DE LA CORRUPCIÓN QUE HUBO EN LA REPÚBLICA ROMANA ANTES QUE CRISTO PROHIBIESE EL CULTO DE LOS DIOSES



Y ved aquí cómo la República romana (lo cual no soy yo el primero que lo digo, sino que sus cronistas, de quienes a costa de muchas tareas y molestias lo aprendimos, lo dijeron muchos años antes de la venida de Cristo) poco a poco se fue mudando, y de hermosa y virtuosa se convirtió en mala y disoluta. Ved aquí cómo antes de la gloriosa venida del Salvador, y después de la destrucción de Cartago, las costumbres de sus antepasados no paulatinamente como antes, sino como una rápida avenida de un arroyo, se entregaron y relajaron en tanto grado, que la juventud se corrompió con la superfluidad de las galas, deleites y codicia. Léannos algunos preceptos que hayan promulgado sus dioses contra el lujo, regalo y ambición del pueblo romano, a quien ojalá hubieran callado las cosas santas y modestas y no le hubieran pedido también las torpes y abominables, para acreditarlas mediante el oráculo de su falsa divinidad con más daño de sus adoradores. Lean los nuestros, así los Profetas como el santo Evangelio, los hechos apostólicos y las epístolas canónicas, y observarán en todos estos admirables escritos gran abundancia y copia de máximas saludables y de persuasiones convincentes, predicadas al pueblo mediante el influjo del espíritu divino, contra la avaricia y lujuria, no excitando el ruidoso estrépito y vocería que se oye a los filósofos desde su cátedras, sino tronando como desde unos oráculos y nubes de Dios, y, sin embargo, no imputan a sus dioses el haberse convertido la República antes de la venida de Cristo en disoluta y perversa, con los fuertes incentivos del deleite, del lujo, del regalo y con costumbres tan torpes como sanguinarias; antes bien, cualquiera aflicción que sufre en la presente situación su soberbia y molicie la atribuyen al influjo de la religión cristiana, cuyos preceptos sobre las costumbres sanas y virtuosas, si los oyesen y juntamente se aprovechasen de ellos los reyes de la tierra, los jóvenes y las doncellas y todas las naciones juntas, los príncipes y los jueces de la tierra, los ancianos y los mozos54, todos los de edad capaz de juicios, hombres y mujeres, y aquellos a quienes habla San Juan Bautista, los mismos publicanos y soldados55, no sólo ilustraría y adornaría la República con su felicidad las tierras de esta vida presente, sino que subiría a la cumbre de la vida eterna para reinar eternamente y con perpetua dicha; pero por cuanto uno lo oye y otro lo desprecia, y los más son aficionados más a la perniciosa condescendencia y atractivo de los vicios que al importante rigor y aspereza de las virtudes, se les notifica y manda a los siervos de Jesucristo que tengan paciencia y sufran, ya sean reyes, príncipes, ya jueces, soldados, de provincias, ricos, pobres, libres, esclavos, de cualquier condición que sean, hombres y mujeres, que toleren, digo (si así conviene), aun a la República más disoluta y perversa, y que con este sufrimiento granjearán y conseguirán un elevado y distinguido lugar en aquella santa y augusta Corte de los Ángeles y República celestial, cuyas leyes y ordenanzas son la misma voluntad de Dios

De civitate Dei. Agustín de Hipona 412- 426 DC

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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