poder debe ser más amable que disciplinador: más que ordenar, el poder debe hacer gozar. Esta es la única manera de lograr
que el ciudadano desee su propia infantilización y no quiera salir de ella jamás. Por eso, la figura del padre resulta inadecuada como metáfora, puesto que su disciplina y su orden tienen fecha de vencimiento a la vuelta de la esquina, y en torno a ella gira la eficacia de su función. La índole de la paternidad descansa en la consecución de la mayoría de edad de los hijos. La del nuevo despotismo descansa, según Tocqueville, exactamente en lo contrario. La libertad, de autonomía, pasa a ser, cuando mucho, kespontaneidad>. La mayoría de edad se vuelve un estorbo para el goce, puesto que implica reglas y responsabilidades. A diferencia del niño que cumple las reglas de su padre, y a diferencia del padre entendido como mayor de edad que se da reglas a sí mismo, el adolescente se quiere por fuera de toda regla: <No soy libre cuando me doy libremente una regla de conducta, sino cuando me desembarazo de toda regla>. El Estado convertido en niñera, reglando y tutelando hasta el final la vida del súbdito, dictaminando y repartiendo <derechos> al por mayor, lo hará de modo que este no pueda salirse de su estadio adolescente, creyendo el muy idiota que está <liberándose de las reglas>. cuando no deja de hipotecar su vida a una maquinaria que no ha dejado de crecer desde su advenimiento con el mundo moderno.

Desembarazado de las reglas de la moral, de las normas de la costumbre, de las exigencias de sus lazos sociales y de su mismísima razón, el idiota <liberado> no tendrá ninguna opción frente a un Estado que continúa monopolizando la fuerza, que continúa sacándole el fruto de su trabajo que lo desarma, lo adoctrina, lo embrutece, al mismo tiempo que lo acaricia, lo consuela, lo incluye y procura proveerle todos sus goces

Alexis de Tocqueville, La democracia en América (Madrid, Trotta: 2018), pp. 1151-1152

*Tocqueville no se ahorra adjetivos para calificarlo en este sentido: <pusilánimes>, <lánguidos>, <imbéciles> (La democracia en América, pp. 1160 y 1172)

Régis Debray, El Estado seductor. Las revoluciones mediológicas del poder (Buenos Aires: Manantial, 1995), p. 103

Oración

Oh Divino Jesús que dijiste: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama se le abre». Mírame postrado a tus plantas suplicándote me concedas una audiencia. Tus palabras me infunden confianza, sobre todo ahora que necesito que me hagas un favor:

Evangelio

San Mateo 16:13-19
Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»

Palabra de Dios

Si Dios no castiga el sacrificio de Cristo en la cruz hubiese sido innecesario



Hemos visto que un atributo divino además de la misericordia es su justicia, y si la justicia divina no exigiese que el transgresor de la ley de Dios reciba un castigo por su pecado, no hubiese sido necesario el sacrificio de Cristo en el calvario. Nuestro Señor «ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus llagas hemos sido curados»(Isaías 53,5) precisamente porque aunque es misericordioso también es justo y el pecado del hombre requería una satisfacción.

Y es que es una idea dificil de entender bajo el pensamiento modernista, ya que si Dios es pura misericordia: por qué querría el sacrificio de su propio hijo como pago por nuestros pecados? ¿No hubiese podido perdonar basado exclusivamente en su misericordia?

El error del sacerdote Juan Masiá: , «sólo nuestra pequeñez, la tradición judía de la expiación y las disparatadas interpretaciones míticas -aún de buena fe- pudieron imputar a Dios semejante crimen [El sacrificio de Cristo en la cruz]. Ahora podemos verlo. Y debemos pregonarlo al Pueblo creyente arrepintiéndonos de los ignorantes disparates del pasado».

Error de Jairo del Agua, cuando sostenía que «el dolor de la cruz nunca fue querido ni proyectado por el Padre, fue (y es) la perversión humana la que inventó la injusticia y la tortura, que el Padre tuvo (y tiene) que soportar para no eliminar nuestra libertad asesina.»

el problema es que su forma de razonar contribuye objetivamente con la de ellos ya que es esencialmente la misma: que dado que la naturaleza de Dios es misericordiosa, que no puede querer en ningún modo el castigo, etc. no es posible que Él haya querido que su propio hijo fuese castigado por nuestros pecados, y por lo tanto a lo largo de la historia hemos entendido la muerte de Cristo de manera incorrecta los argumentos de los heterodoxos son irrefutables,
sí, irrefutables, pues si Dios no castiga, y por tanto
no entra en el designio de su voluntad castigar
al pecador, mucho menos iba a exigir o querer el
castigo de su propio hijo en nuestro lugar. Ya ven
como un error en esta materia, como es negar el
castigo divino y su carácter vindicativo, conduce por consecuencia a otros mucho más graves, aunque esa no sea su intención. Pero lo cierto es que si Dios no castiga, tampoco salva

¿Dios castiga?: Un debate entre hermanos católicos para comprender mejor nuestra fe. José Miguel Arráiz Roberti

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Sexo y trabajo, cadenas del hombre



La escasez hace necesario el trabajo; el trabajo no
es placer, sino represión; el capitalismo generó
abundancia, pero una mala distribución; esa mala
distribución hace todavía, por ende, necesario al
trabajo; si la abundancia fuera bien distribuida
(<de a cada quien según su capacidad, a cada quien según su necesidad>) y estuviera eficazmente apoyada por la automatización, el trabajo se tornaría prácticamente prescindible; sin necesidad de trabajar, enormes cantidades de energía libidinal que antes eran desviadas desde los instintos sexuales hacia el trabajo ahora pueden volver al campo de la sexualidad; luego, una revolución socialista y una revolución sexual aparecen como dos caras de un mismo movimiento histórico: una liberación respecto del trabajo (<el reino de la libertad>) una liberación respecto de la tiranía represiva del <principio de la realidad> son parte de lo mismo

Herbert Marcuse. Eros y civilización

Andrés Kim

Pase lo que pase, comportate de manera tal que Dios sea glorificado

SAN ANDRES KIM

Oración

Corazón sagrado de mi amado Jesús: yo, aunque vilísima criatura, os doy y consagro mi persona, vida y acciones, penas y padecimientos, deseando que ninguna parte de mi ser me sirva si no es para amaros, honraros y glorificaros

Evangelio

San Mateo 11:2-10
Juan, que en la cárcel había oído ha- blar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nue- va; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!» Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? Mirad, los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará tu camino por delante de ti.

Palabra de Dios